(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 23, por Tomás Uribe Moreno
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 23 titulado «Dios lo hizo y rompió el molde».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 23 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 23 titulado «Dios lo hizo y rompió el molde», escrito por el empresario e hijo del presidente Uribe Tomás Uribe Moreno. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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DIOS LO HIZO Y ROMPIÓ EL MOLDE
Por: Tomás Uribe Moreno, Empresario e Hijo del presidente Uribe.
Álvaro Uribe es un ser muy particular. Personifica el dicho popular según el cual “Dios lo hizo y rompió el molde”. La característica que más admiro de él es su valentía. Ésta proviene de su integridad. Repite con frecuencia una frase que define la relación causal entre valentía e integridad: “Quien que no tiene rabo de paja se acerca a la candela”. Y sí que se ha acercado a la candela. A lo largo de su vida ha desafiado estructuras de poder que parecían infranqueables, desde el clientelismo del sistema político bipartidista de los 80 y 90, hasta los mayores carteles de narcotráfico que ha conocido el planeta Tierra.
Su infancia transcurrió en el campo, en el Suroeste antioqueño, una región cafetera de geografía escarpada que le impuso una necesaria austeridad e inescapable realismo. La belleza del paisaje cafetero y las épicas vistas de los picos andinos le impregnaron optimismo y alegría, incluso poesía.
Es lector de poesía en la madrugada. Recita sin titubear extensos poemas gracias a su prodigiosa memoria. Memoria que también le ha servido para recordar los nombres de miles de personas y así establecer una conexión individual con cada una al saludarla por su nombre y preguntarle por sus familiares y parientes por nombre propio.
Iba a la escuela pública a lomo de mula con su hermano Jaime. Además de los deberes académicos, era responsable de ayudar en los quehaceres agropecuarios; limpiar las pesebreras, recoger los caballos, alimentarlos, cepillarlos, entrenarlos. Estas responsabilidades tempranas forjaron su disciplina inquebrantable.
Mientras su papá le enseñaba la disciplina a través del trabajo, su mamá lo hacía a través del estudio y el deporte. Ha sido a lo largo de su vida un estudioso consumado y un deportista indefectible.
Lo hemos visto hacer ejercicio casi cada día de la vida. Bien sea trote, bicicleta o nado. A los 4 años me sacaba a trotar y fue quien me compró mi primera bicicleta. Recuerdo largos recorridos juntos en Córdoba y en Antioquia. En natación su rutina es la Olímpica de 1500 m, misma que nos inculcó a Jerónimo y a mí desde pequeños.
Se graduó de abogado de la Universidad de Antioquia y es orgulloso hijo de la universidad pública. Fue distinguido en varios semestres con matrícula de honor. Combinaba sus deberes académicos con el emprendimiento. Vendió quesitos y posteriormente fundó una cadena de restaurantes llamada “El Gran Banano”. Cuenta que un 31 de diciembre llegó a vender 100.000 arepas. Se acostaba a las 2 a.m. luego de cerrar los restaurantes y madrugaba para clase de 6 a.m.
En su paso por la universidad, además de combinar la excelencia académica con el emprendimiento, fue un líder estudiantil contra corriente. Eran los años setenta y la moda consistía en el activismo marxista. Las huelgas estudiantiles interrumpían los semestres académicos. Uribe lideró un grupo de estudiantes para reubicar la sede de cátedra de derecho y así evitar que las protestas interrumpieran la continuidad de las clases.
Los años en que lo acompañamos a Harvard y Oxford fueron determinantes para nuestra formación. En Harvard trasnochaba diariamente pegado a un computador Toshiba de la época. Se esforzaba por sacar excelentes calificaciones, las cuales nos compartía con entusiasmo. En Oxford lo inspiraba la leyenda según la cual Bill Clinton había leído 100 libros en el año que pasó por dicha universidad. Mantenía un ritmo de lectura intenso que no rebajaba de un libro por semana, a pesar de haber aprendido el inglés casi a los 40 años (él mismo se mofa de su acento en inglés y lo denomina “Paisa English”).
Su carrera política ha transcurrido contra la corriente, muy a pesar de la distorsionada narrativa que recientemente han edificado sus contradictores. Fue elegido al Senado en 1986 como disidente del oficialismo liberal y pregonando un discurso anticlientelista. Llegó a la Gobernación de Antioquia en 1995 como candidato independiente, derrotando tanto al oficialismo liberal como al conservador. Ganó la Presidencia como candidato independiente, nuevamente enfrentado al duopolio bipartidista. Ejerció tanto Presidencia como Gobernación defendiendo la necesidad de fortalecer a las Fuerzas Militares y la autoridad del Estado, cuando el discurso seductor y mayoritario era el de dialogar con el terrorismo.
Con las mujeres siempre ha sido un caballero. Le incomoda que se digan malas palabras, especialmente frente a ellas. Mi hermano tiene vivo en su memoria el recuerdo cuando a los 14 años le llamó la atención por bailar muy pegado con una amiga. De cada viaje siempre trae algún obsequio a mi mamá. Desde que mi hermano y yo nos casamos, también trae para nuestras esposas.
Es un amigo y compañero de batalla leal. Incluso cuando las lealtades son impopulares o “inconvenientes”. Recuerdo una entrevista radial en la que un periodista lo señaló de haber visitado a un recluso del “Proceso 8000”. Su respuesta fue contundente. Negó haber visitado a dicho recluso, retó al periodista a demostrar su señalamiento y remató afirmando que la única persona vinculada al 8000 que visitó fue al periodista y escritor Gustavo Álvarez Gardeazabal. Esto último no era necesario decirlo. Cualquier político convencional lo habría evitado. Pero su lealtad a la verdad se sobrepone a consideraciones estéticas o cálculos de conveniencia.
Poco o nada busca a sus parientes o amigos para celebrar, pero está presente en cada momento de dolor o enfermedad. Cuando un ser querido está enfermo, llama a diario a preguntar por su salud. Nos insta a nosotros a estar pendientes de los seres queridos cuando atraviesan momentos de dificultad.
Como abuelo es querendón y alcahueta. Por lo menos así lo describen sus nietos. Cuando le pregunté a mi hijo por qué usaba este último adjetivo, me respondió “Ah, porque nos compra muchos dulces y nos monta a caballo”. Es un paciente profesor de chalanería colombiana y sueña con que alguno de sus nietos alcance un campeonato en cualquiera de las modalidades de paso colombiano.
Es glotón, pero no propiamente de chocolates suizos o trufas belgas, sino de bocadillo de guayaba, dulce de tamarindo y galletas de mantequilla. Tiene un estómago a prueba de todo. Lo he visto tomarse un litro de leche y comerse un tarro de galletas de mantequilla en una sola sentada sin afectación alguna. Prefiere mil a uno un sancocho de gallina hecho en leña que el más galardonado plato en restaurante Michelin.
Preguntón insaciable. Cuenta que su abuela Celia le estimulaba esta curiosidad cuando era pequeño. Cuando vivimos en Oxford visitamos Stratford-upon-Avon, el pueblo donde nación Shakespeare. Durante todo el camino interrogó a mi mamá sobre Shakespeare. A punta de preguntas lograba descifrar la carga moral de cada una de las más importantes obras del dramaturgo. Asimiló el conocimiento con tanta profundidad que, cuando posteriormente se refería a Shakespeare, sorprendía a sus interlocutores por su tino. La combinación de su espíritu preguntón, su capacidad de estudio y su memoria le permiten dominar y sintetizar con claridad total los temas más complejos.
Transparente al punto que quienes lo conocen se abstienen de contarle información delicada porque saben que de inmediato la difundirá a cuatro vientos. Vive sometido a un principio al que nunca ha faltado: decir en público lo que se dice en privado. Cuenta que su papá repetía que “Álvaro no sabe decir mentiras”. En más de 22.000 interceptaciones que ilegalmente practicaron a su línea telefónica en pleno período electoral de 2018 no es posible encontrar una sola conversación que evoque suspicacia.
Es de esa transparencia casi ingenua que surge la confianza inquebrantable de mi madre en él. Confianza que ha sido el motor de su amor. Amor que ha sido el cimiento para resistir tantos momentos de adversidad extrema y unir más a la familia. Porque la valentía necesita de la integridad, pero también del amor. Mi papá ha contado con ambos y nosotros con la fortuna de su ejemplo.
Fin del capítulo.

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