(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 20, por Gr (r) Carlos Ospina Ovalle
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 20 titulado «Uribe y el control subjetivo».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 20 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 20 titulado «Uribe y el control subjetivo», escrito por el excomandante de las Fuerzas Militares de Colombia, General (r) Carlos Ospina Ovalle. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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URIBE Y EL CONTROL SUBJETIVO
General (r) Carlos Ospina Ovalle, Excomandante de las Fuerzas Militares de Colombia.
Para el 2002 la población colombiana estaba resignada a sufrir los abusos de los grupos armados ilegales que hacían uso de su poder, que ya tenía un sustento común en el narcotráfico, para cometer todo tipo de tropelías y crímenes. Por ejemplo solamente en el año 2000, 87 poblaciones en diferentes regiones de territorio nacional habían sido atacadas, tomadas (Defensa, 2006, p. 101) y en la mayoría de los casos sus autoridades habían tenido que huir de tal manera que dos años después muchos de ellos continuaban acéfalos de gobierno y administrados por juntas locales, en la mayor parte de las veces controladas por los propios agentes del desorden, que con sus armas intimidaban, ordenaban y controlaban todas la actividades de sus habitantes. Similar situación se presentaba en las carreteras nacionales.
El pánico imperaba pues los secuestros que los grupos criminales cometían iban en aumento. En 2002 solo en las carreteras fueron secuestradas 696 personas a través de los retenes ilegales folclóricamente llamados “pescas milagrosas” (en los bazares de las iglesias católicas con el fin de recaudar fondos para la parroquia dentro de un recipiente con agua se colocaban patos de plástico que debían ser “pescados” por los clientes. Algunos de ellos contenían premios y por ello se llamaban “pescas milagrosas”). Por supuesto que el número total de secuestros era todavía mayor llegando a totalizar 2.885 en el ámbito nacional, (Defensa, 2006, p. 15) algo realmente infame. Estas cifras son solamente una muestra de la inseguridad que reinaba a lo largo y ancho del país, pues los ataques terroristas, la extorsiones, el asesinato de miembros de la fuerza pública, las voladuras de oleoductos, los ataques contra la población civil y la siembra y el cultivo de coca totalizaban cifras más que escandalosas, grotescas. De tal magnitud sería el caos reinante que aun para 2005 cuando ya se habían presentado mejoras innegables en esta situación, Colombia era clasificada en el grupo “alerta” en el índice de países frágiles (anteriormente llamados Estados fallidos), lo que indicaba que pese a encontrarse en recuperación, los extremos alcanzados habían sido de una gravedad insospechada. Para el 2010 la calificación dentro del mencionado índice había mejorado notablemente y ahora el país se encontraba dentro del grupo de “prevención” aproximándose a “moderado” aunque sin alcanzarlo. Sin duda, la estrategia aplicada por el entonces presidente Uribe fue la causa de este cambio tan radical en la situación del país.
Aún los más recalcitrantes opositores políticos del expresidente lo han reconocido así, naturalmente deslegitimándolo desde otros puntos de vista eminentemente políticos, pero sin lograr desvirtuar los procesos estratégicos que fueron llevados a cabo y los innegables logros presentados. Los ataques contra los pueblos desaparecieron, los secuestros disminuyeron en un 80% así como los ataques contra oleoductos, la fuerza pública y otros de los indicadores mencionados. Sin duda esta estrategia estaba fundamentada en un centro de gravedad sólido que el presidente fue asentando durante el período de su administración. Este centro de gravedad fue la “legitimidad”, que alcanzó niveles nunca vistos con anterioridad. Al finalizar su período como presidente tenía una aprobación del 80%. Hasta ese momento, entre los ahora expresidentes quien mayor aprobación había obtenido era César Gaviria con un 57% y una desaprobación de 32%, en tanto la desaprobación de Uribe era de tan sólo el 17% (Colombiano, 2010, p.4). Otros como Ernesto Samper fueron totalmente impopulares con una aprobación de 32% y una desaprobación del 57%. Para el politólogo Ancizar Marroquín, “la acogida a la tarea del saliente mandatario se debe a cuatro factores fundamentales. El primero tiene que ver con el cambio de estilo al gobernar. Al país le hacía falta un gobernante que se acercara a la gente, que la escuchara, así no siempre le resolviera sus problemas, que mostrara que los ministros tenían jefe, que los regañara en los consejos comunales, eso gustaba. La gente sentía que había un jefe, pese a que en algunas ocasiones se le fuera la mano y asumiera actitudes autoritarias” (Colombiano, 2010, p. 4).
En términos estratégicos el grado de aprobación determina la consistencia del centro de gravedad (legitimidad) que a su vez permite pronosticar el resultado de una contienda de tal manera que entre más sólido el centro de gravedad, más posibilidades de victoria, como en efecto ocurrió con el caso de las Farc, que resignaron sus intenciones de “toma del poder a través de su plan estratégico y la campaña bolivariana por una nueva Colombia” y optaron por una más saludable, en especial para los jefes para la época ya refugiados en Venezuela, de conversación política con indudables ventajas de todo tipo. La actitud de Uribe, descrita por Marroquín fue el factor principal en la consolidación del centro de gravedad, muy similar a lo realizado por Ramón Magsaysay en las Filipinas en los años 50 durante la insurgencia de los Huk, en donde su liderazgo fue factor desequilibrante en el control de la situación.
La estrategia de Uribe estuvo basada en una aproximación caracterizada por el contacto con la población civil, la toma de decisiones estratégicas en momentos determinantes, la comunicación cercana con la Fuerza Pública y la supervisión de los efectos deseados en los diferentes niveles de la conducción. Algunos analistas como el citado Ancizar Marroquín hablan de determinado grado de autoritarismo, asunto que es exagerado por los contradictores políticos del expresidente, que inclusive llegan a utilizar términos como dictadura y similares. Desde el punto de vista estratégico, descartando el oportunismo del ambiente político y su lenguaje de conveniencia, la supervisión es indispensable para lograr por una parte la evaluación del efecto deseado con fines a una retroalimentación que potencie la propia estrategia, y por otra obra como un estímulo que anima a los ejecutores de los diferentes programas a redoblar esfuerzos. Muchos miembros de la Fuerza Pública entendieron la importancia de su trabajo cuando este era valorado por el propio Presidente de la República, algo que no era frecuente, pues por lo general los primeros mandatarios colombianos no se ocupan de estos detalles que consideran intrascendentes sin comprender su verdadera dimensión. Esta forma de actuar se denomina control subjetivo y en esencia fue la misma manera como Winston Churchill condujo su estrategia durante la Segunda Guerra Mundial. Otra característica fundamental fue la ética con que se promulgó la estrategia de Uribe. Puedo dar fe de que nunca observé o recibí órdenes, comentarios o insinuaciones inmorales, ilegales o ilegítimas por parte de Uribe Vélez como gobernador de Antioquia o presidente de Colombia, en desarrollo de las diferentes ocasiones en las cuales hubo necesidad de emitir políticas y órdenes a las agencias que se encontraban bajo su mando y control.
Uribe inició la implementación de su estrategia durante los años en la Gobernación de Antioquia, cuya situación de seguridad era quizás más caótica que en otras regiones de Colombia, enfocándose en tres ejes fundamentales: la seguridad de las carreteras, la protección de los pueblos y sus habitantes y la lucha contra el secuestro y la extorsión, todo ello dirigido a la normalización de la situación en el departamento. Los efectos alcanzados fueron estimulantes, y Antioquia tuvo un evidente progreso en su camino hacia una mejor calidad de vida, que no fue completo pues el período de gobierno era corto y aún no se terminaba de implementar el concepto estratégico.
Ya en la Presidencia, Uribe promulgó su Política de Seguridad Democrática con miras a cambiar la resignación de los colombianos ante la violencia y a acabar con las humillaciones a la que los diferentes grupos de bandidos los sometían. La estrategia ahora nacional tuvo también 3 ejes básicos: el avance social (campo social), la confianza inversionista (campo económico) y la seguridad. En los dos primeros hubo desarrollos que permitieron una época de progreso, basados en la implementación del tercero, la seguridad, que, a su vez, tuvo ejes tan importantes como la seguridad de la población civil; el desmantelamiento de las estructuras armadas de los diferentes grupos de bandidos; la neutralización de los soberbios jefes de los grupos armados, que, luego de la muerte en combate de algunos de ellos, iniciaron un apresurado éxodo hacia Venezuela, y el rescate de los secuestrados, esta última pese a la criminal orden del secretariado de “muertos antes que rescatados” bajo cuyo auspicio asesinaron a muchos colombianos cuyas familias aún esperan justicia.
La aplicación de la estrategia en su punto tres, logró no solo asegurar a la población civil, sino aumentar la productividad del país logrando un tope de 8% en el aumento del PIB, acabando con las tomas de bandidos a los pueblos y casi todas sus prácticas infames; se logró desmantelar las estructuras armadas en más de un 75%, disminuir el cultivo de coca en un 50%, rescatar a la mayoría de los secuestrados y dar de baja al secretariado, cuyos sucesores tomaron la sabia decisión de negociar.
Como conclusión, se puede decir que la estrategia de Uribe fue el mayor éxito logrado en Colombia en la lucha contra la inseguridad y el desorden y el país vivió una época de esperanza y progreso.
Fin del capítulo.

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