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(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 22, por Eduardo Ramírez Rozo

En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 22 titulado «Uribe es congruencia».

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Redacción IFM
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(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 22, por Eduardo Ramírez Rozo

IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 22 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.

Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.

En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 22 titulado «Uribe es congruencia», escrito por el Coronel (r) de la Policía Nacional de Colombia y exjefe de seguridad del Presidente Uribe Eduardo Ramírez Rozo. A continuación, se transcribe el texto mencionado:

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URIBE ES CONGRUENCIA

Por: Eduardo Ramírez Rozo, Coronel (r) Policía Nacional de Colombia y Exjefe de seguridad del presidente Uribe.

Conozco al señor presidente Álvaro Uribe desde el año 2001, y tuve la oportunidad de trabajar a su lado en su calidad de candidato, presidente y expresidente. Si tuviera que utilizar una

sola palabra para describirlo, ella sería CONGRUENCIA. Es una persona que actúa en total concordancia con sus pensamientos, con sus emociones, con su amor por Colombia. El mismo en lo público y en lo privado, en familia o en el trabajo. Por fortuna, en esta ocasión se me ha permitido usar más palabras para contarles sobre la gran experiencia que representó para mí conocerlo y aprender de él.

En mi condición de oficial superior de la Policía Nacional, tuve la responsabilidad de liderar su equipo de seguridad personal y de trabajar de la mano con diferentes miembros de la fuerza pública (Ejército, Policía, Armada y Fuerza Aérea). Todos y cada uno de nosotros, reconocimos en el señor presidente Uribe el liderazgo y compromiso para enfrentar desde la legalidad los grandes problemas de criminalidad, que por décadas han agobiado a Colombia, especialmente el narcotráfico y el terrorismo.

Para el año 2001, Colombia se encontraba viviendo una particular situación de violencia e inseguridad, producto del auge de los grupos de autodefensa y el control territorial que ejercían las Farc, todos todos ellos relacionados con el narcotráfico y otras economías ilegales, tales como el execrable negocio del secuestro y la extorsión. El país parecía avanzar decididamente hacia la inviabilidad.

Mis primeros acercamientos con el entonces Candidato se dieron en ese contexto, cuando por su ya delicada situación de seguridad personal, fui asignado para reforzar el esquema de protección en el departamento de Antioquia, donde yo estaba asignado. Avanzaba la campaña presidencial y vinieron los atentados con explosivos en la ciudad de Barranquilla del año 2002, año en el cual finalmente se dio su elección como presidente de Colombia y su posterior posesión en el mes de agosto, que también estuvo enmarcada en un atentado terrorista contra el Palacio de Nariño. Para ese entonces, yo ya era parte del equipo de seguridad asignado para proteger al presidente de los colombianos.

Trabajé a su lado durante doce años, acompañado por un excelente equipo de colaboradores de las Fuerzas Armadas de Colombia y de la Unidad Nacional de Protección. Hombres y mujeres que recibimos de nuestro comandante en jefe el mejor ejemplo. Un líder comprometido no sólo con la seguridad sino con todos los problemas que afectan a nuestro país. Lo vimos atender de primera mano las necesidades de los colombianos cada sábado durante los consejos comunales de gobierno, cada lunes desde los consejos de seguridad y cada día, cada noche, cada domingo, cada festivo, desde cualquier lugar de la patria.

En mi condición de oficial de la reserva activa de Colombia, la Política de Seguridad Democrática merece especial reconocimiento. El ya posesionado presidente de los colombianos, el Álvaro Uribe que yo conozco, realizó su primer acto de gobierno el día siguiente a su posesión, muy de madrugada, representado en un consejo de seguridad en la ciudad de Valledupar, la cual se encontraba para entonces totalmente sitiada, en una “cuarentena” obligatoria por la inseguridad. Allí se inició de facto la Política de Seguridad Democrática, oficializada posteriormente, la cual, explicada de manera sencilla, consistía en fomentar la participación y colaboración ciudadana en apoyo de las Fuerzas Armadas, para enfrentar la amenaza terrorista y los grupos armados ilegales que azotaban el país.

Para apoyar a nuestras Fuerzas Armadas, las armas que nosotros necesitamos como ciudadanos son el cariño, la confianza y el celular”. Álvaro UribeVélez.

A la postre, esta política pública de seguridad se convirtió en uno de los pilares de su gobierno, y representó los mayores resultados en el combate a la ilegalidad, con importantes y significativas reducciones en el número de homicidios, secuestros, y atentados terroristas, entre otros, pero fundamentalmente afectando el cultivo y la producción de drogas ilícitas, es decir, el narcotráfico. Todo esto contribuyendo al debilitamiento de las Farc y el Eln, factor fundamental para la retoma del control territorial por parte de la institucionalidad. Además, logró la desmovilización de cerca de 32.000 miembros de las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia, con la posterior judicialización y extradición de sus cabecillas, y la desmovilización de más de 20.000 miembros de las guerrillas colombianas.

Durante el tiempo que estuve en comisión en la Presidencia de la República pude conocer el liderazgo permanente del señor presidente y aquí quiero resaltar su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Entendí que la fuerza pública carece de iniciativa, concepto que, debo reconocer, me causó cierta molestia al escucharlo por primera vez. Con el tiempo entendí, que la iniciativa de la fuerza pública es la voluntad política del gobernante, y fue ahí donde más pude reconocer las verdaderas características de un buen líder, comprometido hasta la médula con las políticas públicas, en este caso la seguridad; compromiso demostrado a través de la exigencia, de la guía, del respeto a la justicia y los derechos humanos, pero principalmente desde el ejemplo.

Durante su paso por la Presidencia, el Álvaro Uribe que yo conozco revisaba todos los días a primera hora de la mañana los boletines de criminalidad y orden público, elaborados por las diferentes agencias. Uno a uno nos consultaba, preguntaba y exigía resultados. Se comunicaba personalmente con los comandantes de fuerza, con los comandantes de cada región, y hasta con el último soldado o policía de ser necesario. Si existían casos especiales, valga decir secuestros, retenes ilegales, o ataques terroristas, lo cual era un común denominador durante los primeros años de su gobierno, permanecía atento a las actualizaciones y resultados durante el día, hasta saber que la fuerza pública lograba resultados en el esclarecimiento de estos hechos.

Asumí un compromiso solemne: ser el primer soldado de la Patria”. Álvaro Uribe Vélez.

Así, poco a poco, tuve la fortuna de conocer y aprender de Colombia, de sus gentes, de su topografía, de sus ríos, de sus árboles y hasta de su comida. Viajar e interactuar con la comunidad de primera mano fue un privilegio que siempre agradeceré, especialmente por haberlo hecho al lado de un gran líder como el presidente Uribe, un hombre con la capacidad de tener a Colombia en la cabeza y con la firme intención de dejar como legado un país mejor para las generaciones venideras. Siempre le escuché decir que no se había elegido presidente solo para tener el honor o el título de expresidente por el resto de sus días. Lo hizo para devolverle a Colombia, y a los colombianos la seguridad, derecho fundamental para avanzar en la cohesión social y la confianza inversionista, necesarias para el desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Nosotros vemos en la confianza un medio de inversión, en la inversión una herramienta de crecimiento y en el crecimiento una posibilidad de superar pobreza y construir equidad”. Álvaro Uribe Vélez.

El Uribe que yo conozco no solo es un digno ejemplo para Colombia; lo es para mí como persona, para mi familia, para mis padres y hermanos, y especialmente para mis hijos, quienes gracias a su legado hoy pueden soñar con un país mejor para su futuro. Hasta el último día de mi vida agradeceré haberlo conocido, haber tenido la fortuna de vivir junto a él tantas experiencias, muchas de ellas dolorosas como lo fueron el sacrificio de la vida o la integridad de tantos soldados y policías de la patria, pero en el entendido de que la sangre derramada contribuyó a la paz de Colombia a través del imperio de la ley, de la autoridad. Su legado vivirá en los corazones de quienes, gracias a él, vivimos en una Colombia mejor, pero por encima de ello, deberá ser resaltado y recordado perennemente, en las principales páginas de la historia de Colombia.

No quisiera terminar este escrito sin agradecer y reconocer el papel de su familia. Su esposa doña Lina, sus hijos Tomás y Jerónimo, sus hermanos, otros familiares e incluso algunos de sus amigos personales a quienes tuve la oportunidad de conocer durante el tiempo que trabajé a su lado. En concordancia con la actitud y el ejemplo del señor presidente, siempre fueron respetuosos, amables, prudentes con nuestro trabajo, y especialmente afectos por la fuerza pública. Nunca observamos un mal ejemplo, nunca recibimos una solicitud o sugerencia que no estuviera enmarcada en el apego a la ley o que afectara a los demás, o a nosotros mismos. Afecto y respeto que permanece intacto.

Finalmente, agradezco la oportunidad que se me ha dado para reconocer y sobre todo para contar a quienes no lo conocen, la verdadera esencia, la importancia, la entereza, la determinación, el corazón grande, el amor por la patria, de él, del Álvaro Uribe que yo conozco, el de verdad.

Fin del capítulo.

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