En el centenario de la poeta Blanca Varela (1926-2026)
Por: Óscar Jairo González Hernández Retroceder hacia la luz es volver a la muerte B.V. En la obra poética de Blanca Varela, son evidentes las tentativas excesivas que realiza por mantener la tensión entre lo que le es conocido y dado conocer, y aquello que no le es conocido y no le será dado conocer. …
Por: Óscar Jairo González Hernández
Retroceder hacia la luz es volver a la muerte B.V. En la obra poética de Blanca Varela, son evidentes las tentativas excesivas que realiza por mantener la tensión entre lo que le es conocido y dado conocer, y aquello que no le es conocido y no le será dado conocer. Duda, lúcidamente desesperada de la tentativa de la existencia. Duda, del sentido que ella pueda tener y de la misma manera, siente que esa experiencia de la conciencia sobre la naturaleza y la realidad, se realiza de otra manera, que no es inasible, y que el querer conocer, es una tentativa que lleva a la nada.
“Revelación: balbuceo celeste”, se dice. En su experiencia poética, buscó obsesivamente, crear la tensión entre lo visible y lo invisible, la voz interior y la voz exterior. Trato con ella misma y con los fantasmas que la rodeaban. La dramática condición del silencio. La melancolía de la soledad inexorable. Aun hablando con los otros, por medio de su palabra, no hacía más que callarse en ella misma, ante el abismo insondable de aquel misterio que la inquietó toda la vida.
Palabra de certeza que ella hacía extraviar de nuevo, cuando alcanzaba el poder sobre ella. Volver sobre lo mismo, para destruirlo y destruirse a sí misma. Por eso toda su poesía, desde “Ese puerto no existe” (1949-1955) hasta “Canto villano” (1972-1978) o “El libro del barro” (1992-1994), es la prueba clara, indicando que la claridad en ella, se halla unida por un hilo invisible con la oscuridad, de la dureza de su tentativa. Claridad y oscuridad melancólicas. Varela es la poeta de la melancolía de la vida y de la muerte.
La tentativa reveladora y rebelde de Blanca Varela, la llevó a establecer nexos con el existencialismo, el surrealismo y el expresionismo. Poesía y pensamiento se mezclaban en su obra. Porque no puede hacerse poesía aquello que no esté dominado por una relación excesivamente intensa, que se crea y provoca del pensar a la poesía y de la poesía al pensar. Es allí donde Varela hace conciencia luminosa del “ser y la nada”, de la existencia en la nada o hacia la nada, que le llevan a la dimensión terrible y cruel de la desesperación.

Desespera en sí misma. Tiene un hilo: la poesía. Y recurre a él, para liberarse de la desesperación, la duda desesperada. “No eres tú. Siempre yo. / Casa, árbol, dolor, / ventana, pan, baile, temor. Siempre yo. Siempre saliéndome al paso.” Y a la vez, tiene otro hilo, el hilo del sueño. El nexo y el conocimiento que tuvo de la poesía surrealista. El sueño como el medio que revela la verdad aun en lo más oscuro.
Nada más que el sueño como verdad, revelación. O quietud del misterio. En la muerte del cuerpo, la resurrección del cuerpo en el sueño. Campos de hechizo y fecundación, de maravilla y arrobamiento. “Mil pupilas en lo oscuro, estrellas inventadas, borradas y nuevamentee encendidas en la noche más larga de un ser vivo que gime”. Posesión por los sentidos con los que se accede al sueño. Vivo el sueño y vivo el cuerpo condenado a la vida instintiva y no a la visión del alma en el sueño. Cuerpo dolorido en el sueño, alma dolorida en la carne.
Carne que no cede al llamado del instinto en la naturaleza de sí misma. La surrealidad de Varela está concentrada en el deseo de otra realidad, para destruir, vulnerar aquella en la que solo se conoce la luz oscura. Oscuridad de la luz, que le hace temblar. Soñar es ver en sí misma, para huir despedazada.
La existencia poética, entonces, ha de estar, para ella, resolviéndose o no, en el expresar todo aquello que se es, que se quiere ser, desde la “verdad” del impulso interior, de la fuerza de la consciencia poética y poetizada, del clímax del patetismo (no hay que ocultarlo) y del exceso al que lleva la pasión.

Pasión aquí es una quimera, no una realidad. Como el sueño. Porque, como dice Gottfried Benn: “Existencia pura”. En la poesía, por ejemplo, hay que estar solo, ver a lo lejos, más allá de las aguas; hay que atraer palabras, palabras llenas de situaciones, que pesan de historia, trágicas palabras, reales como seres vivientes”. En la experiencia poética (devenir soberano, elección de la vida desnuda) de Blanca Varela hay un fuerte deseo de expresar lo inexpresable.
Expresión dramática de la poeta, que, aun expresándose, no se puede conocer a sí misma. Expresa su silencio en la medida del silencio que la derrota y la exalta. Y la hace decir: “Hasta aquí —selva oscura y ripiosa— tu vida”, ha dicho. Estas fueron sus letras”.
NOTAS: VARELA, Blanca. Canto Villano. Poesía reunida, 1949-1994. México. Fondo de Cultura Económica.1996. Págs. 226, 219, 93 y 231. BENN, Gottfried. Ensayos escogidos. Buenos Aires. Alfa. 1977. Pág. 125.

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