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(EDITORIAL) ¿Qué tiene de atractiva la Alcaldía de Medellín?

Es difícil de explicar. Casi 50 ciudadanos, de todas las vertientes, corrientes y posiciones ideológicas, quieren poner sus nombres a consideración del electorado. Sin embargo, ante esa avalancha de aspirantes, precandidatos y candidatos, los medellinenses se preguntan ¿por qué? Es que Medellín está

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Redacción IFM
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Es difícil de explicar. Casi 50 ciudadanos, de todas las vertientes, corrientes y posiciones ideológicas, quieren poner sus nombres a consideración del electorado. Sin embargo, ante esa avalancha de aspirantes, precandidatos y candidatos, los medellinenses se preguntan ¿por qué?

Es que Medellín está atravesando uno de sus peores momentos. De hecho, el próximo alcalde tendrá que hacer malabares para administrar las dificultades y crisis que dejará Daniel Quintero Calle. Incluso, para muchos, quien se posesione el 1 de enero de 2024 más que administrar dinero, tendrá que gestionar problemas.

Hoy por hoy, las arcas están vacías y así permanecerán por un buen tiempo. En semejante pobreza, hay que solucionar el problema de la malla vial, enfrentar los desastres ocasionados por la prolongada temporada de lluvias, tratar de arreglar la jungla en que se han convertido los jardines, pagar la deuda del Metro, enderezar la infraestructura del sistema de salud, aplicar algunos paliativos para el sistema educativo tanto en lo físico como en lo pedagógico; confrontar la inseguridad, actualizar el parque automotor de bomberos y policías, cuya depreciación ya es evidente; recuperar las cuencas de los afluentes y del propio río Medellín y rescatar los programas sociales, abandonados por Quintero y su grupo.

Como si fuera poco, el futuro alcalde no podrá darle más largas al proyecto del Tren del río, indispensable para la movilidad y el bienestar de la ciudadanía del norte de Medellín y del área metropolitana. Por tal razón, tendrá que «raspar la olla» para entrar de lleno en el proceso.

Además, el próximo alcalde deberá reunificar los sectores público, privado y académico, una de las demoliciones a las que más tiempo le dedicó Quintero Calle. De igual forma, tendrá que llegar a poner la casa en orden, desterrando las franquicias clientelistas que vendió el actual alcalde en las instituciones públicas de Medellín, empeñando altos cargos, secretarías y gerencias para favorecer intereses políticos de quienes han respaldado su espantosa gestión.

Así las cosas, deberá poner la lupa en entidades como la Secretaría de Educación, manejada a su antojo por Albert Corredor y en el Inder, que se convirtió en el escampadero de las clientelas politiqueras que han rodeado al alcalde. De paso, necesitará rastrear los recursos «extraviados» y tratar de recuperar algo del erario perdido.

Para completar, el nuevo alcalde tendrá que lidiar con un Gobierno nacional en contra de Antioquia. Si Petro no le ha ayudado a Quintero, que se jugó el pellejo en campaña, y lo ha dejado metido, se le ha negado y le ha tocado contactarlo a las malas, como pasó en Italia; y no atiende tampoco a un gobernador lambón como Aníbal Gaviria, ¿qué esperanzas tendrá un alcalde distante política e ideológicamente del presidente?

Es una tarea titánica, que exigirá una dedicación de siete días a la semana y 24 horas al día, solo para no gozar de la favorabilidad ciudadana que exigirá, aupada por los rezagos quinteristas y por las huestes petristas, resultados inmediatos. A lo sumo, será un alcalde de transición y si hace bien la tarea y consigue los recursos, solo hasta 2026 o 2027 podrá emprender la tarea de reconstruir la ciudad.

Ante semejante panorama, ¿quién puede querer entrar al ruedo de la Alcaldía? El próximo alcalde bailará con la más fea y llegará a administrar pobreza.

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