(EDITORIAL) ¡No está loco! Petro solo se apega a los dogmas comunistas
El presidente de Colombia es coherente: desde su más tierna infancia ha sido, es y será un comunista puro y duro. Por esa ideología nefasta y criminal empuñó las armas, formó parte del grupo terrorista financiado por Pablo Escobar, hizo todo lo posible por destruir a Bogotá y ahora es el mandatario

El presidente de Colombia es coherente: desde su más tierna infancia ha sido, es y será un comunista puro y duro. Por esa ideología nefasta y criminal empuñó las armas, formó parte del grupo terrorista financiado por Pablo Escobar, hizo todo lo posible por destruir a Bogotá y ahora es el mandatario de los colombianos.
Para el ciudadano desprevenido, las declaraciones de Petro son locura. Sin embargo, la misma apreciación hizo carrera, a comienzos del siglo, en la Venezuela de Hugo Chávez, a quien calificaban de orate por los disparatados discursos que pronunciaba en su país y en el mundo. El tiempo demostró que lo del coronel paracaidista no era oligofrenia sino apego a lo que le dictaban desde La Habana.
La realidad es que Gustavo Petro es fiel a los postulados comunistas y por tal motivo, cada vez que abre la boca sale con un pronunciamiento que reafirma su intención de ceñirse a los dogmas zurdos, con ciertos matices muy propios de su ídolo y amigo, el coronel paracaidista venezolano.
En el dogmatismo de Petro, renunciar a la guerra contra las drogas es una consecuencia lógica del frenético antiimperialismo que profesa, pues así como Fidel Castro, Daniel Ortega y Hugo Chávez, él considera que la cocaína es un arma formidable para destruir a los odiados gringos.
En esa lógica, cuando afirmó que los campesinos podrán seguir sembrando coca mientras tienen la posibilidad y el deseo de probar con cultivos sustitutos, demuestra su radicalización en las políticas antiyanquis, pues ellos, en el norte, se «seguirán tostando el cerebro» con el primer producto de exportación colombiano.
Es la coherencia fundamentalista de todo comunista, que sueña con destruir a los Estados Unidos al costo que sea, sin detenerse, por ejemplo, a pensar en los millones de víctimas que ha dejado en Colombia la connivencia con el narcotráfico.
¿Por qué millones? Es necesario sumar el número de muertos, desaparecidos, secuestrados y mutilados que ha dejado el cultivo de coca en Colombia, con los millones de compatriotas que han padecido, directa o indirectamente, el fragor de la amenaza terrorista financiada por el narcotráfico. Además, miles y miles han tenido que soportar la estigmatización mundial por cuenta de los cultivos y el procesamiento de estupefacientes.
Así las cosas, no son miles sino millones los que han padecido las consecuencias del narco, lo que no se soluciona, como pretende Petro en sus alucinaciones, legalizando los cultivos, convirtiendo a Colombia, de paso, en un país paria en el concierto internacional.
De otro lado, el fundamentalismo comunista de Petro lo llevó a pronunciarse en contra del desarrollo, despotricando de las vías 4G. Sin embargo, ahí también, el presidente es coherente, pues desde su desastrosa Alcaldía de Bogotá vendió el eslogan de «menos cemento, más cerebro», como una justificación para no emprender ninguna obra de importancia en la capital del país.
Él es un fiel creyente del regresismo y por tal motivo, todo lo que huela a desarrollo, a progreso y a bienestar, lo descarta de plano, ya que lo suyo es el retraso, las dificultades y el crecimiento de la vulnerabilidad de sus gobernados.
Hay que tener cuidado, porque no son locuras: son alineamientos fundamentalistas con la ideología comunista, llevados al paroxismo por el dogmatismo que exhibe en cada acción y en cada pronunciamiento.
En su momento, una de las críticas a Uribe tuvo que ver con las carreteras despejadas de terroristas y criminales, supuestamente para que los ricos pudieran ir a la finca. En aquel momento se veían esos cuestionamientos como miopía de ignorantes y resentidos. Ahora, con algo más de odio contra el capitalismo, el propio Petro aseguró que las vías 4G no han sido plataformas para exportar sino para importar.
Ciertamente la balanza comercial colombiana ha tenido, históricamente, un déficit estructural. Sin embargo, el país también exporta diferentes productos que necesariamente tienen que moverse por carretera a los puertos. Así como en su momento, a los críticos de Uribe se les recordaba que en Colombia no hay una forma distinta de mover la producción agropecuaria e industrial hacia los mercados locales e internacionales, a Petro habría que mostrarle que el sistema económico del país se basa, en buena medida, en la movilidad por las carreteras, incluidas las 4G.
Sin embargo, ese pronunciamiento puede tener más de fondo: ¿estará anunciando que bloqueará el mantenimiento de esas vías, para gastarse el dinero en «más cerebro» (lo que sea que eso signifique) y no en cemento? ¿Acaso es la confirmación de que, durante su gobierno, no desarrollará una obra de importancia para el desarrollo del país? ¿Acaso los problemas del campo colombiano no pasan también por la dificultad de mover los productos hacia los mercados?
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