(EDITORIAL) Extrañas desapariciones durante el Gobierno Petro
En los últimos gobiernos, especialmente en el periodo de Iván Duque Márquez, era pan de todos los días la aparición de informes con cifras espantosas relacionadas con la violación de Derechos Humanos. Esos documentos, tan frecuentes como el Himno Nacional en los medios de comunicación colombianos, e

En los últimos gobiernos, especialmente en el periodo de Iván Duque Márquez, era pan de todos los días la aparición de informes con cifras espantosas relacionadas con la violación de Derechos Humanos.
Esos documentos, tan frecuentes como el Himno Nacional en los medios de comunicación colombianos, eran insumos fundamentales para las cajas de resonancia que servían al proyecto político del comunismo.
Se trataba de cantantes como Adriana Lucía, o de actores como Julián Román, o de influenciadores alineados con la izquierda, quienes dedicaban tiempo y energía a hurgar en esos informes y lanzarlos a través de las redes sociales como asuntos de gravedad extrema.
Sin embargo, desde el 7 de agosto del año pasado, esas «relatorías» desaparecieron del panorama virtual de Colombia y quienes replicaban esos mensajes, llevando además la cuenta de líderes sociales asesinados y masacres, dejaron, misteriosamente, de enumerar esos crímenes en Twitter.
¿Qué pasaría? Es que desde la posesión de Gustavo Petro han sido asesinados decenas de líderes sociales y se han presentado numerosas masacres en todo el territorio nacional, sin que parezca importarles a quienes, en el pasado, elevaban su voz para condenar los hechos y atribuirle la responsabilidad al Gobierno.
Solo hasta las últimas horas, esa herramienta de las relatorías fue desempolvada por la alcaldesa de Bogotá para demostrar, con cifras en mano, que es imposible que 300 presuntos desaparecidos en el «estallido social» de 2021 hayan sido incinerados en los hornos crematorios de la ciudad, pues cerca de 70 denuncias de desaparición fueron aclaradas y los protagonistas aparecieron sanos y salvos.
Otra desaparición intrigante es la de las Águilas Negras. De repente, ese «peligroso» grupo terroristas de impresora láser, dejó de hacer presencia debajo de las puertas de algunos supuestos «objetivos militares».
Todo parece indicar que ese grupo se vinculó con la «paz total» de Gustavo Petro y dejó de perseguir a los «amenazados» comunistas y facilitadores del terrorismo en Colombia. ¿Será que en el Pacto de la Picota, las Águilas Negras hicieron las paces con Petro? Nadie lo sabe, porque así como aparecieron, se marcharon sin decir adiós.
La realidad es que muchas de las «relatorías de DD HH» eran solo instrumentos de propaganda política para favorecer las aspiraciones de quienes ahora ostentan el poder. Además, como los señalamientos dejaron de ser útiles –por el contrario, serían inconvenientes para el Gobierno del «cambio»–, pues ya no son replicados ni por Adriana Lucía, ni por Julián Román ni por tantos otros artistas que se la jugaron por Petro. Ni hablar de las Águilas Negras, que al parecer se jubilaron el 7 de agosto de 2022.
En esta era de «cambio» queda comprobado que la vida y la muerte son asuntos de propaganda y no de convicción, que los asesinatos servían para favorecer intereses políticos y su difusión no correspondía a un genuino sentimiento de pesar y rabia por las víctimas.
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