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(EDITORIAL) Acabar con la Procuraduría es eliminar al gato para que los ratones hagan fiesta: ¿qué hay detrás de la iniciativa?

En las últimas horas, el electo presidente Gustavo Petro aseguró que dentro del paquete de medidas que radicará en el Congreso, estará la eliminación de la Procuraduría General de la Nación, para dejar sus funciones en manos de la rama judicial. La iniciativa no cayó bien en una parte de la opinión

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Redacción IFM
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IFM Noticias

En las últimas horas, el electo presidente Gustavo Petro aseguró que dentro del paquete de medidas que radicará en el Congreso, estará la eliminación de la Procuraduría General de la Nación, para dejar sus funciones en manos de la rama judicial.

La iniciativa no cayó bien en una parte de la opinión pública. De hecho, Rafael Nieto Loaiza, columnista de IFMNOTICIAS.COM y quien fuera precandidato a la Presidencia de la República aseguró que la «propuesta de Petro de modificar o eliminar la Procuraduría puede tener tres objetivos: a. Forzar una constituyente; b. Eliminar un organismo de control a su gobierno; c. Vengarse de una institución que lo destituyó como alcalde por graves infracciones al régimen disciplinario».

Una de las mayores preocupaciones, que muchos comparten con Nieto Loaiza, tiene que ver con la amenaza que representa la propuesta para la Constitución del 91, aquella de la que Petro dijo que era uno de sus autores, y la que aseguró que defendería a rajatabla. Pues bien, esa Constitución, con sus enormes defectos y virtudes, está en riesgo al tratar de eliminar o modificar a la Procuraduría, porque para cumplir ese objetivo, sería necesario reformar la Carta Magna de 1991.

En este sentido, Nieto Loaiza, y diferentes críticos de la propuesta, señalan que solo es posible tocar o eliminar la Procuraduría a través de una constituyente, lo que, a juicio de muchos, es un peligro para la democracia y para la estabilidad de Colombia.

La eliminación de la Procuraduría se antoja como algo radical, teniendo en cuenta que es un organismo constitucional de control, que busca combatir la corrupción y evitar que los delincuentes usufructúen el erario para sus fines particulares. En palabras más simples: es el gato que evita que los ratones hagan fiesta. En un país que ha sido señalado como altamente corrupto, eliminar un ente de control parece impensable. Pero, según la teoría política denominada la Ventana de Overton, esto es algo que, tarde o temprano, puede ser aceptado por la ciudadanía.

La Ventana de Overton tiene varias etapas. La primera es cambiar la percepción de la ciudadanía, llevándola, en el caso de la Procuraduría, al campo del derecho, de la jurisprudencia y de las prácticas internacionales, para que poco a poco ambienten el asunto y pase de ser impensable a algo radical, es decir, que se pierda el tabú y se comience a debatir no solo la eliminación de la entidad, sino también, de paso, la realización de una asamblea constituyente.

La segunda etapa se enfoca en señalar a los opositores como intolerantes, mientras que crean un eufemismo para la eliminación de la Procuraduría y la convocatoria de una constituyente: ¿le suena, por ejemplo, cabildo del poder popular para el fortalecimiento de la justicia? Después, con respaldo jurídico e histórico –verídico o inventado–, los opositores se convertirán en enemigos radicales de algo que, según el proceso, es bueno y necesario para la sociedad.

A continuación, con los medios de comunicación y líderes de opinión comprados, alquilados e incluso convencidos, se invitará a la ciudadanía a subirse al carro del «progreso», llevando la eliminación de la Procuraduría y la convocatoria de una constituyente, no solo a convertirse en algo sensato sino también en una idea popular.

Finalmente, en la quinta etapa, la Ventana de Overton lleva la idea popular de acabar con la Procuraduría y convocar una constituyente a algo político, lo que supone la preparación de la legislación y la consolidación de los grupos de presión para que conviertan la iniciativa en algo indispensable para el desarrollo del país.

De la fuerza argumental de la oposición a una constituyente, disfrazada de reforma a la Procuraduría y bautizada como se les antoje, dependerá que Colombia no caiga por el precipicio de una dictadura más atroz que la que padecen Venezuela o Corea del Norte.

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