Bienvenidos a la cruda realidad de la Selección Colombia
Las recientes derrotas de la Selección Colombia en sus compromisos amistosos ante Croacia y Francia no solo han dejado un saldo negativo en el marcador, sino que han desnudado las costuras de un proceso que parecía marchar sobre ruedas. Tras el silbatazo final, un aluvión de críticas ha caído sobre la gestión de Néstor Lorenzo, …
Las recientes derrotas de la Selección Colombia en sus compromisos amistosos ante Croacia y Francia no solo han dejado un saldo negativo en el marcador, sino que han desnudado las costuras de un proceso que parecía marchar sobre ruedas. Tras el silbatazo final, un aluvión de críticas ha caído sobre la gestión de Néstor Lorenzo, cuestionando tanto sus planteamientos tácticos como una política de convocatorias que, para muchos, prioriza la gratitud sobre el presente futbolístico.
El nombre que acapara todos los focos es el de James Rodríguez. El «diez», quien fuera el arquitecto del regreso de Colombia a la élite mundialista en 2014, atraviesa hoy su momento más bajo. Su inestabilidad crónica y el constante cambio de equipo le han pasado una factura costosa. En la MLS, su participación ha sido testimonial, y esa falta de ritmo competitivo se traslada de inmediato al césped cuando viste la tricolor. Resulta incomprensible para la grada que el dueño de la cintilla de capitán, pese a su evidente falta de distancia y aporte físico, siga siendo inamovible para el adiestrador argentino. Al no darle salida, Lorenzo no solo compromete el funcionamiento colectivo, sino que expone al ídolo a un escarnio público innecesario.
Sin embargo, sería un análisis simplista e injusto señalar a un solo culpable. La realidad es que, salvo contadas excepciones, el nivel general en esta fecha FIFA fue alarmante. Solo Luis Díaz, con su desequilibrio natural, y Davinson Sánchez, recuperando la solidez en el fondo, estuvieron a la altura de la exigencia internacional. El resto del plantel navegó en la intrascendencia.
Preocupa especialmente el arco. Lo que antes era una zona de certezas hoy es un mar de dudas. Ni Camilo Vargas ni mucho menos Álvaro Montero ofrecieron garantías bajo los tres palos, transmitiendo una inseguridad que contagia a la defensa. Para colmo de males, el tercer guardameta en discordia es David Ospina, una leyenda que camina hacia el retiro y cuyo nivel en Atlético Nacional ha sufrido un bajón drástico que lo aleja de la competitividad necesaria para el alto rendimiento.
En las redes sociales, la afición clama que «Colombia no tiene nada». Aunque el pesimismo es exagerado, conviene recordar que la clasificación al Mundial se dio en una eliminatoria benévola, donde el formato permitió que siete de diez equipos avanzaran, y aun así, la Selección coqueteó peligrosamente con el repechaje. Soñar hoy con unas semifinales ante potencias como España, Portugal, Francia o Brasil parece más una utopía que una posibilidad real. Es hora de aterrizar: este es nuestro presente, aunque en cada mundial hay una sorpresa, y muchos añoran que pueda ser Colombia.
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