(DENUNCIA) Los bloqueos extensivos en vías de la costa y la policía no puede intervenir
Por: Ani Abello Les cuento mi experiencia de viajar ayer entre Barranquilla y Santa Marta. Un viaje que en condiciones normales no pasa de una hora y media, se convirtió en una pesadilla por cuenta de los bloqueos ilegales donde, según me informaron después, la fuerza pública no puede intervenir. Po

Por: Ani Abello
Les cuento mi experiencia de viajar ayer entre Barranquilla y Santa Marta. Un viaje que en condiciones normales no pasa de una hora y media, se convirtió en una pesadilla por cuenta de los bloqueos ilegales donde, según me informaron después, la fuerza pública no puede intervenir.
Pocos metros después del peaje de Tasajera nos encontramos con un monumental trancón. Nadie sabía lo que ocurría, por consiguiente, grupos de carros comenzaron a adelantar y yo decidí unirme. En ese momento llamé a mi amiga donde me iba a quedar en Santa Marta para contarle lo que estaba pasando y para ver si ella tenía forma de averiguar qué sucedía. Me dijo que se iba a comunicar con un amigo que podría tener acceso a información y me volvió a llamar para darme esta noticia… son bloqueos, parece que hay encapuchados pidiendo plata. Se imaginarán el susto.
En ese momento ya yo me encontraba dentro del pueblo de Ciénaga donde de repente un hombre se puso frente al carro con un balde plástico en el que se sentó para impedirme el paso. Le pité, me hizo un gesto con la mano y entonces abrí la ventana un poco y le dije que viniera, ahí entendí que me estaba exigiendo dinero para dejarme continuar por el camino. Él fue el primero de por lo menos 10 retenciones extorsivas dentro de Ciénaga. Lo más triste es que algunas eran conducidas por menores de edad que salían muertos de la risa como cuando un pescador saca su atarraya llena de pescados.
Salir de Ciénaga fue una odisea. Fue tanto el temor, que escondimos los celulares debajo de la silla, escondimos el poco efectivo que quedaba en los zapatos, documentos y tarjetas dieron a parar entre las ranuras de las sillas y lo que comenzó con billetes de 5 mil, pasaron a 2 mil y al final monedas. Nos quedamos con lo que pudimos salvar en los zapatos. Les puedo decir que vi un solo policía al que le hice señales para que nos contara qué estaba pasando y que nos ayudara a salir de ahí. El agente en una moto, se detuvo si acaso 30 segundos para decir que sí había una protesta y que más adelante saldríamos.
Más adelante, entre trochas, pasando por la línea del ferrocarril, terminamos saliendo eventualmente. Los pobladores de Ciénaga que salieron a hacer los mini bloqueos, se hicieron su agosto a costa del miedo de los conductores y de la desidia del Estado. No quiero pensar en el regreso a Barranquilla.
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