Recuperar la cultura ciudadana en Medellín: un punto prioritario en la agenda pública distrital
Mucho hemos escuchado acerca de la necesidad de recuperar Medellín y muchos hemos defendido ese propósito, que comenzó a consolidarse en el imaginario de los medellinenses y antioqueños finalizando el primer año del actual gobierno distrital.
Por: Claudia Ramirez
Mucho hemos escuchado acerca de la necesidad de recuperar Medellín y muchos hemos defendido ese propósito, que comenzó a consolidarse en el imaginario de los medellinenses y antioqueños finalizando el primer año del actual gobierno distrital. Esta idea, en torno a la cual se ha constituido una coalición significativa de partidos, movimientos y sectores políticos diversos, surgió, entre otras cosas, por el empeño del ahora exalcalde para socavar el modelo de gobernanza multisectorial que fortaleció la participación ciudadana de líderes políticos, autoridades públicas, actores productivos, académicos y sociales para el abordaje de la amplia variedad de problemas públicos que han aquejado a Medellín durante las últimas décadas.
En una coyuntura político-administrativa caracterizada por la incapacidad institucional de responder adecuadamente al surgimiento y agravamiento de problemáticas sociales y económicas, así como por el aumento de las necesidades insatisfechas de la población de la ciudad a causa de la pandemia ocasionada por el Covid-19; Daniel Quintero, sus secretarios de despacho y asesores enfocaron su tiempo y esfuerzo en reproducir una narrativa de acuerdo con la cual su principal objetivo de gobierno ha consistido en salvar Medellín. Según este discurso populista y mesiánico, que parece haber motivado la desatención de las demandas de la población, Daniel Quintero y su equipo político iban a recuperar a Medellín para su gente, ya que la ciudad, afirman, había estado sometida a un constante saqueo por parte de “élites políticas y económicas tradicionales”.
No obstante, el exalcalde y su equipo no solo erraron al intentar configurar una pantalla de humo que pretendió ocultar su ineficacia y su limitada capacidad de agenciamiento ciudadano con base en mentiras, puesto que desde el 2021 la iniciativa de revocatoria de mandato comenzó a ganar cada vez más fuerza con el aumento progresivo de la inconformidad social asociada a una gestión carente de resultados; sino que atentaron contra la tradición democrática e incluyente de la ciudad, ya que su narrativa ha implicado la deliberada exclusión de actores sociales, políticos y económicos absolutamente relevantes para atender los problemas de Medellín, la limitación del ejercicio de la participación democrática, la pérdida de confianza y de compromiso de los ciudadanos entre sí y en las instituciones públicas, y el debilitamiento de la redes de relacionamiento para el intercambio de información, recursos y beneficios necesarios para responder a las demandas de la población y favorecer el cumplimiento de los objetivos de desarrollo de la ciudad.
La perversa narrativa a la que me refiero y sus mencionadas repercusiones han significado el debilitamiento de la cultura ciudadana en el Distrito; desde mi perspectiva, el principal activo para la movilización social y transformación de la ciudad. En ese sentido, es posible evidenciar que el compromiso cívico se ha debilitado, puesto que, más además de la exclusión de la que han sido víctimas numerosas actores, su interés y deseo en participar se han visto afectados por la toma de decisiones inconsultas y arbitrarias del actual gobierno. Esta situación, además, ha servido para desincentivar el interés de los actores de la sociedad civil por estrechar lazos de relacionamiento, la disposición a confiar, responder de forma recíproca a las acciones de sus pares y cooperar activamente para el logro de objetivos comunes.
Si queremos mitigar los impactos presentes y futuros de cuatro años de desgobierno es necesario reconocer que los principales temas en la agenda del próximo gobierno distrital deben ser la recuperación y el fortalecimiento de la cultura ciudadana mediante la reconstrucción del tejido social y de un modelo de gobernanza multisectorial y democrático, la promoción del respeto y la confianza de la ciudadanía en instituciones públicas que responderán a sus problemáticas y no a intereses particulares, y procurando por la consolidación de consensos que favorezcan el abordaje colectivo de dilemas y problemas públicos, en detrimento de decisiones arbitrarias y carentes de justificaciones técnicas. Recuperar la cultura ciudadana debe ser un punto prioritario en la agenda pública distrital y para cumplir con este propósito es necesario que los líderes políticos, sociales, comunitarios y gremiales atendamos a las necesidades imperantes de servir como puente para una comunicación efectiva y acetrina entre la población y las autoridades públicas, promovamos el desarrollo de redes de capital social que propicias para la comunicación y cooperación entre la ciudadanía, y contribuyamos a recuperar la confianza entre las personas y en las instituciones pública para retomar el rumbo de nuestra querida ciudad. Solo así podrá cesar la horrible noche.

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