(OPINIÓN) Rezar, morir, rezar. Por: Jaime Honorio González
Pudo ser cualquiera de nosotros. Cualquiera que tenga un hijo, un hijo pequeño, un hijo pequeño que de pronto se enferma y hay que salir corriendo a llevarlo al médico. Nos ha pasado a casi todos.
Pudo ser cualquiera de nosotros. Cualquiera que tenga un hijo, un hijo pequeño, un hijo pequeño que de pronto se enferma y hay que salir corriendo a llevarlo al médico. Nos ha pasado a casi todos.
Un profesor universitario sale volando a la clínica con su mujer. Su hijo de diez años está malito. Hay que ir; es mejor prevenir. Es enero, las calles de la gran ciudad comienzan a ocuparse, aunque a esa hora están casi vacías. Es de noche. Hace frío. Está oscuro. De todas formas, hay que ir.
(Imagino que así fue porque a mí también me ha pasado).
En la clínica lo atienden, lo revisan, lo examinan y concluyen que lo mejor es internarlo. Al menos, una noche. Su mamá se quedará con él, no hay mejor persona para cuidar a un hijo que su mamá. Lo sabemos los hijos. Entonces el papá se va. Diez de la noche pasaditas, carrera 15 con calle 84, el maldito infierno esa zona rosa, uno de los sectores preferidos por las bandas dedicadas a los ‘paseos millonarios’. El resto, ya sabemos cómo es.
Yo no quiero hacer un recuento de los hechos, ni un texto noticioso, ni un reporte informativo, ni nada de eso. Yo sólo quiero escribir en mayúsculas que NO ES JUSTO lo que le pasó al profesor Cubides, que no es justo que lo hayan matado de esa forma tan miserable, que no es justo que su vida haya costado cinco o seis millones de pesos y ya. Yo sólo quiero escribir porque me aterra pensar que eso pasó en mi ciudad, donde vivo, porque yo he ido a esa clínica, porque yo he tomado taxi por ahí, porque yo muchas veces he preferido un carro de las aplicaciones de transporte porque los taxis en la calle —entre otras razones— me parecen inseguros. Y ahora resulta que el profesor se montó en un taxi que pidió por una de esas aplicaciones de transporte y a las cuatro horas (porque no fueron más) su cuerpo ya estaba ardiendo en llamas en un monte lejano al sur de la ciudad. Yo sólo quiero escribir para descargar esta tristeza que me consume por saber que él ya no podrá contemplar a su niño mientras ve televisión, no lo escuchará reír, no lo verá crecer, no podrá volver a llevarlo al médico en alguna emergencia porque una banda de desalmados decidió herirlo con puñal, golpearlo y asfixiarlo, y luego quemarlo para intentar borrar las huellas de su atroz crimen.
Yo sólo quisiera decirle a ese niño que su papá volverá, que todo fue un error, que es una pesadilla lo que está pasando y que es hora de despertar, que es hora de jugar, que es hora de abrazar, que es hora de vivir, de seguir viviendo en esta nuestra ciudad. Pero, no. No será así.
Yo sólo quiero escribir para desahogar la rabia que me invade porque aún no encuentran a esos asesinos, que ya se habrán gastado el producto de su felonía, que estarán planeando el siguiente ataque, contra otro desprevenido, contra cualquiera que intente abordar un transporte en esa zona de muerte que permanece en manos de los dueños de los ‘paseos millonarios’, que desde hace un tiempo son los paseos de la muerte y que en esta ciudad habían disminuido de forma considerable, pero que en el año pasado aumentaron en un 560 por ciento comparado con 2024. En un 560 por ciento, justo el año en que todos los índices de seguridad mejoraron, como lo aseguró el alcalde apenas unos días atrás. Como dije hace poco, no nos sentimos más seguros mientras nos asaltan más seguido. ¡Qué tranquilidad!
Ahí les aviso: no servirá de nada que gane la izquierda o la derecha o el centro, o alguno de esos más de 100 candidatos a la Presidencia de la República que había hace unos meses, profesionales de la política y también de otros oficios, incluso muchos sin oficio; bastantes haciendo el ridículo, muchos insultando, todos respondiendo, en fin. No servirá de nada para esta pobre ciudad de muy buenos indicadores y de calles muy peligrosas porque a los presidentes les importa muy poco esta ciudad, que casi siempre es la que los elige. No servirá de nada el próximo presidente porque estará totalmente ocupado en los asuntos macro como la salud, la crisis fiscal, la paz total, la oposición, Trump, Delcy y otros demonios; y lo micro, eso no le importará ni a él ni a nadie que roben y maten y quemen a un profesor universitario, eso no le importará a nadie.
Nuestra única opción es rezar, rezar y rezar porque no nos toque salir corriendo a un hospital en una noche fría, en una noche oscura, en una noche en que haya que tomar un transporte para ir a casa a descansar, pues al otro día hay que trabajar. En últimas, rezar para no morir en esta mi Bogotá.

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