(OPINIÓN) “No lo vencieron: lo condenaron sin pruebas”. Por: Santiago Valencia González
Álvaro Uribe es inocente. Lo ha demostrado a lo largo de todo este proceso, enfrentándolo con carácter, con transparencia y con respeto a la justicia. Pero no bastó. Porque esto no fue un juicio: fue una venganza. La juez avaló interceptaciones ilegales, incluidas conversaciones obtenidas mediante r
Álvaro Uribe es inocente. Lo ha demostrado a lo largo de todo este proceso, enfrentándolo con carácter, con transparencia y con respeto a la justicia. Pero no bastó. Porque esto no fue un juicio: fue una venganza.
La juez avaló interceptaciones ilegales, incluidas conversaciones obtenidas mediante relojes espía usados sin autorización judicial. Validó grabaciones editadas, extraídas sin cadena de custodia, y las tomó como prueba reina. Peor aún: elevó a la condición de víctima a Juan Guillermo Monsalve, un delincuente condenado por secuestro y homicidio, con un prontuario extenso y una historia de mentiras comprobadas. Mientras tanto, testigos claves que respaldaban la versión de Uribe fueron descartados o ignorados.
Es decir, no se probó un delito, se construyó una narrativa que responde más al prejuicio político que a la verdad jurídica. Y lo más doloroso es que mientras esto ocurre, los verdaderos criminales gozan de total impunidad.
Cuesta entender que Uribe sea condenado con pruebas débiles y testigos cuestionados, mientras personajes como Timochenko, quien comandó una guerrilla responsable de miles de secuestros, asesinatos y atentados, celebran la sentencia desde su tribuna política en el partido Comunes.
La justicia parece haber perdido el norte: castiga a quien defendió la ley y absuelve a quienes la destruyeron.
Pero esto no termina aquí. En lo jurídico, hay una instancia superior que puede corregir este error.
Y en lo político, nos han dado una razón más para actuar: Porque cuando la justicia se usa como instrumento de persecución, defender la democracia se vuelve un deber ineludible.
A quienes sabemos lo que hizo Álvaro Uribe para salvar a Colombia del abismo, a quienes reconocemos su lucha contra el terrorismo, su defensa de la seguridad, del emprendimiento y de la vida Les digo:
No es momento de tristeza. Es momento de transformar la rabia en acción. De luchar con coraje y con visión de futuro. Duele, sí. Porque se ha cometido una gran injusticia. Pero no nos podemos quedar ahí. Debemos actuar.
Esta no es una derrota para Uribe, ni para el uribismo, ni para quienes creemos en él. Es un llamado a unirnos alrededor de la institucionalidad y de la democracia. Porque lo que está en juego no es solo un nombre, sino el principio más básico del Estado de Derecho: que nadie debe ser condenado sin pruebas.
Estoy seguro de que la verdad saldrá a la luz y que el orden regresará a Colombia.
Aún hay esperanza. Vamos a ganar en la justicia, en las urnas y en la historia.
Y cuando llegue ese día, sabremos que valió la pena resistir.

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