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(OPINIÓN) El management de utilería: Empresas que confunden modas con liderazgo. Por: Andrés Felipe Molina Orozco

Del feedback amable al gerente remangado: El circo corporativo que entretiene, pero nunca decide.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) El management de utilería: Empresas que confunden modas con liderazgo. Por: Andrés Felipe Molina Orozco

Del feedback amable al gerente remangado: El circo corporativo que entretiene, pero nunca decide.

El libreto ya lo conocemos. Tomados de la mano, alguien lanza un mantra suave, se permite un par de lágrimas, se abrazan. Foto para el feed. El lunes, todo sigue igual: Las humillaciones cotidianas vuelven, los correos pasivo-agresivos a medianoche también. El outdoor training, que parecía épico, pierde su magia en cuatro días. Solo queda la selfie sonriente: Prueba digital de que nada cambió.

Ese es el management de utilería: Rituales que entretienen, pero no transforman. Y lo más grave es que se nos vende como liderazgo.

Feedback como moda

Ese teatro no ocurre solo en los grandes rituales de “team building”. También se filtra en lo cotidiano. El “feedback positivo” se volvió moda de manual: Obligatorio, amable, edulcorado.

Lo vendieron como liderazgo moderno, pero terminó siendo postureo organizacional. Nadie dice lo que incomoda porque “desmotiva”, se aplaude lo obvio, se posterga lo difícil. Así, la moda del feedback amable no fortalece: Infantiliza y desvincula.

Otra moda es la del gerente terapeuta. Juntas que parecen sesiones de autoayuda, discursos plagados de frases de psicología barata, confesiones diseñadas para conmover. Lo llaman “liderazgo humano”, pero en realidad es una renuncia: El gerente deja de decidir y se esconde en lo terapéutico.

Alrededor pululan life coach, executive coach, business coach que hicieron un curso exprés y ahora venden fórmulas universales. Nunca han liderado un comité, pero dictan cátedra sobre cómo hacerlo. La moda del coaching barato no es liderazgo: Es outsourcing de la decisión.

A ese coro se suman los profesores de libro, que jamás han dirigido ni un bingo, y los ejecutivos iluminados de la jubilación, que creen que lo que les funcionó en un solo organigrama sirve para todos. Otra moda más: Disfrazar la experiencia limitada de sabiduría universal.

La cárcel premium

El liderazgo de utilería también se viste de chequera. Cuando los malos tratos se compensan con salarios altos y cargos rimbombantes, aparece la moda del “talento retenido con dólares”.

Son cárceles premium: Pagan viajes, tarjetas corporativas y firmas de correo elegantes, pero detrás solo hay sumisión bien paga. Llamarlo “retención de talento” es otra moda que maquilla la incoherencia.

Empleados crédulos o cínicos

Estas modas no solo seducen a los de arriba. También atrapan a los empleados. Están los que se creen cualquier receta porque nunca han tenido una estructura mental sólida, y los que ya no creen en nada porque todo se volvió paisaje.

Unos aplauden modas como si fueran verdades eternas, otros se refugian en el cinismo absoluto. Ambos extremos sostienen el teatro.

Clichés para vitrinas

Y claro, ninguna moda es más rentable que la comparación “Jefe vs Líder”. Publicada en LinkedIn, aplaudida en conferencias, convertida en merchandising editorial. En una columna, el villano; en la otra, el héroe.

Es un cliché que infantiliza el debate. “Jefe” es una posición jerárquica. Ser “líder” es una actitud. No son comparables. Creer lo contrario es la moda perfecta para empresas que prefieren slogans a estructuras.

El predicador hipócrita

Otra moda recurrente: El jefe que llega de lunes “renovado” y sermonea sobre liderazgo o religión. Sus discursos eternos prometen humanidad, pero duran lo que dura la diapositiva.

El resto de la semana vuelven la explotación y el control. Liderazgo de moda los lunes; esclavitud disfrazada de normalidad de martes a viernes.

El mito del gerente remangado

Y falta la foto favorita: El gerente remangado que baja a la operación para posar como cercano. Moda perfecta para Instagram: Da likes, proyecta cercanía, parece humildad.

Lo que nadie pregunta es lo esencial: Si el gerente está ocupado en la línea de producción, ¿quién toma las decisiones que solo él puede tomar? El liderazgo no se mide en selfies, sino en decisiones estratégicas. Esta moda es la caricatura final del management de utilería.

Lo que sí exige el liderazgo

El liderazgo no es moda: Es criterio. No se mide en abrazos, ni en discursos, ni en PowerPoints. Se mide en una sola cosa: Decisiones que incomodan y sostienen coherencia.

El liderazgo real implica rechazar un contrato rentable si contradice el propósito y los valores: Pagar más por un proveedor que trata bien a su gente, detener un proyecto que erosiona la cultura. Se prueba en presupuestos movidos, ingresos rechazados, incomodidades asumidas.

Todo lo demás son disfraces. Todo lo demás es moda vendida como liderazgo.

Veredicto

El management de utilería se alimenta de modas que confundimos con liderazgo: Feedback amable, coaches exprés, profesores de libro, ejecutivos iluminados, cárceles premium, empleados crédulos o cínicos, clichés de LinkedIn, predicadores hipócritas y gerentes remangados.

El resultado: Organizaciones entretenidas, pero no transformadas. Equipos sonrientes en la foto, frustrados en el pasillo. Y, sobre todo, gerentes que posan como humanos mientras dejan de hacer lo único que solo ellos pueden hacer: Decidir.

El liderazgo real no es moda: Es coraje para incomodar.

¿Y tú?

¿Eres de los que se suben a la moda… o de los que sostienen criterio?

¿Sigues confundiendo rituales con liderazgo… o decides cuando nadie más quiere hacerlo?

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