Meditaciones alrededor de la geometría del "ARS estético"
Decía de él, como quien escucha los movimientos de los desiertos, que escribe, es de lo que le excede, desde donde es excedido como misterio indecible, como naturaleza inasible, como secreto no dicho de él, en la inquietud que lo llena de lo irresistible.
Por: Óscar Jairo González Hernández
Y no realiza el escribir sino por instantes. Instante de la concentrada radiación de un éxtasis. Es desde el vacío mismo del inconsciente desde donde hace eclosión. Como ves, continúa diciéndose; me puedo sostener en lo insostenible de lo que es lo indecible, lo inquietante y lo inasible del misterio, intentando darle una forma y un sentido.
Forma y sentido se mezclan irrevocablemente cuando hacen su tarea desde unos métodos que tienen el carácter de médiums, que son entonces, los que provocan la dimensión de lo que llamo escritura, que es lo que está muerto para él y que solo tendrá vida de nuevo, cuando él mismo como lector, se encuentre con el libro, lo que ha quedado del libro y lo lleve entonces, en ese instante al lector, que ha sido inventado por el libro, que se oculta y se revela desde una tumba en ese desierto vacío, de toda indicación. Y entonces escribe (escritura) de la geometría del “ars” (hacer) estético:
I
Todo en la vida ha de hacerse como uno busca y desea, no porque sea uno más libre que otros o menos que otros, sino porque uno ha decidido en su insaciabilidad hacer la vida, su vida, de esa manera y no de otra. Mantener la tensión de la vida y su temperatura es necesario, y a ti te ha sido destinada la vida de esa manera y no de otra, y por eso se hace esencial y trascendental para ti la vida y su búsqueda real y material para vivirla. Mantenerse en esa decisión es lo hermoso y así será, en tu carácter estético. Exceso de realidad. Medida de lo irreal.

II
Todo de lo que has comenzado, en tu vida, tiene el sentido que tú le das a ese comienzo, o sea, allí donde te has instalado como sensitiva, pues lo que hace la vida es el carácter y la fuerza de la sensitiva y no otra cosa, porque es ella, la que hace que se mueva y cambie la temperatura del deseo, con el que vas consumiendo la vida misma, haciendo combustión de ella, como una poseída, porque de no ser como una poseída (locura mántica), no hace relación al consumo de la vida ni a su combustión incendiaria y poderosa, en la medida en que haces de la sensitiva la manera de vivir en el temblor de los sueños, como tú lo haces en cada forma que alcanzas y en cada contenido que te das, y le das a la vida, que se sostiene en lo insostenible dela arte como metódica de la realización de la sensitiva.
III
Nada más hermoso que la vida que llevas en lo que has decidido hacer, con lo que se hace en la cámara de tu mirada, de la incendiaria manera de vivirte en lo que más te es insaciable y desconocido, con los hilos de lluvia de la melancolía que se incrustan en ti, como tu historia secreta y de insurrección radical de los sentidos.

IV
Cuando la vida se hace consciente en uno mismo, se hace por medio del arte mismo, o sea, en relación con los principios que uno se da para vivirla, aun en medio de temperaturas contradictorias, de turbulencias irreversibles; pero sin cederle o hacerle concesiones a la inquietud inquietante, como la llamo, de lo que la vida tiene en sí para uno. Porque la vida se vive en uno mismo y en ella, en relación con otros, que no es uno mismo, sino otros que hacen que la vida pueda tener un sentido otro, y sea causada en otras perspectivas, que quizá no hubiésemos vivido, de no haber tenido esas relaciones en su turbulenta transparencia o en su sueño irrealizado que se hace realidad por su poder de transformarnos. No es decirse uno a sí mismo lo que es, sino escucharlo de los otros, que también son esencia y verdad de esa vida nuestra, como tú lo haces y lo vives en este momento de tu vida.
V
La vida se va haciendo sentir en nosotros, y ella por sí misma hace esa tarea en nosotros y nos llena de su vida, de su sentido. Nosotros buscamos entonces hacernos a una vida, construirla y formarla, pero sin ser quizá conscientes de que ya tenemos una vida que nos vive, que vive en nosotros y que tiene su iluminación y su lucidez, su necesidad y su obsesión. De tal manera que la vida que llevamos, la que relatamos, es esta que se nos hace evidencia de lo real, de nuestro mundo real y que inquietamos maravillosamente con las inclinaciones obsesivas que tenemos por el sueño, por lo fantástico y lo maravilloso, que es lo que está en la vida que nos vive y hace vivir. O sea, que tenemos dos vidas, una que está dada y que se realiza en sí misma y otra que nosotros hacemos, y esa combinación estremecedora y excesiva es la que hacemos y tratamos de mantener en lo indeleble, como tú lo has hecho y lo harás.

VI
En la medida en que no se tiene la vida en sí, es necesario tenerla para poder poseerla. O sea, la vida tiene una medida, aquella que uno le da, y es allí donde se posee en la totalidad de su sentido. No quiere decir que la dominemos totalmente, sino que la buscamos conocer en esa medida que le hemos dado, para realizar nuestra tarea. Y ella, sin duda, tiene un mar barroco de excesos, que no conocemos; tiembla de una manera otra, que nosotros no podemos conocer, y es así como se forma la totalidad de la vida, en lo incondicionado de lo condicionado, en lo real de lo irreal, en lo racional y lo instintivo, que la contienen. La vida se tiene, pues allí, para poseerla y para ser poseídos por ella. Nunca se posee la vida si no se tiene, si uno no se sostiene en ella, en su irresistibilidad hermética.
VII
En la perspectiva que le has inyectado a la vida, a tu estética de la vida, que no es lo mismo que la vida; es la que tú misma has deseado darle, llevarle como una poseída. Dado que quien no es poseído por la vida no puede vivirla intensamente y con la temperatura necesaria y esencial que ella, la insaciable vida, te reclama, te hace y te lanza al abismo de los sentidos, donde se mantiene de manera irresistible, y así vives.
ILUSTRACIONES DE MAX ERNST (1891-1976)
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