Jesús María Riaza: “El teatro dentro del metateatro"
¿De las mediaciones teatrales, se dieron y se dan en usted, tanto en “Ezequiel” como en este momento en “Leonora”?
Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Qué sentido y perspectiva estética le proponen, qué incitaciones le exceden de ellos, y se evidencian en su vida real, o sea, tanto en la vida del teatro como en la vida sin el teatro, o la fisura friccionante o irritante que se le presenta ante ellos? ¿Qué es “Ezequiel” y qué es “Leonora”? ¿Cómo los relaciona o no? ¿Son lo mismo surrealmente, o cada vez tiene que maniobrarlos en su mundo y sus visiones del mundo para que le den su medida, o ellos lo exceden?
Drama: Se refiere a la “acción”, al trabajo previo, a la acción humana en la escena. Ambas obras, Leonora y Ezequiel, se gestan en la acción dramática del trabajo dedicado sistemáticamente al teatro; en ellas se conjugan los ancestros, los astros, la antropología teatral, la memoria y la otredad. Son mixturas esenciales para la creación de ambas obras.
La obra “Leonora” y su acción se gestan desde un tejido imbricado de su literatura, sus pinturas, su escultura, su esoterismo que impregna la pieza del misterio que acompaña la obra plástica y estética de Leonora Carrington. Esa perspectiva estética nos compromete desde el lenguaje teatral a esculpir la escena, pintarla y escribirla para encontrar el espíritu de la artista en la acción dramática.
La técnica dentro de la técnica, el teatro dentro del teatro, metateatro, es el equilibrio entre ambas lo que permite ser el vehículo cuerpo, voz, energía, acción dramática.
La obra “Ezequiel” se gesta desde el concepto de diáspora a manera de implosión; es un viaje hacia dentro del personaje, es ver en la acción –drama donde no está la palabra, el silencio que habla en el cuerpo, en los símbolos, en el gesto, en la mirada y en los objetos–; toda esta gran acción dramática hace que esa implosión se transforme en eclosión, que es justamente donde nace la palabra cargada de significados y poesía.

Toda crítica social es una catarsis de inconformidades personales. “Ezequiel” toca este tema sensible de la historia humana, encontrando un equilibrio sin exponerse como víctima del conflicto, sino al contrario, como un personaje que deja la tarea al espectador de reflexionar sobre cuál es su posición frente al conflicto.
Ambas obras tienen un tono diferente: “Leonora” con una estética híbrida y surrealista donde los personajes nacen de su obra, de lo que no necesita ser explicado, sino ser vivido en el aquí y en el ahora de la acción.
“Ezequiel “contenido en la acción, en el silencio de lo indecible, en el universo simbólico y objetual donde se invita al espectador a la contemplación de la acción, a vivir la escena.
“Ezequiel” y “Leonora” se encuentran en este punto en la bifurcación de caminos; ambas convocan al ritual del silencio, detener el tiempo de Cronos y entrar en el tempo del teatro, el ritual milenario que nos propone el pacto ficcional de reunirnos alrededor del fuego y el misterio.
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