Jean Dubuffet y el "arte bruto"
Por: Óscar Jairo González Hernández
Cuando para el historiador del arte la pintura había alcanzado un momento de total realización con el movimiento conocido equívocamente como Impresionismo, nadie podía concebir que después de ese momento se pudieran dar otros movimientos y que tuvieran el mismo sentido de revolución, de rebeldía, de transformación artística y la calidad estética del Impresionismo.
No sabían que todavía habría una mayor evolución y desarrollo. Para esto, no tuvieron la capacidad de ver, no pudieron ser más visionarios, y que conste que ya en Van Gogh y Gauguin ello comenzaba a mostrarse de manera totalmente escandalosa. Lo que se comprobó finalmente con estos pintores, solitarios, irreverentes y hasta poseídos por cierta locura, era que en su obra se hallaban los elementos innovadores y cambiantes de lo que serían los movimientos artísticos de comienzos del siglo XX, como el cubismo, el fauvismo, el nabismo y el futurismo. Este último, con una mezcla de rebeldía, insulto e intemperancia, presentaba una crítica violenta contra los valores establecidos en el arte y se oponía rotundamente al Impresionismo.
Con ello queremos decir que los movimientos artísticos, y particularmente los relacionados con la pintura, no estaban terminados y que la pintura todavía no había muerto. Las revoluciones en el arte las hacen los artistas; ellos son quienes crean y fundan las estéticas, y desde sus obras se provocan y se proyectan.

Esto no quiere decir que no sean necesarios el crítico, el historiador, el hermeneuta y el ensayista. Estos hablan de sus obras y desde allí profieren reflexiones que son importantes en la medida en que se constituyen en elementos yuxtapuestos a la obra misma, contribuyendo de cierta manera a su aclaración y a su oscurecimiento. En ese movimiento dialéctico en el cual se inscribe la obra de arte, es relevante lo que de ella pueda decirse y lo que de ella nunca será dicho.
En esa perspectiva podemos hablar y hablamos de Jean Dubuffet, quien no solamente inscribió unos principios artísticos de carácter personal y particular, sino que también los extendió hacia otros pintores y los involucró en su proyecto. De allí que hubiese llamado al movimiento que inició en 1938, el Arte Bruto. Aunque es necesario decirlo, Dubuffet se oponía y rechazaba definir y conceptualizar lo que era o lo que él denominaba Arte Bruto. No quiso darle, pues, postulados precisos. Decía Dubuffet sobre el Arte Bruto: "¡Basta de explicaciones! Pues asfixian el sentido. El sentido es un pez que no se puede mantener mucho tiempo fuera de su agua turbia. Yo no he nacido para explicitar, sino que soy mayormente un aficionado a los lenguajes IMPLICITOS.”
El arte en bruto es el arte en bruto y todos lo han entendido perfectamente (…). Se consideran rudimentarios, toscos. ¡Bien! Pero por eso mismo traducen inmediatamente los movimientos del espíritu y presentan los mecanismos de la mente (y no solo de ella) más cálidos, más crudos. Ponen en acción unos medios que parecen insólitos, inaceptables (…). Como lo veremos, la mayoría de las veces los autores son personas que no hacen carrera, que se dedican a sus obras ocasionalmente, ejecutando esos trabajitos para su uso y encanto personal (…)" (1).
Dubuffet decidió ser pintor y se mantuvo adherido, sin alteraciones y de manera pura, y sin concesiones a esa decisión. Nunca cesó de afirmarse en ese sentido y en ese orden de cosas. Y su estética se basó radicalmente en posturas que obtenía de su acercamiento y de su abordamiento del arte mismo; no eran por lo tanto "teóricas" de lo estético, sino acción creativa y creadora, formadora y transformadora. Y él mismo lo dijo enfáticamente: "Mi dispositivo funciona como una máquina para abolir los nombres de las cosas, para derrumbar los tabiques que el espíritu levanta entre los diferentes objetos, entre los diversos sistemas de objetos, entre los distintos registros de cosas y de hechos y los diferentes planos del pensamiento, una máquina para embrollar cualquier orden instituido por el espíritu en el muro de los fenómenos y borrar de un golpe todos los caminos ya trazados; una máquina para poner en jaque cualquier razón y para volver a poner todas las cosas en el equívoco y la confusión (…).

A Dubuffet podemos, pues, incluirlo dentro de esta clase de pintores que han tenido claro por qué y para qué hacen arte, qué se resuelve allí y qué no se resuelve. Que hicieron de su arte una manera de estar y ser en libertad y que desde allí construyeron su propio camino y descubrieron en él nuevas perspectivas y nuevas formas, para decirlo con Rimbaud: "las invenciones de lo desconocido requieren formas nuevas". El arte de Dubuffet así lo muestra y muestra a un artista lleno y pleno de su soberanía que aún protesta, reclama y se opone con todas sus fuerzas y su lucidez al academicismo y formalismo en el arte y en la vida. Oponerse y resistir fueron los principios que caracterizaron su proyecto.yecto y su destino como pintor.
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