J.G. Ballard: de la ficción literaria a la ficción pictórica
No es una consideración nueva, decir que para Ballard el ocuparse de la literatura fue siempre una permanente pasión y afición.
Por: Oscar Jairo González Hernández. Docente e investigador
No es una consideración nueva, decir que para Ballard el ocuparse de la literatura fue siempre una permanente pasión y afición. Pasión, por lo que en ella, hay que poner e involucrar de la experiencia de la vida, del trayecto inmenso e inabarcable de los sueños, de la indestructible fijación por la observación profunda y crítica de la realidad. Y afición, porque para convertirse en escritor, lo primero para él radicaba más que nada en la denominada vocación, en la afición, porque ser un aficionado a la literatura, es estar siempre comenzando, siempre y en cada nuevo libro, probando y afirmando. Cada libro conquistado desde la aventura misma del aficionado a la literatura. La exigencia de Ballard, era intensificada en cada libro y en cada momento, derivando y fluyendo hacia otros temas, y de manera intempestiva.
En Ballard, la ficción literaria, tiene que ver, como él nos lo hace ver, con la realidad, en todo el contenido de la misma y su poder sobre él, o sea, cuando la realidad se ha creado para uno mismo, en relación o no, escindida o no con la de los otros. No es que haya una realidad de la cual el dude, no puede hacerlo, ni la exonera de su mundo, sino que la inserta y la incrusta sin dudar de ella, sin extraña disuasión, en él. No duda de la realidad, porque la ha vivido en su máximo extremo, en su mayor densidad: “(…) También me dio la impresión de que el casino en ruinas, al igual que la ciudad y el mundo que había más allá, era más real y tenía más sentido que cuando estaba atestado de jugadores y bailarines. Las casas y los edificios de oficinas abandonados tenían una magia especial, y cuando volvía del colegio a casa a menudo me detenía delante de un bloque de pisos abandonado. El hecho de verlo todo desplazado y cambiado de sitio me dio una idea inicial del surrealismo de la vida cotidiana, aunque Shangai ya era bastante surrealista”. (1)

De manera que esa ficción de Ballard, proviene y resulta de una construcción de sí mismo. No es una ficción que ha aprendido, sino que ha vivido. La ficción no es un “sistema” para el que ha sido instruido, y que le permite evadirse de la realidad, sino un concepto que se forma en la experiencia misma de la realidad. Pero también, esa realidad, es dimensionada en y por medio de la ficción literaria. De allí que la ficción pictórica, sea una forma de dimensionar y ampliar más aún esa realidad; y por eso mismo, es lo que experimenta y explora en los obras de los pintores, que le atraen. Desde la perspectiva iluminadora del renacimiento, no cualquier renacimiento sino el que él ve en La Anunciación de Crivelli, o atravesando tempestuosamente el onirismo del surrealismo y haciendo explosión en las “expresionistas” pinturas de Bacon.
Desde aquí para Ballard, la literatura y la pintura, son tratadas y abordadas con un concepto práctico para él, la ciencia ficción. Descubrió para sí, la manera de ocupar y unir el espacio literario con el espacio pictórico, y es allí donde Ballard, crea entonces una visión personal, de la novela de ciencia ficción, sin tener ni temer, que es lo importante, caer en los clichés que estaban en ese momento llevando a destrucción del interés por la ciencia ficción, tanto desde Capeck hasta Lem y de ellos hasta Dneprov, Gibson o Sladek. Cambio el panorama desolador y le proporciono a ese panorama decadente y menoscabado, una nueva fuerza, desde la visión pictórica: “(…) Yo creía que la ciencia ficción había seguido su curso y que o bien moriría o se transformaría en fantasía absoluta. Enarbolaba la bandera de lo que denominaba el “espacio interior”, que en realidad era el espacio psicológico apreciable en los cuadros de los surrealistas, los relatos de Kafka, las películas de cine negro más intensas y el mundo extraño y casi intelectualizado de los laboratorios científicos y los institutos de investigación…”

Es esa construcción ballardina de la teoría del “espacio interior”, la que hace entonces que él pueda y esté en capacidad sensible de revolucionar la misma, de sacarla del estereotipo y situarla en otro espacio, si así podemos decir. Y si decimos concepto en él, es un concepto para él necesario y suscitador, porque es y recae sobre una poética, su poética.
La intensificación del deseo de Ballard del aprendizaje (Goethe, El aprendizaje de Wilhelm Meister), como escritor, tendía de manera indeclinable e insoportable, hacia y desde la creación de un medio, el “espacio interior”. Y la totalidad de esa realidad, de su realidad, la tendría que ver desde ese momento en adelante, desde el concepto de “espacio interior”; no obviamente como una camisa de fuerza, sino como un dispositivo práctico, que sería en la poesía y la literatura estremecido y convulsionado por Huysmans, Rimbaud, Céline, Genet, Burroughs, entre otros poetas y escritores, que también y con el mismo sentido intensificado crearon sus propios conceptos literarios y estéticos.

Y en la pintura, ese concepto del espacio interior, lo halaría desde los cuadros y los conceptos de pintores como Redón, Dalí, Ernst, Delvaux, De Chirico; los que le permitieron ese acceso sensible y racional a sus obras; porque estos pintores habían construido plena y prácticamente sus propios conceptos para desarrollar su práctica pictórica, no obstante participar e intervenir en movimientos del arte moderno y contemporáneos, para el caso de los pintores mencionados, del simbolismo y el surrealismo.
Ballard, hizo como estos pintores, y no se atuvo ni permitió ser atrapado por el estilo establecido y propuesto preponderantemente para la literatura de ciencia ficción, en su momento; sino que franqueó esa barrera determinante y la sobrepasó, por y desde, el concepto de espacio interior.
Las novelas de Ballard, tienen y están incrustadas en este su concepto literario y de experiencia de la observación de la realidad, para escribir ciencia ficción, desde un concepto, que relaciona indisolublemente la escritura y la pintura. Esta relación, de no ser exigente y rigurosa, puede o bien destruir o dimensionar la tarea de un escritor, su estética y su pasión. En el caso de Ballard la dimensiona y expande con inusual propiedad. Diseñar un concepto, no es bueno ni malo, lo importante es saber precisar cuando se necesita y cuando no, y como se aplica a la realidad, y por ello mismo, en consecuencia, no puede enseñarse, sino que es resultado de una necesidad y del azar que fundan lo que el pintor Roberto Matta, denominaba, El encontrarse con… Desde estas perspectivas, las novelas de Ballard, están contenidas y desarrollados desde una estructura y un método, que él mismo ha construido, como hemos dicho, con la visión creadora y transformadora de sus mundos, de sus otros mundos.

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