(ANÁLISIS) El Gobierno de la Posverdad: La tendencia del Presidente Petro a manipular la realidad
El gobierno del presidente Gustavo Petro ha sido señalado en múltiples ocasiones por su tendencia a tergiversar datos, reinterpretar cifras y confundir a la opinión pública con afirmaciones que distorsionan la realidad.
El gobierno del presidente Gustavo Petro ha sido señalado en múltiples ocasiones por su tendencia a tergiversar datos, reinterpretar cifras y confundir a la opinión pública con afirmaciones que distorsionan la realidad. Este fenómeno no es nuevo ni exclusivo del mandatario, pues es seguida por varios de sus funcionarios; pero su sistematicidad y la reiteración de estas prácticas han generado preocupación en sectores políticos y ciudadanos.
El reciente debate entre la senadora María Fernanda Cabal y el exsenador y actual funcionario Gustavo Bolívar ejemplifica esta tendencia. Bolívar aseguró en redes sociales que solo el 60% de los colombianos estaban cubiertos por el sistema de salud, una afirmación que, según datos de la Superintendencia de Salud, es falsa. Cabal corrigió la información y señaló que el número real de afiliados supera los 49,7 millones, alcanzando el 98% de la población si se suman los regímenes especiales. Este episodio no es un hecho aislado, sino una muestra más del uso estratégico de la desinformación como herramienta política.


Un Gobierno Construido sobre la Distorsión de los Hechos
El problema con el discurso de Petro y sus funcionarios es que no solo se trata de errores ocasionales, sino de una estrategia recurrente. Las falsedades van desde la manipulación de cifras económicas hasta la difusión de imágenes engañosas en redes sociales. Recientemente, el presidente publicó una fotografía supuestamente representativa de una situación con el acaparamiento de medicamentos en Colombia, pero al ser descubierto que era falsa, en lugar de admitir su error, insinuó que la imagen había sido manipulada con inteligencia artificial y sus comunicaciones intervenidas como también lo manifestó el ministro de salud Guillermo Alfonso Jaramillo.
La táctica es clara: lanzar información que refuerce una narrativa populista y, cuando se evidencia la falsedad, evadir la responsabilidad sin corregir el daño causado. Esto no solo erosiona la confianza en el gobierno, sino que polariza aún más a la sociedad al crear una lucha de “buenos contra malos”, en la que quien señala las inconsistencias es acusado de ser parte de una conspiración en contra del pueblo.
La epidemia de la desinformación en el gobierno
La costumbre de Petro de distorsionar la realidad ha sido adoptada por varios de sus funcionarios, quienes replican el modelo bajo la premisa aparente de que “el fin justifica los medios”. Las afirmaciones infundadas sobre el supuesto colapso inminente del sistema de salud, la exageración de cifras de pobreza para justificar reformas radicales o la manipulación de datos económicos han sido constantes dentro de la idea de correr la línea ética.
Este fenómeno no es exclusivo de la esfera nacional. A nivel internacional, la retórica del Presidente ha generado conflictos diplomáticos debido a declaraciones sin fundamento sobre temas como el narcotráfico, el conflicto en Gaza y la relación con Estados Unidos. Incluso, a nivel local, el jefe de Estado ha sido obligado por la justicia a retractarse en varias ocasiones, lo que refuerza la percepción de que su discurso es, en muchas ocasiones, una construcción ideológica sin base en la realidad, totalmente falso e irresponsable.
La mitomanía política: ¿Error o Estrategia?
Desde la psicología, la mitomanía es definida como una tendencia patológica a mentir de manera compulsiva. Sin embargo, en el caso de Petro, parece más una estrategia calculada que un simple trastorno, aunque tampoco se descarta su problema desde el punto de vista médico y de salud mental. La manipulación de la realidad le permite mantener movilizada a su base política, justificando fracasos de su gobierno como parte de una conspiración de las élites o los medios de comunicación, como es el caso de repetir en su retórica que se le va a dar un golpe de estado o que lo quieren asesinar.
El problema es que este juego con la verdad y la mentira no es inocuo. Al desinformar sobre temas sensibles como la salud, la economía y la seguridad, el gobierno no solo engaña a la ciudadanía, sino que dificulta la toma de decisiones informadas. Además, al normalizar la mentira en el ejercicio del poder, se deteriora la confianza en las instituciones y se socava la credibilidad del propio Estado.
La Necesidad de un debate basado en la verdad
El gobierno de Gustavo Petro se ha convertido en la principal fábrica de “fake news” en Colombia, utilizando la desinformación como un arma política para sostener su narrativa populista. Sin embargo, esta estrategia tiene un alto costo: la credibilidad presidencial está en su punto más bajo y el país se encuentra más polarizado que nunca.
Ante este panorama, es fundamental que los ciudadanos, los medios de comunicación y los líderes políticos exijan transparencia y veracidad en la información que emite el gobierno. Solo a través de un debate basado en hechos y datos reales se podrá contrarrestar la manipulación y evitar que la posverdad se convierta en la norma en la política colombiana.
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