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(ANÁLISIS) Arranca la carrera presidencial. 14 candidatos en el tarjetón y un tablero político en plena reconfiguración

Con el cierre oficial del periodo de inscripción de candidaturas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, Colombia entró formalmente en la fase decisiva de la campaña presidencial de 2026. El proceso electoral comienza con un panorama amplio con catorce fórmulas presidenciales que quedaron r

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Redacción IFM
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(ANÁLISIS) Arranca la carrera presidencial. 14 candidatos en el tarjetón y un tablero político en plena reconfiguración

Con el cierre oficial del periodo de inscripción de candidaturas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, Colombia entró formalmente en la fase decisiva de la campaña presidencial de 2026. El proceso electoral comienza con un panorama amplio con catorce fórmulas presidenciales que quedaron registradas para competir en la primera vuelta del próximo 31 de mayo, jornada en la que los ciudadanos elegirán cuáles dos candidatos pasarán a disputar la Presidencia de la República en una eventual segunda vuelta.

El periodo de inscripción había comenzado el 31 de enero y finalizó el 13 de marzo. A partir de ahora, el calendario electoral establece una etapa adicional entre el 16 y el 20 de marzo en la que los partidos y movimientos políticos podrán modificar las candidaturas inscritas. Este espacio deja abierta la posibilidad de que algunos aspirantes declinen sus postulaciones, se ajusten fórmulas vicepresidenciales o se concreten acuerdos políticos entre sectores que buscan consolidar fuerzas de cara a la contienda.

Posteriormente, el 25 de marzo, la Registraduría realizará el sorteo que definirá la posición de cada fórmula en la tarjeta electoral. Ese evento, que tendrá lugar en el Centro de Convenciones Ágora en Bogotá, marcará uno de los hitos simbólicos del inicio oficial de la campaña, pues a partir de ese momento quedará definido el orden en el que aparecerán los candidatos en el tarjetón.

Un tarjetón amplio y un escenario competitivo

La lista de aspirantes refleja la diversidad del panorama político colombiano. Entre los candidatos inscritos figuran Clara López por el Partido Esperanza Democrática; Óscar Mauricio Lizcano por la coalición F.A.M.I.L.I.A.; Raúl Santiago Botero por el movimiento Romper el Sistema; Miguel Uribe por el Partido Demócrata Colombiano; Sondra Macollins por su movimiento independiente; Iván Cepeda por el Pacto Histórico; Abelardo de la Espriella por el movimiento Defensores de la Patria; Claudia López con su iniciativa Con Claudia Imparables; Paloma Valencia por el Centro Democrático; Sergio Fajardo por el partido Dignidad y Compromiso; Roy Barreras por el movimiento La Fuerza; Gustavo Matamoros por el Partido Ecologista Colombiano; Luis Gilberto Murillo con su movimiento Luis Gilberto Soy Yo; y Carlos Caicedo.

Aunque el número de aspirantes puede interpretarse como una señal de pluralidad democrática, varios analistas consideran que la competencia real podría concentrarse en un grupo reducido de candidaturas. Dentro del escenario político actual, cuatro nombres aparecen con mayores probabilidades de disputar el paso a la segunda vuelta presidencial.

En el espectro de la derecha se ubica la candidatura de Abelardo de la Espriella junto a su fórmula vicepresidencial, el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo. En la centro-derecha se encuentra Paloma Valencia acompañada por el economista Juan Daniel Oviedo. En el centro político aparece Sergio Fajardo con la exsecretaria de Educación Edna Bonilla. Finalmente, en la izquierda se posiciona Iván Cepeda junto a la líder indígena Aída Quilcué.

Este conjunto de candidaturas refleja el mapa político que comienza a configurarse de cara a la elección presidencial, donde las alianzas, las estrategias discursivas y la capacidad de movilización electoral serán determinantes en los dos meses de campaña que restan antes de la primera vuelta.

Un nuevo punto de partida para las encuestas

El cierre de inscripciones también representa un punto de reinicio para la medición de las encuestas. Hasta ahora, los sondeos de opinión se realizaban en un escenario incompleto, donde aún no estaban definidas todas las candidaturas ni las fórmulas vicepresidenciales.

Con el tarjetón prácticamente definido, las mediciones comenzarán a reflejar con mayor precisión la competencia real entre los aspirantes. Analistas políticos consideran que esta etapa marca una especie de “nuevo partidor” en la carrera presidencial, en el que se redistribuyen las fichas y se reconfiguran las expectativas electorales.

La campaña que se abre ahora será intensa y breve. En poco más de dos meses, los candidatos deberán consolidar sus mensajes, construir alianzas políticas y ampliar su base electoral en un país que llega a estas elecciones con altos niveles de polarización política.

La disputa por los símbolos del discurso político

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención en el inicio de la campaña es la disputa por conceptos políticos que históricamente han sido utilizados por determinados sectores ideológicos.

Durante años, la izquierda colombiana ha buscado posicionarse como el espacio político que representa banderas como la diversidad, la inclusión y la igualdad de género. Sin embargo, algunos observadores consideran que la campaña de Paloma Valencia ha comenzado a disputar ese terreno simbólico, antes bandera de la izquierda.

La fórmula presidencial del Centro Democrático combina dos elementos que tienen fuerte resonancia en esos debates, hasta ahora apropiados por la retórica de la izquierda, con una mujer candidata a la Presidencia y un vicepresidente que ha declarado abiertamente su orientación homosexual.

Para algunos analistas, esta composición representa un movimiento estratégico que intenta ampliar el discurso político del partido hacia sectores que tradicionalmente no se identificaban con la derecha debilitando el discurso tradicional de la izquierda.

Este elemento introduce una dinámica distinta en la campaña, donde las narrativas sobre diversidad e inclusión ya no están exclusivamente asociadas a los sectores progresistas.

El reacomodo de la derecha

El escenario electoral también muestra una reorganización dentro del espectro de la derecha colombiana. La aparición de Abelardo de la Espriella como candidato presidencial ha configurado un nuevo espacio político identificado con posiciones más firmes dentro del conservadurismo, atrayendo una importante base de la línea dura que antes se veía representada en María Fernanda Cabal en el Centro Democrático y que seguramente al quedar por fuera de la contienda, se desplazará a las huestes de Abelardo de la Espriella y José amanu Restrepo.

En paralelo, el Centro Democrático parece ubicarse en una posición siempre deseada desde su fundación en la “centro-derecha”, intentando atraer votantes moderados y tratando de no abandonar su base tradicional en donde están los más radicales. Este reacomodo genera una competencia interna dentro del mismo espectro ideológico, pero también abre la posibilidad de eventuales alianzas en una segunda vuelta presidencial.

La forma en que estos sectores logren coordinar sus estrategias será clave para determinar su capacidad de competir frente al bloque de izquierda.

El desafío del centro político

En medio de este escenario se encuentra Sergio Fajardo, quien busca consolidar una candidatura desde el centro político. Sin embargo, algunos analistas consideran que el espacio del centro se ha fragmentado en los últimos años y enfrenta dificultades para expandirse electoralmente.

Parte del electorado moderado podría verse atraído por el discurso de centro-derecha que intenta posicionar el Centro Democrático con la candidatura de Paloma Valencia y la presencia de Juan Daniel Oviedo. Al mismo tiempo, la ruptura política entre Fajardo y Claudia López dejó una división dentro de ese sector del electorado que aún no parece completamente resuelta.

La capacidad del centro político para recuperar relevancia electoral será uno de los factores que definan el equilibrio de fuerzas en esta campaña.

La apuesta simbólica de la izquierda

Por su parte, el Pacto Histórico ha apostado por una fórmula vicepresidencial con fuerte carga simbólica. La elección de Aída Quilcué como compañera de fórmula de Iván Cepeda busca representar a los pueblos indígenas y a sectores sociales históricamente marginados dentro del sistema político colombiano, una alusión directa a lo que se llama la dictadura de las minorías, como punto de partida para enfatizar en reclamaciones de pequeñas causas justas de carácter histórico.

Quilcué ha sido una figura visible del movimiento indígena del Huila, aunque se presenta como líder del Cauca y ha participado en distintos procesos de movilización social desde el ejercicio de poder dentro de la CRIC. Su presencia en la fórmula presidencial refleja la intención de la izquierda de mantener su conexión con los movimientos sociales y las comunidades organizadas y el simbolismo que hay detrás de la lucha revolucionaria del padre de Cepeda y el abuelo de Quilcué, ambos hechos famosos en la denominación de sangrientos frentes de las Farc como lo fueron el frente Manuel Cepeda y el frente Quintín Lame.

No obstante, algunos analistas también señalan que esta elección plantea interrogantes sobre la dimensión técnica del equipo que podría acompañar una eventual administración en temas complejos como la economía, la política fiscal y las relaciones internacionales.

En ese contexto, varios observadores han planteado que los debates presidenciales podrían mostrar contrastes marcados entre las diferentes fórmulas vicepresidenciales, especialmente en temas relacionados con la gestión económica del país. Algunos esperan deseosos que debate vicepresidencial entre José Manuel Restrepo y Aida Quilcué sobre la dinámica de las golpeadas finanzas públicas en Colombia.

Para otros analistas, la presunta continuidad del Petrismo no es real, y más bien hablan de una entrega de posta en relevos, pues mientras en la sombra de Gustavo Petro estaba el grupo guerrillero desmovilizado M-19, la sombra de Cepeda y Qulcué, está más ligada al grupo guerrillero desmovilizado de las FARC.

Una campaña que comienza con tensiones y expectativas

Con el cierre de las inscripciones y la confirmación de catorce candidaturas presidenciales, Colombia entra en una campaña que promete ser una de las más competitivas de los últimos años.

La fragmentación del escenario político, la disputa por el electorado de centro y el reacomodo de las fuerzas ideológicas anticipan una contienda intensa en la que cada decisión estratégica podría modificar el equilibrio electoral.

En los próximos meses, los candidatos deberán enfrentarse no solo a sus adversarios políticos, sino también a los desafíos de construir coaliciones amplias en un país donde ninguna fuerza política parece tener garantizado el paso a la segunda vuelta.

Las encuestas apenas comenzarán a salir y mostrarán otras fotografías instantáneas del momento, y si bien, las encuestadoras están en su peor momento de credibilidad de imagen, no se podrá negar que serán una excelente herramienta de referencia, para que el país entienda la dinámica política sobre la que transcurrirán los próximos dos meses.

Así comienza la carrera presidencial de 2026, con un tablero político en movimiento y un electorado que tendrá la última palabra sobre quiénes serán los dos candidatos que disputarán el poder en la instancia definitiva de la elección.

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