Saltar al contenido

(Análisis) Abelardo de la Espriella y la sombra de Álvaro Gómez Hurtado. Coincidencias y divergencias en la política colombiana

La política colombiana ha vivido de símbolos y referentes. Álvaro Gómez Hurtado se convirtió en uno de esos nombres que, pese al paso de los años, sigue siendo evocado como una brújula moral y doctrinaria para sectores coherentes del país.

R
Redacción IFM
6 min lectura
Escuchar artículo
(Análisis) Abelardo de la Espriella y la sombra de Álvaro Gómez Hurtado. Coincidencias y divergencias en la política colombiana

La política colombiana ha vivido de símbolos y referentes. Álvaro Gómez Hurtado se convirtió en uno de esos nombres que, pese al paso de los años, sigue siendo evocado como una brújula moral y doctrinaria para sectores coherentes del país. Su asesinato el 2 de noviembre de 1995, lo elevó a la categoría de mito político, con un legado que todavía hoy genera debate y que alimenta la idea de un país distinto, estructurado sobre pilares de institucionalidad, respeto a la propiedad privada, la familia, la democracia y el Estado de derecho.

Casi tres décadas después, el nombre de Abelardo de la Espriella aparece vinculado a ese ideario, en buena medida por la decisión de Enrique Gómez, director del Movimiento de Salvación Nacional, de apoyar su candidatura presidencial. El hecho ha despertado la pregunta: ¿Es de la Espriella la reencarnación política de Gómez Hurtado? Si bien la palabra reencarnación parece más propia de lo simbólico que de lo real, la comparación se hace inevitable al revisar los puntos de contacto en sus discursos y planteamientos.

Las banderas de Gómez Hurtado por un país posible

Álvaro Gómez fue un político conservador que, más allá de sus campañas presidenciales, se distinguió por un discurso centrado en lo que denominó “el acuerdo sobre lo fundamental”. Se trataba de un llamado a repensar la Nación desde sus bases, con un consenso sobre los temas esenciales: la preservación de las instituciones, la defensa de la democracia, la importancia de la familia como núcleo de la sociedad, la propiedad privada como garantía de libertad económica, la seguridad ciudadana y un Estado responsable, capaz de ejecutar políticas sociales sin perder de vista la viabilidad económica.

Su visión chocó de frente con el gobierno de Ernesto Samper, al que acusó de deslegitimación moral tras el escándalo del proceso 8.000. En ese contexto de confrontación política y de crisis institucional, Gómez Hurtado fue asesinado, en un crimen que aún despierta sospechas. Durante años se ha señalado al expresidente Samper como responsable político, al tiempo que las FARC asumieron la autoría material, sin que la justicia haya zanjado por completo el caso.

Este trasfondo convierte a Gómez en un mártir político, alguien que no solo dejó un legado intelectual, sino también la sensación de que su voz fue silenciada por desafiar a un sistema marcado por la corrupción, el narcotráfico y la violencia.

El discurso de De La Espriella, entre la crítica y la reivindicación

Abelardo de la Espriella, abogado y columnista, ha construido una trayectoria pública marcada por la confrontación y el tono polémico. Sin embargo, en su paso hacia la política electoral ha buscado proyectar una narrativa que rescata valores similares a los que enarbolaba Gómez Hurtado. Sus propuestas se articulan en torno al respeto a la institucionalidad, la promoción de la economía libre como generadora de empleo, el fortalecimiento de la familia como base social, la seguridad de todos los colombianos y la necesidad de un gobierno eficiente en la gestión de lo público.

Al igual que Gómez en los años noventa, De la Espriella se ubica como un crítico férreo del gobierno de turno. En este caso, el del presidente Gustavo Petro, a quien responsabiliza de fracturar la unidad nacional con un modelo económico y social que, en su opinión, debilita la propiedad privada y atenta contra la estabilidad democrática, privilegiando a los corruptos, los violentos y al narcotráfico.

El paralelismo con Gómez no se agota en las ideas. También está presente en los momentos históricos: Mientras el conservador cuestionaba el proyecto político de Samper, el abogado cordobés se erige hoy como opositor visible al proyecto de Petro. En ambos casos, se repite la narrativa de resistencia frente a gobiernos señalados por escándalos o tensiones con la institucionalidad.

Coincidencias históricas y ecos de violencia

La comparación ha tomado mayor fuerza por otro hecho reciente: El asesinato del joven Miguel Uribe, episodio que algunos han equiparado simbólicamente al crimen de Gómez Hurtado. Si en los años noventa la sombra de responsabilidad política se proyectó sobre Samper y las FARC, hoy los señalamientos recaen sobre Petro y nuevamente sobre la antigua guerrilla, aunque los hechos estén aún en investigación. La reiteración de un patrón de violencia política alimenta la sensación de que la historia se repite, con distintos protagonistas pero con las mismas tensiones de fondo.

De la Espriella, que era muy joven al momento del asesinato de Gómez, ha sido ungido para reivindicar su legado. La coincidencia de su discurso lo presenta como un continuador de esa visión de país. No en un sentido místico de reencarnación, sino como alguien que busca honrar los principios de institucionalidad, democracia y desarrollo económico que Gómez defendió hasta sus últimos días.

Entre la herencia y el presente

La comparación entre ambos personajes, más allá de las simpatías políticas, deja ver que Colombia sigue atrapada en dilemas estructurales que se repiten con el paso de las generaciones. El discurso de Gómez sobre la necesidad de un acuerdo fundamental sigue teniendo vigencia en un país polarizado y con instituciones cuestionadas. La emergencia de De la Espriella como figura política muestra que hay sectores que buscan revivir ese ideario, adaptándolo a las coyunturas actuales.

Sin embargo, el contexto no es el mismo. Gómez era un político de larga trayectoria, con experiencia en el Congreso, en la diplomacia y en la vida académica. De la Espriella, en cambio, llega desde el ejercicio del derecho y la opinión pública, con un estilo más frontal y polémico. El reto para él no será solo reivindicar un legado, sino demostrar que puede convertir esas banderas en propuestas viables y en consensos efectivos en un país mucho más fragmentado que el de los años noventa.

La política colombiana parece condenada a dialogar con sus fantasmas. Álvaro Gómez es uno de ellos: Un referente al que se recurre en tiempos de crisis, cuando se busca claridad frente a la incertidumbre. De la Espriella, al asociarse con esa memoria, se expone a ser medido bajo un estándar muy alto, el de un líder cuya ausencia aún duele y cuya voz aún se recuerda.

LE PUEDE INTERESAR - ifmnoticias
Compartir:

Noticias relacionadas