(ANÁLISIS) Encuesta Invamer sacude el tablero político, pero el 43,7% de indecisos deja abierta la contienda presidencial
La más reciente encuesta de Invamer produjo un remezón en el escenario político colombiano al ubicar a Iván Cepeda como ganador en intención de voto dentro del panorama presidencial. Sin embargo, el dato que más inquieta a campañas y analistas no es el primer lugar del candidato de la izquierda radi
La más reciente encuesta de Invamer produjo un remezón en el escenario político colombiano al ubicar a Iván Cepeda como ganador en intención de voto dentro del panorama presidencial. Sin embargo, el dato que más inquieta a campañas y analistas no es el primer lugar del candidato de la izquierda radical, sino el 43,7% de ciudadanos que se declararon indecisos. Esa cifra, por sí sola, impide considerar el sondeo como un reflejo definitivo del comportamiento electoral y convierte el resultado en una fotografía momentánea más que en una proyección consolidada.
El estudio se publica a pocos días de las elecciones legislativas del 8 de marzo, jornada en la que además se realizarán consultas interpartidistas en sectores de izquierda, centroizquierda y centroderecha para definir candidaturas que complementarán el tarjetón presidencial de primera vuelta. Con Iván Cepeda ya definido por su sector y Abelardo de la Espriella por la derecha, los resultados de las consultas terminarán de configurar el mapa electoral que, a partir del 9 de marzo, entrará formalmente en campaña presidencial.
En ese contexto, la encuesta se convierte en un insumo estratégico para medir clima político, pero también en objeto de fuertes cuestionamientos.
El peso de los indecisos y la fragilidad de las tendencias
El 43,7% de indecisos representa casi la mitad del electorado consultado. En términos estadísticos, esta proporción impide considerar que exista una tendencia consolidada. Un traslado parcial de ese segmento hacia cualquier candidatura podría alterar radicalmente la distribución actual.
En procesos electorales anteriores, los indecisos han demostrado comportamientos volátiles, especialmente cuando el debate público se intensifica y cuando la oferta de candidatos se consolida. En este caso, aún faltan por definirse nombres clave en las consultas del 8 de marzo, lo que hace que el escenario esté lejos de ser definitivo.
Los analistas coinciden en que la encuesta ofrece una fotografía del momento político, pero no predice el resultado electoral. El nivel de indefinición deja abierta la posibilidad de un reacomodo profundo del tablero en las próximas semanas.
La discusión sobre la muestra y el posible sesgo
Más allá de los porcentajes, el debate se ha centrado en la composición demográfica de la muestra. Según los datos publicados, una proporción significativa de los encuestados pertenece a estratos 1, 2 y 3, que en conjunto representarían más del 70% del universo consultado. Asimismo, el nivel educativo predominante corresponde a primaria, bachillerato y formación técnica, sumando alrededor del 64,6%.
Algunos analistas sostienen que este perfil podría favorecer a candidatos asociados al gobierno, especialmente en un contexto en el que políticas como el aumento del salario mínimo, la reducción de precios de combustibles y la ampliación de subsidios han tenido impacto en sectores de menores ingresos.
Desde esta lectura, el estudio habría captado de manera más intensa el electorado de base popular, tradicionalmente más cercano al oficialismo. Sin embargo, otros expertos recuerdan que la composición de la muestra responde a criterios establecidos por la normatividad vigente en materia de encuestas electorales.
El efecto de la regulación electoral en las encuestas
La llamada “ley mordaza”, que regula la metodología y publicación de encuestas, introdujo cambios en los últimos años para evitar prácticas de replicación o manipulación de resultados. Esta normativa obliga a las firmas a diseñar muestras que reflejen la realidad demográfica nacional, incluyendo municipios intermedios y poblaciones rurales.
Según algunos analistas consultados, esta fórmula tiende a dar mayor peso relativo a estratos bajos y zonas no urbanas, equiparando su representación frente a grandes capitales. Esto puede generar percepciones de sesgo cuando los resultados favorecen a candidatos con mayor penetración en esos segmentos.
No obstante, la metodología aplicada debe cumplir parámetros técnicos auditables, y las encuestas continúan siendo instrumentos de medición, no de predicción.
El contexto económico y el efecto en la imagen presidencial
Otro elemento señalado por analistas tiene que ver con el momento económico. En la recta final del gobierno, el presidente Gustavo Petro ha impulsado medidas con impacto directo en el ingreso disponible de ciertos sectores, como el incremento del salario mínimo, la reducción en el precio de combustibles y la ampliación de subsidios a adultos mayores, campesinos e indígenas.
Estas políticas, junto con la expansión de contratación estatal en algunas áreas, podrían incidir en la percepción favorable del mandatario y, por extensión, en el desempeño de candidatos identificados con su proyecto político.
La encuesta muestra que la imagen de Petro registra uno de los niveles más altos de favorabilidad de su mandato. Para algunos analistas, esta recuperación está directamente vinculada con decisiones económicas recientes que tienen efecto inmediato en sectores populares.
Reacciones de las campañas y cuestionamientos políticos
Las campañas que no resultaron favorecidas en el sondeo han cuestionado los resultados y la metodología. Algunas sostienen que el estudio no refleja la realidad electoral y que la alta proporción de indecisos desvirtúa cualquier conclusión categórica.
También ha llamado la atención que, a una semana de elecciones legislativas, el foco principal de la encuesta no se concentrara en la intención de voto al Congreso, sino en el escenario presidencial. Este aspecto ha sido interpretado por sectores políticos como un movimiento estratégico dentro del debate público.
Otros analistas recuerdan que las encuestas tienen múltiples variables que influyen en sus resultados: quién las financia, cuál es su propósito editorial y cómo se construye la muestra. No obstante, subrayan que estos estudios siguen siendo herramientas válidas para medir clima de opinión.
Un tablero en movimiento
Con consultas interpartidistas aún por realizarse y un porcentaje elevado de ciudadanos sin decisión definida, el escenario presidencial continúa abierto. A partir del 9 de marzo, cuando queden definidos todos los candidatos de primera vuelta, la campaña entrará en una fase más intensa de confrontación programática y debate público.
El comportamiento de los indecisos será determinante. En elecciones anteriores, este segmento ha mostrado capacidad de inclinar la balanza en cuestión de semanas, especialmente cuando surgen nuevos liderazgos o alianzas.
Por ahora, lo único concluyente es que el tablero político está lejos de estabilizarse. La encuesta de Invamer refleja un momento específico, en medio de una coyuntura marcada por decisiones económicas, debates institucionales y definiciones partidistas pendientes.
En términos estratégicos, el resultado confirma que la contienda presidencial será altamente competitiva y que el escenario de primera y segunda vuelta dependerá en buena medida de cómo se redistribuya ese 43,7% de ciudadanos que aún no toma partido. El reacomodo político tras el 8 de marzo podría redefinir completamente las tendencias y abrir una nueva fase en la carrera hacia la Casa de Nariño.
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