(OPINIÓN) La carta que alindera pero no distancia. Por: Álvaro Ramírez González
Por una extraña coincidencia, me encontraba yo en Barranquilla, atendiendo una gentil invitación de Abelardo De La Espriella a almorzar en su oficina, cuando se volvió evidente e inaplazable la diferencia con Álvaro Uribe.
Por una extraña coincidencia, me encontraba yo en Barranquilla, atendiendo una gentil invitación de Abelardo De La Espriella a almorzar en su oficina, cuando se volvió evidente e inaplazable la diferencia con Álvaro Uribe.
Fue en su oficina en el Prado, acompañado de Carlos Suárez, su asesor político, y de Joaquín Gutiérrez, su jefe y asesor operativo. Al terminar el almuerzo, el pasado miércoles 3 de diciembre, entró la llamada del presidente Uribe, compartida con otros importantes empresarios cuyo nombre omito.
El Tigre no puede aceptar, bajo ninguna circunstancia, someterse a dos consultas antes de la primera vuelta, sobre todo, para competir con rivales que apenas superan algunos el 1% en las encuestas. Pero si le propuso el Tigre a Uribe, que le ahorraran una millonada al Estado y que pagada por todos los competidores, hicieran ya mismo una gran encuesta para escoger el candidato único de la derecha a la primera vuelta.
Uribe tampoco aceptó la contraoferta del Tigre y allí se generó una incómoda y razonable distancia en el procedimiento. Nada que hacer. Yo me vine de la reunión un poco aplanchado porque dejé al Tigre y a sus asesores, igualmente desconcertados con la terquedad de Uribe. Pero nada de pánico.
El Tigre le envió ese mismo día al presidente Uribe una carta tan respetuosa como firme en su posición de no concurrir a ninguna consulta previa y en contrario, irse directo con su candidatura a la primera vuelta electoral. Tiene todo el sentido del mundo, pero además anunció que recibe a todos aquellos que se quieran unir a su candidatura sin problema ni complicación alguna.
Más claro, no canta un gallo. Pero cantó un tigre. Así las cosas, cada quien seguirá por su camino, respetando la posición de los otros, pero en el entendimiento de que somos lo mismo, y perseguimos la misma causa. Es una diferencia temporal de forma y no de fondo.
Y el Tigre la protocoliza con una carta que establece linderos con su vecino, el Centro Democrático, pero no lo distancia en sus propósitos comunes. ¡Más adelante el camino nos va a unir! Así debe ser. ¡Cada loro en su estaca!

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