El gran Joe Arenas
Este columnista por principio, jamás ha dedicado uno solo de sus artículos a lamentar la partida de alguien de este mundo.

Por: Álvaro Ramírez González
Este columnista por principio, jamás ha dedicado uno solo de sus artículos a lamentar la partida de alguien de este mundo.
Trata temas de interés general y no particular de nadie.
Pero la partida de mi gran amigo, José Arenas Aristizábal, me impone sin la menor duda, hacer una excepción.
Y lo hago, no por el dolor que llevo en el corazón al verlo partir tan intempestivamente, sino porque se trata de un personaje claramente singular en la historia de Pereira.
Una profunda convicción religiosa, un eje familiar sólido, a pesar de muchas dificultades, y un amor por Pereira sin par, definen para mí la personalidad del gran Joe, como le decíamos todos.
Se fue ya viejo, como es lo normal en la condición humana, pero la noticia de su partida, sacudió muy fuerte a la sociedad Pereirana.
Su civismo no transitó por un cargo público, ni menos por el activismo en la política partidista.
Joe, siempre estuvo interesado y cerca de lo que pasaba en su amada Pereira.
Hasta que su salud se lo permitió, nos convocó a su casa, a todos los que fuimos alcaldes de esta nuestra ciudad.
Tampoco fue crítico ácido de los hechos políticos ni de los temas de ciudad.
Respetuoso de la dignidad de todos estos personajes que acudimos a su convocatoria, se limitaba a escuchar con mucha atención los temas de cuidad expuestos por los principales protagonistas.
Pero se convertían esas reuniones todas convocadas por el gran Joe, en unos foros de discusión y análisis de la política y de nuestra Pereira.
Su desempeño empresarial fue notable y recorrió el mundo buscando negocios y empresas para traer a su Pereira.
Su amor por esta ciudad lo hizo meterse con el mismo amor de Miro Malca, y César Nader, a enfrentar el duro desafío del Deportivo Pereira, al que le dedicó algunos años de su vida.
A Pereira le sobraron políticos y oportunistas.Le faltaron y le faltan aún empresarios como el gran Joe, que expongan su patrimonio, en esta dura aventura.
Joe lo hizo con una dedicación y un amor únicos. Su gran fortaleza fueron sus amigos.
Nadie convocaba y aglutinaba a sus amigos con tanto fervor y tanta pasión como el gran Joe.
Yo acudí a cientos de sus convocatorias que nos producían gran alegría a todos, pero que nadie se ocupaba de convocarlos con la frecuencia y la disciplina de Joe.
La partida de los viejos es un proceso normal en la sociedad. Pero la Catedral de Pereira ayer no solo estaba llena, sino triste. Se fue el gran Joe!
“ Nos tocará aprender a vivir sin él, como dijo en la Iglesia su hija Ana María.”
El descansa, Pereira lo extrañara por siempre.

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