Las noticias que últimamente nos llegan de la Presidencia tienen sorprendida y angustiada a la comunidad pensante del país, porque pareciera que personajes del gobierno, como otrora lo hicieron, continúan realizando ataques guerrilleros sorpresa, y no es para menos, porque con la promulgación, como un dictador saltándose el Congreso como retaliación por la no aprobación de la reforma tributaria, presentó la emergencia económica, ad portas de la vacancia judicial para evitar la revisión por parte de la Corte Constitucional.
Adicionalmente, cumpliendo las repetidas amenazas, inscribe con un grupo de áulicos ante el CNE el proyecto de una Constituyente con el fin único de destruir la Constitución del 91, porque esta ha sido la piedra en el zapato para lograr los cambios a la estructura del Estado por parte de su gobierno.
Como si fuera poco, se viene con el decreto de incremento del 23% al salario mínimo vital, que no es otra cosa que pasarse por encima las discusiones de la mesa de concertación, con un decreto cuyo incremento está por encima de lo pedido por las centrales obreras.
No entiende el Presidente, con su aparente ignorancia en el manejo de la cosa pública, que las fórmulas de la economía se basan en la búsqueda de un equilibrio para evitar desajustes que llevan al traste las políticas fiscales y económicas de la Nación, como lo que va a suceder con semejante incremento del salario mínimo.
y aunque el Presidente no lo crea, los colombianos somos solidarios con los que tienen menos ingresos; reciban mayores salarios que les permitan cubrir sus necesidades, pero este incremento de un solo golpe desajusta las finanzas públicas y privadas. Tal vez el mandatario y sus funcionarios, con su estilo populista y con el ánimo de obtener adeptos con fines electorales, no consideraron que hoy en Colombia existen nuevas dinámicas como la IA Inteligencia Artificial, que impactan el empleo y con medidas como la que nos ocupa, van a mejorar los ingresos de los unos pocos que tienen empleo, comparados con el 46% de los que viven en la informalidad, ampliando la brecha frente a los que tienen cubierta la salud y las prestaciones sociales y los informales que nada tienen.
En una economía en emergencia, como lo anunció el Presidente, un incremento como el anunciado se traduce en mayor inflación, la que destruye el fin de este incremento, generando más presión sobre la asistencia social por parte del Estado para los que no tienen empleo.
Adicionalmente, se afectará el 95% de pequeñas y medianas empresas, conformadas por mipymes y de familia rurales y urbanas, cuyo sustento lo derivan de su labor empresarial, asistidos por empleados que ganan cerca del mínimo y para mantenerlos, harán recortes de personal que presionarán la tasa de desempleo a dos dígitos.
No se entiende cómo los economistas del gobierno no han tenido en cuenta estas apreciaciones y también los pensionados se afectarán en sus ingresos porque el ajuste de sus mesadas será con base en el IPC del 5,5 o 6%, pero la inflación llegará muy cerca al 10 o 12% con el encarecimiento de la canasta familiar porque el agro se mueve mucho alrededor del salario mínimo.
Petro se ha pegado un tiro en el pie y muy pronto veremos los efectos en el 2026 de este descalabro, el que vivirá el gobierno al incrementar sus costos en el 1% del PIB sin dinero para asumirlo y las empresas, cuando sus puntos de equilibrio se eleven tanto, que tengan que prescindir de los servicios de muchos colombianos.




