martes, julio 22, 2025
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(OPINIÓN) Para salvar a Colombia otra vez. Por: Saúl Hernández Bolívar

Es hora de pensar en Colombia, y Álvaro Uribe, con su capacidad de convocatoria, la puede salvar otra vez.

Álvaro Uribe Vélez ya salvó a Colombia una vez, cuando el país estaba al borde de convertirse en un Estado fallido a comienzos de este siglo. Y podría salvarla de nuevo, aun cuando él se encuentra inmerso en un falso proceso judicial que pretende condenarlo para alejarlo de la actividad política por el resto de su vida.

El domingo 13 de julio se organizó en pocas horas un foro virtual del Centro Democrático alrededor del tema de la seguridad con la participación de casi todos los sectores de oposición al gobierno de Petro. El foro fue impulsado por Uribe, quien se aseguró de invitar personalmente a muchos de los participantes. Solo su capacidad de   convocatoria podría haber logrado algo así.

Participaron toda clase de líderes de centro y derecha, como Enrique Peñalosa, Juan Manuel Galán, Mauricio Cárdenas, Luis Alberto Moreno, María Fernanda Cabal, Francisco Lloreda, Juan Carlos Pinzón, Martha Lucía Ramírez, Paloma Valencia, Francisco Barbosa, el padre de Miguel Uribe y muchos más. Entre otras cosas porque el expresidente Uribe se tomó la molestia de llamarlos para invitarlos al conversatorio.

Uribe no paró mientes en el hecho de que es una figura política que está al borde de ser defenestrado por un proceso injusto, que el día 28 de este mes podría dejarlo por fuera de la actividad política si se emite un fallo condenatorio en su contra. Sin embargo, hace como 20 años puso el futuro de Colombia por encima de su seguridad personal, hasta enfrentando atentados criminales desde el mismo día de su posesión cuando las Farc atacaron con rockets el Palacio de Nariño provocando más de 20 muertos en una zona aledaña a la sede presidencial. Hoy también hace de lado su situación personal para anteponer las urgencias del país y sus habitantes.

Nadie puede poner en duda las habilidades de Uribe para liderar un trabajo grupal exitoso. Su primer paso da a entender perfectamente que la unión es necesaria, que la profusión de egos y vanidades nos puede deja malheridos a todos, no solo a los candidatos, ninguno de los cuales puede ganar solo, sino a los 50 millones de colombianos, que podríamos quedar condenados a vivir por décadas bajo la egida de un gobierno liberticida y despótico que solo producirá miseria y atraso.

Hoy tenemos cerca de 75 candidatos donde apenas una decena tienen serias pretensiones de triunfo. Los demás, por ahora, tan solo constituyen una generación de ‘candidotes’ que creen que tienen posibilidades de alcanzar la presidencia aunque en las encuestas ni siquiera lleguen al margen de error. Sea de mala o de buena fe, lo único que estos logran es diluir los votos entre todos, mientras el Pacto Histórico se prepara para escoger un solo candidato. De esa manera, la izquierda podría permanecer en el poder sin mucho esfuerzo, y eso que cuenta con otras opciones como no permitir que haya elecciones, influir en el conteo de votos y el veredicto de la Registraduría o emplear millonarias partidas públicas para comprar sufragios a lo largo y ancho del país.

Vistas así las cosas, no necesitamos figuras mesiánicas sino una plataforma programática común y un grupo de líderes que se comprometan a llevarla a cabo cualquiera que sea quien gane una consulta interpartidista que debería llevarse a cabo a más tardar en marzo, junto con las elecciones para el Congreso. De aquí a allá, todos los candidatos deben participar activamente en los foros convocados por Uribe y comprometerse seria y visiblemente con apoyar el ganador, con la certeza de que fragmentar los votos por pura vanidad solo hará que nunca más pueda nadie aspirar a la primera magistratura en un país cooptado para siempre por una izquierda que mata la democracia. Sería un suicidio.

Que sigan todos el ejemplo de Uribe, que pudiendo regresar a las mieles del poder investido como vicepresidente, ha desechado esos cantos de sirena. Es hora de pensar en Colombia, y Álvaro Uribe, con su capacidad de convocatoria, la puede salvar otra vez.

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