Hoy es el inicio de la Cuaresma, fecha que marca el inicio del periodo de preparación espiritual hacia la Pascua en la Iglesia católica. Será un tiempo de 40 días de penitencia, reflexión y prácticas religiosas orientadas a la conversión.
De acuerdo con las creencias en la iglesia católica el Miércoles de Ceniza es el primer día del tiempo cuaresmal. La información indica que el Misal Romano establece que en esta fecha se bendice e impone la ceniza obtenida de la quema de ramos de olivo u otros árboles, generalmente provenientes del Domingo de Ramos del año anterior. En algunos lugares, estas cenizas se mezclan con agua bendita o aceite para facilitar su aplicación.
En el Antiguo Testamento, la ceniza aparece asociada al duelo, la súplica y el arrepentimiento. En los primeros siglos del cristianismo, los penitentes públicos se cubrían de ceniza como signo de conversión. Fue a partir del siglo XI cuando la imposición se incorporó formalmente al Miércoles de Ceniza como celebración litúrgica.
El sacerdote bendice la ceniza y la impone sobre la cabeza o la frente de los fieles pronunciando una de estas fórmulas: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver”. No existe una respuesta obligatoria por parte de quien la recibe y se recomienda conservar una actitud de recogimiento.
La palabra “ceniza”, del latín cinis, alude al resultado de la combustión y simboliza caducidad, humildad y penitencia. También remite al relato del Génesis sobre el origen del ser humano y su retorno a la tierra.
Es de indicar que el Miércoles de Ceniza no es día de precepto, por lo que no es obligatoria la asistencia a misa ni la recepción de la ceniza. No obstante, la Iglesia establece que es jornada de ayuno y abstinencia.

El ayuno aplica para los fieles entre 18 y 60 años y consiste en realizar una comida principal al día. La abstinencia de carne rige desde los 14 años y se observa también todos los viernes de Cuaresma.
La ceniza puede imponerse fuera de la misa en celebraciones de la Palabra, y cualquier persona puede recibirla, incluso si no es católica, dado que se trata de un sacramental que dispone a la gracia.
Con esta celebración, la Iglesia inicia un periodo litúrgico centrado en la preparación espiritual hacia la Pascua.





