jueves, junio 17, 2021
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Me sigue doliendo Bogotá

Víctor Hugo Galeano

Hace algunos meses realicé una publicación que titule “Me duele Bogotá”. Como todo habitante de la ciudad que me vio nacer siempre he tenido la esperanza que mi Bogotá cada instante vaya hacia adelante, mejore los índices negativos en temas como la cultura ciudadana, la seguridad, la organización urbana y simplemente ver el futuro de la capital con optimismo.

Tengo que reconocer que debe de ser muy difícil el ocupar los altos cargos de la Administración Distrital en una ciudad que afronta tantos problemas, pero como todo ciudadano, lo que se espera, es que por lo menos los puntos negativos que siempre han existido no aumenten cada día. Infortunadamente, esto parece ser una utopía, ya que los ciudadanos de a pie, que nos atrevemos a recorrer las calles, percibimos en carne propia la capital y nos damos cuenta de que cada vez vamos peor.

Si usted decide usar el transporte público como lo es el sistema Transmilenio y paga su pasaje como debe ser, se puede considerar de una esas personas lentas, que no son tan ‘vivas’ para colarse y viajar gratis. El pasado martes, en la estación carrera 22 de la trocal de la calle 13, a las cuatro de la tarde, logré documentar el ingreso en siete minutos de 97 usuarios de los cuales solo 23 pagaron el pasaje. Allí solo se encontraba un auxiliar de policía que nada podía hacer. Es indignante y da coraje que los impuestos de los ciudadanos paguen los pasajes de unos ‘avispados’. El que se apodera de los recursos del Estado es tan delincuente como el que no cumple las normas y no paga un pasaje de un bus.

La inseguridad en la ciudad ha aumentado de manera exponencial. Hemos visto cómo, incluso, han sido asesinados usuarios del sistema público de transporte por robarles un celular, cómo en las ciclorrutas las personas que se movilizan en bici son asaltadas a diario, o cómo los vecinos en los barrios son víctimas de los delincuentes. Lo curioso es que las autoridades solo dicen que la inseguridad es una percepción y que las estadísticas muestran un descenso. Me imagino que si se recorre la ciudad en una camioneta blindada y con escoltas no resulta muy preocupante la inseguridad. Además, no he visto a un solo bogotano que en los informes que realizan los diversos medios de comunicación digan que se sienten seguros al salir a la calle y muchas víctimas no denuncian porque los trámites son demasiado complicados y debido a la ineficacia de la justicia la mayoría de los delincuentes capturados son liberados a las pocas horas.

También es preocupante el desorden que se presenta en las zonas comerciales de la ciudad en época de pandemia cuando son las mismas autoridades las que hablan de la imperiosa necesidad de respetar los distanciamientos físicos y son ellas mismas las que se hacen las de la ‘vista gorda’ y permiten el hacinamiento de cientos de vendedores informales que, sin respetar las medidas de bioseguridad, congestionan el espacio público e impiden la libre movilidad de los transeúntes.

Parece que la cultura ciudadana se olvidó y las autoridades no pueden o no quieren hacer nada. Un delincuente con 26 anotaciones por hurto vuelve a asaltar a mano armada y lesiona a una mujer; las señales de tránsito solo son un adorno para muchos peatones y ciclistas; los vendedores informales y los chatarreros no son controlados cuando utilizan el perifoneo a alto volumen en las calles de la ciudad y en fin parece que es una moda violentar las normas básicas de convivencia.

Es imperioso que las autoridades cumplan con sus funciones. ¡Para eso fueron elegidas!

@lunado27

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