martes, diciembre 7, 2021
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Los usuarios de WhatsApp y Telegram: los títeres del sistema

Por: José Ignacio Penagos H.

Las guerra tecnológica que se viene dando desde hace algunos años no ha parado y por el contrario se han incrementado las acciones hostiles en el mundo durante la pandemia.

La virtualización de la mayoría de procesos cotidianos que han llevado a que desde la escuela, la universidad, el trabajo y hasta el entretenimiento hayan tenido que ser mudados a los hogares, ha hecho que las tecnológicas inviertan millones para sobresalir y acaparar el mercado de los incautos.

Tras la derrota de Donald Trump en las  nuevamente dudosas elecciones de los Estados Unidos, volvieron las denominadas Big Tech a ser protagonistas. Si bien hace cuatro años la elección de Trump fue puesta en duda por la supuesta influencia rusa a través de plataformas como Facebook y otros «hackeos», en esta oportunidad volvió a ser Facebook, Twitter y WhatsApp las protagonistas.

Con el bloqueo a las cuentas de Donald Trump por parte de las norteamericanas Facebook y Twitter y la nueva política de privacidad de WhatsApp cuyo propietario es Facebook de Mark Zuckerberg, se vino con toda la fuerza la alternativa de Telegram, un servicio similar al WhatsApp de propiedad de Pável Valérievich y Nicolai Dúrov; un par de hermanos rusos que además son fundadores de la tecnológica VK, ambas con sede en San Petersburgo, Rusia.

En solo 72 horas, a esta red, le llegaron 25 millones de usuarios, pero curiosamente la mayoría de los nuevos usuarios no provienen de Estados Unidos, que si bien dicen han convertido a Telegram en la segunda aplicación más descargada en el país durante el pasado fin de semana, no fue a un nivel que es podría esperar por el nivel de crispación política y social que allí se vive.

Curiosamente, el 38 % de los nuevos usuarios proceden de Asia, el 27 % de Europa, el 21 % de América Latina y el 8 % de los países del Medio Oriente y el norte de África; en lo que parece corresponder a un aprovechamiento publicitario y de voz a voz por parte de Telegram para buscar arrebatarle una buena tajada de la participación dominante en el mercado a WhatsApp.

El poder que acaparan las empresas propietarias de las redes sociales, es cada vez mayor y su nivel se influencia sobre los usuarios es de extrema importancia y más tras la comprobada capacidad que tienen estas plataformas, para modificar, cambiar e influenciar en la toma de decisiones colectivas y de masas.

Desde la «Primavera Arabe» entre el 2010 y el 2012 en los países del medio oriente, se pudo comprobar el poder que tenían estos servicios de chat que actúan al tiempo como redes sociales y foros de discusión que permiten la apertura de grupos temáticos en los que se hace desde pedagogía ideológica hasta procesos de movilización social.

Es así como al descubrirse el poderío de estas plataformas, se encontró que el nivel de influencia, era mejor negocio que el económico. Si alguna vez se han preguntado cómo subsiste una red de este tipo como WhatsApp o Telegram, que no tienen publicidad; es porque no les interesa monetizar por vía tradicionales y su verdadera financiación viene en la venta de esta capacidad de influencia: El poder de hablarle directamente a cada persona en su propio dispositivo móvil, hablarle de frente, sin distracciones y en su propia intimidad.

Lo que venden estas tecnológicas, es el acceso a su base de datos y la capacidad de conducir los diálogos, debates y finalmente las decisiones. De poder meter en cada grupo o conversación sus propias frases e ideas de acuerdo al mejor postor. Si bien WhatsApp publica abiertamente sus políticas de privacidad obligados por la ley, no ocurre lo mismo con los rusos de quién se tiene ya la evidencia y la experiencia de sus nebulosas entre lo que divulgan y lo que realmente hacen.

Sin hacer defensa de ninguna plataforma, solo se llama la atención sobre realmente si lo que se está haciendo es entregar la base de datos que ya se le había entregado a los norteamericanos ahora a los rusos.

Y es que los rusos han sido los más ansiosos en la búsqueda de esas bases de datos, no de gratis se han puesto en la tarea de invadir con bots y subprogramas aparentemente divertidos en Facebook por ejemplo, de hacer que te registres para conocer que rey fuiste en el pasado, como serían tus hijos si te casaras con un famoso, cómo te verías si fueras mujer o un niño o un viejo; entre miles de estos juegos movidos por los rusos.

VK, de los hermanos Dúrov, es una de esas empresas que tiene un pasado oscuro y que comparte, por coincidencia, su inicio en una universidad hasta convertirte en una poderosa red social en Rusia. Su fundador, Pável Dúrov, reconoció que terminó vendiendo a los aliados de Putin, el 88 % de VK, Durov vendió sus participaciones por varios cientos de millones de dólares para luego crear Telegram, una red social que opera con mayor éxito en todo el mundo mientras VK en Rusia.

La nebulosa sobre la transparencia en la divulgación de sus políticas de privacidad rusas, han sido denunciadas abiertamente en Estados Unidos y en Europa. Por esta razón, fueron obligadas desde la UE y en el propio Estados Unidos a endurecer las políticas que contrarresten desde las posiciones dominantes y el abuso sobre las políticas de privacidad; en este sentido WhatsApp ha cumplido con las divulgaciones abiertas, mientras que Telegram, sigue diciendo que es más segura pero no permite interventorías o revisiones internacionales que verifiquen el cumplimiento de las mismas, quedando en duda si dicen o no la verdad.

Lo que es claro es que los debates tecnológicos de este tipo no son nuevos y las acusaciones mutuas se vienen repitiendo y que tienen intereses en donde no solo ronda el poder económico sino el poder de la influencia y la manipulación que ya se ha comprobado. En este sentido, vale la pena preguntarse ¿en dónde quedan los usuarios?.

El usuario pasa a un segundo y hasta tercer plano. Las tecnológicas dan por sentado que la dependencia a sus productos son de tal magnitud que mirar la individualidad se justifica en la medida que se obtenga la mayor cantidad de datos que permita perfilar y clasificar a ese individuo. De manera comercial es llamado usuario, pero en realidad es un insumo objeto de análisis. Saber lo que más se pueda de la persona es lo que permite que se pueda rentabilizar bien sea en el sector privado o al servicio de los poderes e intereses políticos.

Es así como al usuario se le vulneran sus derechos y aunque desde el Congreso de los Estados Unidos y pasando por el Parlamento Europeo se intentan poner cortapisas a estos abusos, es claro que las prácticas superan las legislaciones locales en el mundo.

El sistema impuesto por las BigTech supera a los gobiernos y las legislaciones. La diversidad jurídica con sus diferencias en cada país, hace que exista una predominante en el comportamiento para los países o zonas más grandes como Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia; por lo que las empresas acomodan sus políticas a esas principales economías mientras que los demás países tratan de poner control sobre algo que no pueden, quedando la alternativa se sumarse al seguimiento de alguna de esas políticas.

Colombia asume que lo que se dé para Estados Unidos o para Europa es válido, pero dista mucho la intención a lo que está escrito en leyes y normas al respecto, quedando el usuario como un simple observador. El sistema político riñe con el sistema jurídico y el nuevo sistema tecnológico que en vez de acomodarse, hace que sean los demás sistemas los que se acomoden a su imposición. Repito, eso ocurre en los países de economías emergentes como lo es Colombia. Pero igual la imposición la ejercen sobre todos los países, hasta con los que negocian directamente.

A eso se le llama la dictadura tecnológica y es lo mas cercano a un sistema socialista como ya se lee de manera anónima en las redes: «son ejemplos perfectos de socialismo: lo obtienes gratis, no tienes voz ni voto en cómo funciona. El tipo que lo dirige es rico. Controlan su acceso a la información. No tienes privacidad, y si dices algo que no les gusta, te callan».

Es el sistema del que los usuarios son los «borregos» que solo tienen la alternativa de aceptar y si no se quedan sin servicio y si se cambian, ocurrirá lo mismo. Entre tanto las empresas siguen haciendo negocio con el usuario y aprovechan su capacidad de influencia para movilizar, como ya lo saben hacer, hacia sus propias huestes, como lo estamos viendo con Telegram, que aprovecha el cambio de política de la norteamericana para llevarse los usuarios a Rusia; curiosamente, dos países que a lo largo de la historia son enemigos y han librado mas de una guerra fría y esta es una mas.

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