La llamada Junta de Paz impulsada por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, celebró su reunión inaugural en Washington con la promesa de movilizar miles de millones de dólares para la reconstrucción de Gaza y coordinar una fuerza internacional de estabilización, aunque varios aliados tradicionales optaron por mantenerse al margen o participar solo como observadores.
El encuentro fue encabezado por el mandatario de los estadounidenses en el Instituto de la Paz, espacio que Trump rebautizó recientemente con su nombre. Según funcionarios, más de 20 países estuvieron representados en la sesión, algunos como miembros formales y otros en calidad de observadores.
Entre los países que habían firmado como integrantes de la junta figuraban Israel, Arabia Saudita, Egipto, Qatar, Hungría y Belarús, este último bajo sanciones estadounidenses y europeas por su respaldo a la guerra de Rusia en Ucrania.
Otros gobiernos europeos decidieron no integrarse como miembros permanentes y enviaron representantes de menor rango o participaron únicamente como observadores, la Unión Europea estuvo representada por su comisionada para el Mediterráneo, mientras que el Vaticano decidió no sumarse a la iniciativa.
Rusia y China fueron invitados, pero no se incorporaron formalmente al mecanismo. Durante los días previos, Trump adelantó que los países participantes anunciarían compromisos superiores a los $5.000 millones de dólares destinados a asistencia humanitaria y reconstrucción en Gaza, así como el aporte de miles de efectivos para una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF).
Sin embargo, hasta el momento de la reunión, ningún gobierno había hecho públicos compromisos financieros definitivos ni anuncios formales sobre el envío de tropas.
Un funcionario israelí afirmó que Washington proyectaba una fuerza de hasta 20.000 soldados para integrar la ISF. No obstante, persistían interrogantes sobre el calendario de despliegue y el papel que tendría la misión en la eventual desmilitarización de Hamás, uno de los puntos más sensibles del plan.
Algunos países manifestaron disposición a contribuir económicamente aunque no contemplaban enviar fuerzas armadas, por otra parte, también existieron reservas sobre financiar la reconstrucción sin garantías de que Gaza no volviera a ser escenario de bombardeos.
La reunión se llevó a cabo en medio de un incremento de la presencia militar estadounidense en Medio Oriente y de advertencias de Trump sobre posibles acciones contra Irán si no se alcanzaba un acuerdo nuclear.
Diplomáticos señalaron que la situación iraní sobrevoló las conversaciones y que varios asistentes reiteraron su preferencia por evitar una escalada militar en una región clave para el comercio y el suministro energético mundial. En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, tenía previsto abordar el tema en contactos posteriores con autoridades israelíes.
Trump sostuvo que la Junta de Paz podría ampliar su mandato más allá de Gaza y aseguró que trabajaría “en conjunto” con las Naciones Unidas, aunque en la comunidad internacional surgieron inquietudes sobre si el nuevo organismo podría actuar como contrapeso a la ONU.






