¿Qué hacemos con esta figura de Messi que pusimos en el cumpleaños del niño? fue la pregunta que se plantearon unos padres tras celebrar la fiesta temática de su hijo, donde el astro argentino, para muchos el mejor futbolista de la historia, había sido el protagonista visual. En cualquier otro rincón del mundo, una figura de cartón a escala real habría terminado acumulando polvo en un cuarto útil, decorando la habitación del pequeño o, en el peor de los casos, en el camión de la basura. Pero en Antioquia, la lógica es diferente.
En las tierras paisas, existe una frase que funciona como un mantra de vida: “la plata está hecha”. El ingenio y el olfato negociante no conocen límites cuando se trata de aprovechar una oportunidad, y la visita del Inter Miami al Estadio Atanasio Girardot era el escenario perfecto para demostrarlo. Los familiares del cumpleañero, lejos de resignarse a guardar el adorno, vieron en la efervescencia de la multitud una mina de oro.

Con la figura bajo el brazo, se instalaron en las inmediaciones del estadio donde miles de hinchas hacían filas interminables bajo el sol medellinense. Allí, entre sol y el bullicio de la previa, el «Lio de cartón» se convirtió en la estrella inesperada. Por tan solo 5.000 pesos, cualquier transeúnte podía cumplir el sueño —o al menos la ilusión óptica— de posar junto al ídolo rosarino.
La respuesta del público fue inmediata. En un abrir y cerrar de ojos, se formó una segunda fila: la de aquellos que querían su foto con el «doble» de cartón. Para el hincha, era el negocio redondo. En un país donde el acceso a las estrellas de élite es limitado, pagar una cifra simbólica por una imagen divertida resultaba irresistible.
Más allá del dinero recaudado, el éxito del emprendimiento radicó en la necesidad del fanático moderno de alimentar sus redes sociales. Muchos se acercaron no solo por la gracia del momento, sino para tener el material perfecto para «chicanear» con sus conocidos.

«No solo estuve en el Atanasio viendo el partido, sino que tengo la foto con el 10», bromeaban los compradores mientras acomodaban la figura para que el ángulo de la cámara ocultara el brillo del material.
Al final de la jornada, mientras el Messi real se preparaba para el pitazo inicial, el Messi de cartón ya había pagado con creces el costo de la fiesta de cumpleaños y, de paso, le había regalado una anécdota inolvidable a cientos de paisas. Esta es la esencia de Medellín: una ciudad que no solo admira el talento ajeno, sino que sabe cómo sacarle provecho con una sonrisa y mucha creatividad.




