lunes, noviembre 29, 2021
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(ESPECIAL) ¿El «tren criminal» de Venezuela rodando por Colombia?

Ya es cotidiano el ver ciudadanos de la vecina Venezuela ganarse la vida en sus propios negocios, generando empleo y bienestar no sólo a los suyos, sino también a colombianos que trabajan con ellos o para ellos.

Pero dentro de los migrantes venezolanos, los más notorios y quienes le ponen el pecho son los jovenes, a veces demasiado jóvenes quienes, junto con sus familias, le hacen el quite a cualquier cantidad de obstáculos para poder conseguir el sustento diario.

Son aquellos los menos afortunados, los ilegales, la gente que caminó largas distancias desde el centro de su país y desde otros rincones de la vecina república, hasta la frontera con Colombia e incursionaron por las difíciles trochas de la Guajira, Norte de Santander, minadas de grupos ilegales que se aprovechan de sus necesidaes a lado y lado o por la frontera abierta de los llanos de Arauca y el Orinoco.

No todos tenían una ciudad o un pueblo destino como objetivo. Muchos de ellos echaron raíces donde el cansancio les pudo, hasta donde les duró el poco dinero ahorrado o hasta donde habían pensado que podían llegar los más afortunados.

Pero no todos quienes cruzan diariamente la frontera para llegar a Colombia, vienen con la intención de ganar «su plata» para hacer crecer su negocio o para mandar remesas a su país de origen.

Hay otra clase de personas que viene con otro tipo de planes no tan loables y que son quienes dañan la verdadera imagen del venezolano en Colombia, haciendo que se gesten tendencias de xenofobia y rechazo.

Ya es común ver videos en los noticieros, redes sociales o portales de noticias; de nuevas y escabrosas modalidades de cometer crímenes en Colombia. Cosas que no se habían visto antes, desbordadas de violencia, intolerancia y que generan temor en la población. Imágenes solo imaginadas, pues en Colombia, si bien la inseguridad ha sido permanente, la extrema violencia solo se veía en las ciudades por televisión proveniente del campo en donde guerrilleros y paramilitares, cometían actos atroces que los colombianos en la comodidad de sus casas, solo la veían en televisión.

Ahora, las escabrosas imágenes de violencia en las calles, se siguen viendo en medios audiovisuales, periódicos, portales, redes sociaes; pero ocurridas en las mismas calles por donde quienes las ven, deben transitar y muchos son testigos.

El punto es que hasta las autoridades civiles y de policías, terminan señalando la evidencia de la autoría cargado de acento venezolano y hablan del tema en sus declaraciones con temor de ser señalados de xenófobos, cuando dan cuenta de lo que ocurre violentamente y de sus autores. Ya en el lenguaje policial y de alcaldes municipales, se incorporó el término en frase de que «los autores son extranjeros» o «los autores tienen acento extranjero», para evitar decir que son venezolanos y se acusados de promover la xenofobia cultural.

El hacer una escalera humana al pie de los buses para estar a la misma altura de las ventanillas y hacer una especie de «raponazo sorpresa» a lo primero que su víctima tenga expuesto, la mayoría de los casos son celulares, no se había visto. Hasta para robar, tienen creatividad, dice un transúnte que fue víctima de esta modalidad en un paradero en Medellín,

Cerca del parque Botero en el Centro de Medellín fue, por lo menos decir, es sorprendente ver grupos de ocho a diez jóvenes quienes caen al mismo tiempo a una sola persona, quien no tiene la mas mínima oportunidad de defenderse y menos de huir de esa situación. El resultado: el despojo de todas las posesiones que llevaba encima, incluso de sus chaquetas, zapatos. La escena se concluye cuando la víctima se ve caer al suelo y los testigos se percatan que en la huída, alguno hirió a su víctima sin compasión alguna en el el cuello y en el pecho para dejarlo a su suerte. Sin duda esa suerte no fue la mejor.

En otro episodio a cientos de kilómetros de Medellín y en otra calle cualquiera, se dio el caso de un par de policías que se acercaron a un grupo de jóvenes en una esquina del sur Bogotá para requerirles sus documentos y en una acción rutinaria, practicar una requisa. Pero pasó lo impensable: sin una palabra de por medio, uno de estos jóvenes desenfundó un arma de fuego y le disparó en la cara a uno lo de policías. El criminal emprendió la huida y antes de ser capturado por una patrulla de la policía, pedía a gritos que le salvaran la vida porque estuvo a punto de ser linchado por la comunidad de la zona donde ocurrieron los hechos. La policía, pese a tener un compañero desangrándose en el pavimento, actuó en protección del joven y fue salvado por los compañeros del policía que había asesinado fríamente minutos antes.

Infografía Caraota Digital – Venezuela

Todo esto llevó a pensar a analistas de seguridad y a las autoridades de las localidades afectadas, que la dinámica criminal está siendo afectada por variables diferentes. En el diagnóstico, se llegó a la conclusión que una de esas variables era la participación de criminales que venían específicamente de Venezuela con unos niveles de violencia nunca antes percibidos en las calles de las ciudades colombianas.

Y es aquí en donde entra en la ecuación una de las variables mas importantes: La presencia de bandas criminales transnacionales que han aprovechado el fenómeno migratorio para expandirse en Colombia.

Concretamente se detectó en estos análisis, la presencia del temido «Tren de Aragua», el actor criminal local más poderoso de Venezuela que se conformó como célula en Colombia. Según las fuentes de inteligencia, esta banda transnacional es tan grande en el país que ya califica como banda local, pero tiene su coordinación desde Venezuela; concretamente tiene su sede en la cárcel de Tocorón en el Estado Aragua y desde el interior, sus líderes ordenan, dirigen y planean acciones.

Los informes con los que se plasma el actuar, dan cuenta que este «tren» se involucra en todo, desde extorsiones hasta secuestros, homicidios, robo de vehículos, narcotráfico, tráfico de armas, tráfico de personas y contrabando. Golpes pequeños, medianos o grandes. No importa, todo suma para las finanzas de una red tan organizada que tiene claro el correo para sacar lo recolectado en sus acciones y para el ingreso de armas hacia Colombia.

Según insightcrime.org, «El Tren de Aragua» se expandió rápidamente entre el 2020 y el 2021, estableciendo una presencia importante a lo largo de los senderos fronterizos que separan a Colombia y Venezuela, así como a lo largo de la frontera con Brasil. «El Tren de Aragua» se ha hecho a nuevos y más poderosos enemigos. Se ha convertido en una nueva facción que disputa los senderos fronterizos entre Venezuela y Colombia controlados hasta hace poco por el ELN y la FARC Mafia. El hecho de que pueda hacer frente a estos guerrilleros más poderosos y con más experiencia, es un testimonio de su nueva fuerza, dicen desde inteligencia y es la misma banda que hace presencia en algunas de las principales ciudades del país.

El ascenso del «Tren de Aragua» parece estar relacionado, según In Sight Crime, con la carrera de uno de los funcionarios de más alto rango en Venezuela. Se trata de Tareck El Aissam, el abogado y político de ascendencia libanesa y ministro de Nicolás Maduro.

Durante su tiempo como ministro del Interior y de Justicia entre 2008 y 2012, las pandillas carcelarias experimentaron un rápido desarrollo, incluido el «Tren de Aragua». Según las fuentes policiales que cita In Sight Crime, el «Tren de Aragua» fortaleció sus operaciones luego de que El Aissami se convirtiera en gobernador del Estado de Aragua en 2012. Durante su etapa como gobernador, entre 2012 y 2017, Aragua tuvo el mayor número de homicidios del país.

Desde entonces, el «Tren de Aragua» ha mantenido estrechas conexiones con su estado de origen, pero se ha expandido ambiciosamente aprovechando el fenómeno migratorio y algunas fuentes lo vinculan directamente con el ministro venezolano, de quien dicen, apoya la actividad y las cárceles, donde operan, son el mejor búnker de protección para los líderes. Algunos atinan a asegurar que el crimen transnacional de Venezuela se desarrolla desde las cárceles de manera segura e intocable.

Imagen de migración en Necoclí. Los migrantes son un negocio controlado en gran parte por la banda transnacional del Tren de Aragua.

Esta banda transnacional del crimen, también ha estado involucrado en el tráfico ilícito de migrantes venezolanos hacia otras partes de la región, incluidos Ecuador, Perú, Chile y Bolivia; y es allí, en el tráfico de migrantes en la frontera con Ecuador que se establece contacto con el Clan Del Golfo para crear una ruta rápida y segura en la cual hubiera la menor injerencia de las autoridades migratorias o de policía colombianas, para que su «producto» (los migrantes) llegaran en grandes cantidades a la zona segura y de dominio territorial de la organización criminal en Necocli, Antioquia.

En Antioquia el dominio de las bandas criminales de Venezuela no es tan notorio como en la ciudad de Bogotá. En Medellin, por ejemplo, a los criminales del vecino país se les ha puesto «al orden» por parte de las organizaciones criminales organizadas que han evolucionado desde el Cartel de Medellín.

En ese sentido, el crimen en Medellín sigue siendo dominado por las bandas, también conocidas como combos u oficinas. Cuando los miembros de «El Tren de Aragua» llegaron, debieron negociar y no pudieron imponer su ley como pretendían hacerlo. En el pacto, quedó claro que su participación está condicionada a que «hagan las vueltas como deber ser» a la manera como «se hace aquí»; señala una de las fuentes de inteligencia que detalla la relación en esta ciudad y que dista de la manera como se han ido estableciendo en otras ciudades. Explica que quienes no se acogían a estas condiciones «locales’ tienían dos alternativas: obedecer las reglas y someterse a las órdenes de los capos locales o la muerte. Así de simple y así de macabro, señala la fuente quien explica que muchas de las desapariciones y muertes de los últimos dos años, se han producido para demostrar las reglas.

Infografía Perú 21 – Perú

IFMNOTICIAS.COM estuvo investigando en Bogotá. Uno de los enviados especiales, recorrió gran parte de los lugares señalados de tener la presencia y en donde los integrantes de «El Tren de Aragua» domina. Y es que en la capital, su llegada fue a otro precio. Allí no existían las bandas organizadas de tal manera como lo tiene Medellín. Esto les dio la ventaja para llegar actuar y someter. Así, contrario a Medellín en donde están bajo las órdenes, en Bogotá son ellos quienes dan las órdenes y someten a los locales para que «trabajen» para ellos.

Aprendieron de las bandas de Medellín y allí para imponer su ley, dictan las dos opciones: o trabajan para ellos o mueren. Las fuentes señalan que igual que en Medellín, gran parte de los muertos y desaparecidos en la capital, son causados por el envío del mensaje de sus reglas.

En las calles, el enviado especial de IFMNOTICIAS.COM recorrió esas calles preguntando por estas estructuras delictivas provenientes de Venezuela, y con testimonio de gente que vive en las zonas, comerciantes, taxistas, conductores de buses; se pudo constatar que en algunas zonas, principalmente del sur y del centro de la capital, algunas de estas bandas tiene claro dominio de varias cuadras de las localidades.

Hablar de ‘esa gente» es complicado, se habla con miedo, mucho miedo, porque «ellos» han cimentado su dominio zonal por medio del homicidio y la intimidación constante a habitantes y al comercio, cuenta el enviado especial como principal comentario sobre su experiencia

Miembros del Tren de Aragua en Venezuela. Imagen archivo.

Pero en las calles sí se habla de la banda del Tren (de Aragua) y no se les trata de ‘venecos’, se les trata de venezolanos y se sabe que ellos no les copian a nadie, ni a la policia, ni a las autoridades y aún menos a las bandas locales quienes son sus rivales en «la vuelta» como lo narran los vecinos. «Esos chinos pasan juntos de a cuatro o de a cinco juntos, patrullando la zona y haciendo de las suyas armados«, dijo un comerciante de abarrotes de la zona de Puente Aranda, zona que curiosamente queda cerca de la Cárcel la Modelo.

El enviado especial de IFMNOTICIAS.COM visitó los comercios de esta zona, buscó establecer contacto. Nuestro periodista constató visualmente que estos «pelaos» andaban en grupos, mínimo de cuatro jóvenes, hombres y mujeres, que algunos de ellos o a veces todos ellos, tenían bultos en la cintura, tapados por camisas o camisetas largas, evidenciando que llevaban armas, traumáticas y dejando ver quienes son diestros o zurdos, según le hizo caer en cuenta uno de los comerciantes.

Los comerciantes les tienen miedo. Saben que cuando los «venezolanos» cruzan por sus puertas, pueden dejar de ser comerciantes para convertirse en víctimas. Dicen que no respetan.

Foto archivo

En la tarde-noche al enterarse que había una persona indagando por ellos, por el «Tren de Aragua», en una zona popular del barrio Kennedy en el sur de la capital, el periodista debió abandonar apresuradamente la zona tras ser advertido del peligro que corría.

Con la captura de Dairo Usuga David, Alias Otoniel, quien fuera el jefe máximo del Clan del Golfo, quien tenía planes de expansión muy adelantadas en Venezuela y estaba enterado de los más mínimos detalles de lo que en su organización se llamaban » las franquicias», es decir, bandas locales afiliadas a la organización criminal que actuaban bajo las órdenes del mando principal a nombre de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y quienes los lideran casi con disciplina de perros; se teme por la atomización o la deserción de las bandas afiliadas dejando así un vacío de poder, como ocurrió con la desmovilización de las antiguas Farc, y que este vacío en las zonas de poder y dominio el Clan del Golfo sea llenado por la delincuencia trasnacional con acento venezolano.

Bogotá es ahora el objetivo. Allí existen las mas grandes inequidades sociales del país y el tamaño de la ciudad, le da cabida a la presencia de bandas organizadas que hasta ahora, parecían controladas. Pero la inseguridad creciente y evidente que ha puesto en jaque a la propia alcaldía, ha demostrado que Bogotá lucha con otras modalidades de crimen que antes no se habían visto.

Bajo el titular «Bandas de venezolanos “sacaron corriendo a los ladrones colombianos” – Noticentro 1 CM& explicó la situacón de inseguridad en Bogotá. Fuente: Noticias Canal Uno – Colombia

De repente, y tras dejar el poder Gustavo Petro, Bogotá se llenó de células urbanas de la guerrilla que tienen como misión desestabilizar a Bogotá. La lucha de las autoridades, ha sido en gran parte, dirigida al control y desmantelamiento de la denominada guerra urbana del ELN, las juventudes del M-19, los comandos urbanos de las Farc, ahora la Primera Línea entre otros colectivos, algunos que son apoyados y patrocinados por cercanos a Gustavo Petro como Gustavo Bolívar; mientras que se abrió el espacio a la denominada «delincuencia común», que hasta no hace mucho, solo eran pequeñas bandas sectoriales desconectadas unas de otras, dedicadas al robo de carros, atracos callejeros, apartamenteros, bicicleteros, secuestros express y raponeros; pero al fin y al cabo, independientes y sin coordinación.

Ahora la delincuencia en la Capital, es a otro precio. Llegaron los de «El Tren de Aragua» y están marcando territorio, uniendo a las bandas, poniendo a su servicio a proxenetas, apoderándose del microtráfico, uniendo a las pequeñas bandas y cobrando la comisión por dejarlos trabajar para ellos. Quien no acepte, muere, señalan las fuentes.

Otra de las zonas que están controlando, son las Estaciones de Transmilenio, principalmente en la zona del centro, Teusaquillo, Chapinero y hasta el portal de la 80. En estas zonas, hay gran presencia de moteles, wiskerías y hoteles de mala muerte que ahora intentan controlar. En la zona, el periodista de IFMNOTICIAS.COM pudo constatar su presencia como «vigilantes» del comercio. Algunos de los propietarios de negocios, reconocieron con temor, que deben pagar por la vigilancia a los «venezolanos».

Infografía Insightcime.org

Al preguntar que si el tema de denominación es xenofobia, uno de los comerciantes explicó que «esto no es xenofobia, es una realidad». Así, si bien no toda la ciudad está coptada, si es claro que hay avance de la criminalidad venezolana que busca no solo ser un actor sino protagonista.

Las autoridades suman a sus retos de lucha contra la delincuencia, un factor adicional y es que estos hombres al ser capturados, no van a las cárceles. Para los delincuentes venezolanos que operan en el país, les es claro que cuando los atrapan, lo que terminará pasando es que los expulsen del país, es decir, que quedan libres en Venezuela y saben que podrán volver de manera irregular. El círculo así, es garantía no solo de impunidad, sino de falta de respeto a la autoridad colombiana. Para ellos, es claro que no tienen nada en Colombia y tampoco en Venezuela. No tienen nada que perder y todo es ganancia en medio de la desgracia. Lo único que les atemoriza y no a todos, es la muerte, la que les puede alcanzar en algún operativo, pero también con ello se sienten seguros, porque saben que la policía colombiana, les respeta la vida.

En esta ecuación del crimen, no se puede olvidar el papel fundamental del Clan del Golfo, quien al intentar pactar su expansión en Venezuela, abrió las puertas a Colombia. El proceso de llegada y organización en este país es otro tema. Como comenzaron siendo empleados y luego socios y como ahora son independientes. Todo en muy corto tiempo; sin contar, que en «El Tren de Aragua» están los soldados de la inteligencia venezolana que hace el espionaje, según cuenta la fuente confidencial en la inteligencia colombiana, algunos de los cuales, han sido capturados y expulsados del país. También es claro, según la fuente, que no todos los venezolanos delincuentes pertenecen a esta banda y reconocen que hay por lo menos dos mas transnacionales y otras colonizadoras que con igual metodología violenta, busca apoderarse de zonas en las ciudades.

Así las cosas, aunque no se hable de este tema en los pasillos del poder en nuestro país, la gente de los barrios populares de Medellín y Bogotá y de las zonas de injerencia del Clan del Golfo saben que ocurre, como es «la vuelta» y que el silencio y la inacción dejan como resultado que «esa gente’ los deje vivir a pesar de los vejámenes y abusos tanto económicos como físicos que ellos sufren a diario y en silencio.

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