Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Podría decirnos, indicarnos y revelarnos por qué el relato e historia, en su realización del arte (inmersión e incidencia) y reflexiones estéticas, de un deporte como el fútbol, qué lo ha llevado a ello, porque se mantiene en su mundo y vida del arte, qué le provoca, qué le llena de él, y cómo hace la catarsis necesaria e interesada para continuar viviéndolo, y cómo lo vive fanáticamente desde sus obsesiones de las relaciones y las tensiones que provoca el cuerpo o los cuerpos en movimiento, como si se tratara de un impresionismo, o de un expresionismo estético, de la sensibilidad, de la mirada, de la posesión de unos métodos y técnicas inherentes al desarrollo y realización de la obra de arte, y qué le irrita, qué crítica hace, contrariamente del fútbol, ante su exaltación frenética, y por qué?
Es importante establecer, antes que nada, la actitud generacional y el medio en los que mi personalidad e ideas se desarrollaron como artista y como individuo, que corresponden en general al mundo occidental como parte de la realineación social, no necesariamente uniforme, durante la segunda década de la posguerra.

Si bien mi generación comienza a dar manifestaciones de su madurez creativa en los años 70 (y por ello acarrea esa denominación como grupo o como gremio si es que puede denominarse de esa manera), su ascendencia es producto del radicalismo político y cultural de los años 60s, que como bien dice el sociólogo norteamericano Daniel Bell en su libro Las contradicciones culturales del capitalismo (1975), fue rebelde y a la vez revolucionario -no solo en el aspecto formal- y aspiraba a establecer un nuevo orden. La motivación principal para asumir dicha actitud era un alto grado de agresividad.
Es por eso que en las acciones que tienen lugar durante esa década, se percibe una diferencia fundamental con la dinámica de lo que hasta ese momento caracterizó los avances culturales del modernismo. Ello incluye una atracción por la violencia y la crueldad, una preocupación por lo sexualmente perverso, un deseo de hacer bulla, un comportamiento anti intelectual, un nuevo y definitivo esfuerzo por eliminar los límites entre arte y vida, y la fusión del arte con la política, no solamente en el aspecto ideológico, lo cual, según Bell de nuevo, resultó en la inevitable “disolución del arte” tal y como hasta ese momento la sociedad (burguesa) lo concebía, abriendo las compuertas a la incremental influencia de los medios masivos de comunicación y la validación de la expresión popular como reemplazo valido de un estilo que hasta ese momento había sido propiedad de una pequeña y talentosa elite.
Lo anterior parece confirmarlo Susan Sontag en su ensayo de 1966, Una cultura y una nueva sensibilidad. “Lo que estamos presenciando”, afirma, “no es tanto un conflicto de culturas, sino la creación de una nueva (y potencialmente unitaria) sensibilidad. Dicha sensibilidad está enraizada como corresponde en nuestra experiencia, experiencias nuevas en la historia de la humanidad; en la extrema movilidad social y física; en la congestión de la escena humana; en la disponibilidad de nuevas sensaciones; y la diversidad de las artes por medio de sistemas masivos de reproducción”.
Como artista joven, iniciando además mis estudios de arquitectura a los diecisiete años en 1967, no me hubiera atrevido a decir que estaba consciente de los cambios idiosincráticos que ocurrían en forma vertiginosa en la estructura social en ese momento; sin embargo, la perspicacia es otra forma de conocimiento y dichos cambios no eran difíciles de percibir a la luz de la estupenda educación que recibí, así no pudiera racionalizarlos con la velocidad que los años conceden al cerebro para operar de forma más efectiva.
La creatividad, además, es capaz de procesar intuitiva y velozmente esas “experiencias” a las que Sontag se refirió en su ensayo. Así surgió mi interés por el deporte y el propósito de utilizarlo como la metáfora de una nueva sociedad en la que además cabían todos los componentes enumerados por Bell en su evaluación de la década del 60, que me parece he desarrollado a mi manera, consistente y efectiva a lo largo de toda mi carrera, y constituye el punto de partida de una obra que se ha ido enriqueciendo con los años, integrando nuevas problemáticas y sensibilidades.

* El fútbol, como casi todos los demás deportes, exige un estado y preparación física rigurosos, estamina, consistencia, versatilidad para lidiar con diferentes terrenos y temperaturas y toda otra serie de condiciones. El deportista se erige físicamente como un ser superior, y esa característica conlleva otras connotaciones algunas sensuales y eróticas que influyeron en los primeros collages de Félix Ángel que se expusieron en el Museo de Antioquia en 1976.
Lo anterior ha estado siempre implícito en los planteamientos formales de Ángel, y era evidente en las obras de esa exposición, motivando una serie de cuestionamientos socioculturales que aludían a diferentes tipos de violencia. La exposición produjo reacciones encontradas y el museo fue obligado a descolgar la muestra a tan solo cinco días de haberse inaugurado. El fenómeno del “ídolo deportivo” fue uno de los temas que atrajeron el interés de Félix Ángel desde el inicio de su carrera artística.
Los dibujos de futbolistas como Víctor Campaz, Delio “Maravilla” Gamboa -ambos nacidos en Buenaventura, y el argentino (nacionalizado colombiano) Hugo Horacio Londero, jugador de Nacional y luego del Medellín, uno de los máximos goleadores en la historia del fútbol en Colombia, eran personajes que frecuentemente visitaban el Centro de la ciudad y no era extraño verlos reunidos con amigos en los cafés de la calle Junín mezclados con los transeúntes recibiendo las miradas de admiración de hombres y mujeres por igual. Estos y otros personajes fueron los motivos de muchos de los trabajos de Ángel y le merecieron varios premios en competencias artísticas regionales.

El auge del deporte en sí mismo no era realmente lo que le interesaba al artista. Como actividad en Colombia, el deporte y su desarrollo posterior fue el resultado lógico de la transformación, la apertura y el optimismo que el mundo experimentó durante las décadas inmediatamente siguientes al final de la Segunda Guerra. En 1972, Colombia obtuvo por primera vez en su historia dos medallas de plata en tiro al arco y dos de bronce en boxeo, en los Juegos Olímpicos de Múnich.
El éxito de estos y otros atletas pareció confirmar la llegada paulatina y la integración del deporte a la vida de los colombianos. El deporte, en particular el ciclismo y el fútbol, casi siempre fue practicado, en su mayoría, por gente humilde, sobreponiéndose a muchas dificultades, principalmente la económica, pues en la misma forma como en Colombia no existe la cultura de la filantropía, encontrar un patrocinador para financiar una carrera en el deporte era prácticamente imposible. El éxito, sin embargo, no es un fenómeno aislado o único dentro de la dinámica socioeconómica, y durante los años 60 fue posible para los deportistas ocupar otro estrato social. Muchos lo lograron, pero otros no supieron aprovechar la oportunidad.

La falta de educación formal, el desconocimiento de comportamientos a emular en el desarrollo de modelos deportivos y como resultado, la indisciplina y la falta de referencias profesionales fueron la razón por la que no capitalizaron en su éxito. Muchos terminaron victimizados por la indisciplina, la depresión, la drogadicción, la quiebra económica, relegados cuando no olvidados por la misma comunidad de la que en algún momento hicieron parte. Los medios hicieron y continúan haciendo su parte.
El objetivo de la publicidad y la propaganda está enfocado en “iconizar” con diferentes objetivos las figuras más notables… y los productos que endosan. Así es en todas partes según las tendencias económicas, en forma similar a lo que sucede en el mundo del espectáculo popular, proporcional a la capacidad de la economía, como ocurre en Europa y los Estados Unidos. Las teorías sobre información y comunicación de Marshall McLuhan recobraron vigencia en los años sesenta, dando a entender que veinte años atrás no estaba equivocado.






