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lunes, octubre 3, 2022
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De invasiones y complicidad

Por Álvaro Ramírez González

Aterra ver que en menos de dos meses de haber llegado al poder Gustavo Petro, hay 50 invasiones de tierra en 18 departamentos de Colombia. Es una cosecha de invasiones. Una cosecha de atropello a la propiedad privada. Una propiedad privada que protege claramente la Constitución colombiana, pero que el gobierno Petro parece ignorar.

Se respira un aire de complicidad desde el palacio de Nariño. Veamos. Petro está comprometido a regalar diez millones de hectáreas a los campesinos en todos los rincones de la patria. La tierra que tiene el Estado colombiano, incautada a los narcos y que puede disponer de inmediato, son apenas 18 000 hectáreas. Quedan faltando 9.982.000 has por conseguir, o comprar. Esa tierra tasada a tres millones la hectárea vale $30 billones que no tiene el presupuesto nacional.

Dicho en otras palabras, no tiene el gobierno Petro manera de adquirir esas tierras para honrar ese su compromiso de campaña. ¿Qué alternativas quedan? Expropiación o invasión de tierras. Claramente no hay otras maneras de conseguir esa cantidad de tierra para repartir.

 1. Expropiación. Es un mecanismo legal donde el Gobierno, previa valoración de la Lonja de Propiedad Raíz, decreta su expropiación por razones de interés nacional y le paga al propietario su tierra. Una compra de estricto contado.  Pero como no hay dinero para pagarla, le pagan al dueño con unos bonos o papeles del Estado a largo plazo (10-15 años) y con una tasa de interés que proteja la inflación en esos años.

 2. Invasión de tierras. Esa es la vía más cómoda para el Gobierno, porque no es el quien la hace y solo se trata de mirar para el otro lado, para que muchos invasores se hagan a sus parcelas sin costo alguno.

Es indiscutible que con la llegada de Petro, llegaron también las invasiones. Las cifras están a la vista. Las peligrosas y confusas declaraciones de la ministra Cecilia López, fueron un claro mensaje de la «repartija» de tierras en que estaba empeñado el gobierno Petro. La invasión de tierras tiene la ventaja de que no cuesta nada. Es gratis. Pero es un atropello a un propietario que compró esa tierra o la heredó de sus antepasados, paga sus impuestos y la tiene produciendo.

Es un atropello a el derecho a la propiedad privada, amparado claramente por la Constitución Nacional. ¿Y qué? Hasta ahora, la intervención del Estado ha sido inútil para detener este abuso que entró en cosecha en este gobierno.

En una entrevista en la W Radio, Carlos Caicedo, gobernador izquierdista del Magdalena, dijo que no había invasión de tierras en su departamento. José Félix Lafaurie lo desmintió categóricamente y le dijo, «en Tucurinca, muy cerca de su Gobernación está en curso una invasión de una finca emblemática de la región, justo sobre la autopista. Es imposible que Usted no lo sepa».

¿No es eso complicidad? Pero nada es gratis en la vida. Hasta hoy los finqueros se están organizando y agrupando para proteger pacíficamente sus tierras. ¿Pero cuánto puede durar esa paz frente a la violencia con que llegan los invasores? Pues mucho me temo que muy poco.

No creo que se organicen de nuevo grupos paramilitares, como antes, con jefaturas reconocidas y patrullajes armados en veredas y campos. Pero si veo que esa violencia invasora va a traer una violencia equivalente de parte de los invadidos y de los finqueros en general. Yo veo un rio de sangre. Ya van 49 masacres en los 45 días de Petro. Y veo que algunas ya pueden estar ligadas a esas invasiones.

En este caos, libertinaje y desorden institucional que trajo este Gobierno, cualquier cosa puede pasar, menos que los invadidos se crucen de brazos mientras les quitan a la fuerza sus tierras.

alragonz@yahoo.es

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