El lateral izquierdo uruguayo, Camilo Cándido, culminó su ciclo en Atlético Nacional tras haber cosechado dos títulos: una Súperliga y una Copa. Pese a los intentos por prolongar su estancia, el club no logró llegar a un acuerdo económico con Cruz Azul de México, dueño de sus derechos federativos hasta diciembre de 2026. Ante la falta de consenso en la negociación, el defensor deberá retornar al país «manito» para reincorporarse a la «Máquina Cementera».
Su paso por el equipo antioqueño estuvo marcado por los altibajos. Debido a su marcada vocación ofensiva, el retroceso y la marca fueron constantemente su punto débil, dejando espacios a su espalda que se convirtieron en un dolor de cabeza para la zaga. No obstante, en el tramo final del año mostró una versión más sólida y compacta, aportando asistencias clave que fueron determinantes para los objetivos del club.

Los rumores sobre el posible arribo de Milton Casco, el experimentado lateral argentino y múltiple campeón con River Plate, fueron la señal definitiva de que el ciclo de Cándido estaba sentenciado. Aunque el deseo del jugador siempre fue permanecer en Nacional y pelear por el sueño de la Copa Sudamericana, las pretensiones económicas del equipo mexicano superaron cualquier posibilidad financiera del fútbol colombiano; en este deporte, los números suelen mandar sobre los deseos.
Con la salida confirmada de Billy Arce y Batista, sumada a la partida de Cándido, Atlético Nacional libera tres cupos de extranjeros. Esto plantea un reto mayúsculo para la directiva: encontrar refuerzos foráneos de verdadera jerarquía. Se trata de una asignatura pendiente para la institución, que desde las épocas de Franco Armani y Alejandro «Lobo» Guerra, no ha logrado consolidar jugadores extranjeros que dejen una huella imborrable en el equipo más laureado de Colombia.



