La reunión sostenida el 3 de febrero entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario colombiano, Gustavo Petro, fue mucho más que un encuentro protocolario entre dos jefes de Estado. Para analistas políticos y observadores de la coyuntura hemisférica, se trató de un episodio cargado de simbolismo, mensajes implícitos y cálculos estratégicos que reflejan la asimetría de poder entre ambos gobiernos y el momento político que atraviesa Colombia.
Desde el inicio, el encuentro estuvo marcado por una lógica que recuerda a la “Pax Romana”, según el analista José Ignacio Tobón, refiriéndose a una paz impuesta no por consenso entre iguales, sino por la fortaleza del actor dominante. En este caso, Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, fijó los términos del diálogo y los márgenes de maniobra, mientras Colombia acudió a la mesa en una posición claramente defensiva, condicionada por presiones judiciales, económicas y diplomáticas acumuladas en los últimos meses.
Una negociación sin margen para el error
En el lenguaje de la política realista, la escena evocó una conocida frase atribuida a Vito Corleone en El Padrino, “le voy a hacer una propuesta que no podrá rechazar”. No porque se hubiera formulado una amenaza explícita durante la reunión, sino porque el contexto previo dejó claro que Petro llegaba con pocas cartas propias apunta Tobón. Las tensiones públicas, los señalamientos desde Washington y el endurecimiento del tono de agencias y actores políticos estadounidenses configuraron un escenario en el que la negociación era, en esencia, una formalización de condiciones ya establecidas.
A ello se suma un elemento clave como lo es el concepto de “lame duck”. Para Tobón, Petro se encuentra en la recta final de su mandato, sin posibilidad de reelección, y con un capital político interno debilitado. En teoría, un presidente en esa condición tiene escasa capacidad de influencia internacional. Sin embargo, Trump decidió sentarse con él no por afinidad ideológica ni por amistad personal, sino por interés estratégico. Lo que está en juego no es Petro como individuo, sino el rumbo político de Colombia en un año electoral decisivo.
Halagos que esconden jerarquías
Las declaraciones de Trump tras la reunión, calificando a Petro de “fantástico” y “grandioso”, llamaron la atención de la opinión pública. En diplomacia, este tipo de elogios no siempre deben tomarse al pie de la letra. Para varios analistas, se trata de una estrategia de “patronizing”, una condescendencia calculada que suaviza el tono sin alterar la relación de poder. El halago funciona como lubricante discursivo, pero no implica concesiones sustantivas.
En este punto, José Ignacio Tobón, ha señalado que Trump suele utilizar este recurso para desactivar tensiones públicas mientras asegura, en privado, compromisos concretos. La amabilidad, en este caso, no contradice la firmeza; la complementa.
El simbolismo y los errores tácticos
Uno de los episodios más comentados fue la decisión de la delegación colombiana de llevar como obsequio un ejemplar físico de The Art of the Deal, el libro de Trump sobre negociación. Más allá de la anécdota, el gesto fue interpretado por expertos como un error táctico. Reconocer explícitamente la centralidad del manual de negociación del anfitrión puede reforzar la percepción de subordinación en la mesa.
Desde una perspectiva estratégica, habría sido más eficaz demostrar conocimiento práctico de los conceptos del libro, aplicándolos en la conversación sin mencionarlos. En términos simples, es un “me caes bien porque soy como tú”, sin necesidad de verbalizar la referencia.
Objetivos de alto valor y señales concretas
Donde sí hubo mensajes claros fue en el terreno de los hechos. La presentación de una lista de “objetivos de alto valor” que Colombia se comprometería a neutralizar en el corto plazo, así como la extradición de un narcotraficante coincidente con la fecha de la reunión, no fueron gestos improvisados. Todo apunta a que formaron parte de un guion trabajado previamente por los equipos técnicos de ambos países.
En la lógica de Trump, los resultados pesan más que las declaraciones. Cada acción concreta como extradiciones, operativos, cooperación judicial; funciona como moneda de cambio que justifica mantener abiertos los canales políticos y diplomáticos. La reunión, en ese sentido, fue tanto un cierre de acuerdos previos como un punto de partida para nuevos compromisos verificables.
Intereses antes que afinidades
El enfoque de Trump recuerda a la máxima atribuida a Lord Palmerston, “los países no tienen amigos, solo intereses”. En esta reunión, no hubo espacio para afinidades ideológicas ni para debates doctrinarios. El eje fue pragmático. Para Estados Unidos, la estabilidad regional, la lucha contra el narcotráfico y el acceso a recursos energéticos son prioridades. Para Colombia, mantener una relación funcional con Washington es indispensable para evitar sanciones, aislamientos o impactos económicos mayores.
En ese marco, la mención de Petro a la posibilidad de facilitar una transición en Venezuela que permita el flujo de petróleo hacia Estados Unidos encaja con esa lógica de intereses, además de buscar el retiro de Petro, su familia y algunos cercanos, de la lista Clinton. de la OFAC. No se trata de altruismo diplomático, sino de ofrecer algo que el interlocutor valora estratégicamente.
El factor Bernie Moreno
Un elemento subestimado por sectores del gobierno colombiano ha sido la figura de Bernie Moreno. Desde círculos cercanos a Petro se han emitido comentarios despectivos sobre su influencia, pero esa lectura parece equivocada. Moreno tiene peso en áreas sensibles como OFAC, política de visas y auditorías electorales, y conoce de cerca la realidad política colombiana, señala Tobón.
Minimizar su rol puede resultar costoso. Analistas coinciden en que una estrategia más inteligente habría sido buscar un acercamiento directo, entendiendo que en el ecosistema político estadounidense la influencia no se limita a los cargos formales. Ignorar a actores clave suele traducirse en mayores dificultades a mediano plazo.
Impacto político interno en Colombia
Más allá del plano internacional, la reunión tuvo efectos inmediatos en la política doméstica colombiana. Para el oficialismo, el encuentro fue presentado como un reconocimiento al liderazgo de Petro. Para la oposición y sectores independientes, evidenció una relación asimétrica en la que el presidente colombiano acudió a escuchar condiciones más que a imponer una agenda.
En un año electoral, esta percepción pesa. Estados Unidos observa con atención el ambiente político colombiano y la posibilidad de continuidad del modelo actual. La reunión, en ese sentido, fue también un mensaje indirecto a los actores internos. Washington no es indiferente al resultado de las elecciones ni a las señales que emita el próximo gobierno.
Una paz impuesta, no negociada
En balance, la reunión Trump–Petro no redefinió la relación bilateral, pero sí la encuadró con mayor claridad. Fue una Pax Romana de imposición de estabilidad condicionada al cumplimiento de compromisos, sin concesiones estructurales por parte del actor dominante. Petro obtuvo oxígeno político temporal y canales abiertos; Trump aseguró alineamientos estratégicos y señales de cooperación.
Como ha señalado IFMNOTICIAS en análisis previos, este tipo de encuentros no se miden por las fotos ni por los comunicados oficiales, sino por lo que ocurre después. Extradiciones, operativos, cambios de tono y decisiones concretas serán los verdaderos indicadores de hasta dónde llega esa paz impuesta y cuánto margen real tiene Colombia para moverse dentro de ella.
La diplomacia, al final, volvió a mostrar su rostro más clásico del poder, intereses y jerarquías. Y en ese tablero, el mensaje fue claro, la paz existe mientras se respeten las reglas del más fuerte.





