Tras el operativo militar del 3 de enero que derivó en la captura de Nicolás Maduro, comenzó a circular en redes sociales y algunos medios internacionales un relato no confirmado sobre el posible uso de una supuesta arma sónica por parte de tropas estadounidenses durante la operación. La versión, atribuida a la filtración de un testimonio anónimo de un presunto guardia de seguridad venezolano, ha despertado interés y controversia por las implicaciones tecnológicas y militares que sugiere.
Según el relato difundido, el testigo afirma haber estado presente durante el despliegue y describe una secuencia de hechos marcada por la interrupción súbita de sistemas de radar, la aparición masiva de drones y el descenso de un reducido número de efectivos altamente especializados. En ese contexto, el guardia sostiene que, además del uso de armamento de alta precisión, se habría empleado un dispositivo que generó una onda sonora de gran intensidad, provocando efectos físicos inmediatos como sangrado nasal, vómitos y la inmovilización de numerosos efectivos venezolanos.
El testimonio incluye expresiones como “sentí como si mi cabeza explotara desde dentro”, frase que ha sido replicada ampliamente en plataformas digitales. No obstante, hasta el momento no existe confirmación oficial por parte del Gobierno de Estados Unidos, del Departamento de Defensa ni de autoridades venezolanas que respalde la existencia o el uso de un arma de este tipo en el operativo.
Las denominadas armas sónicas no son un concepto nuevo en el debate internacional. En 2018, durante el llamado “síndrome de La Habana”, diplomáticos estadounidenses y canadienses en Cuba reportaron síntomas neurológicos que algunos análisis asociaron con posibles dispositivos de energía dirigida, aunque las investigaciones posteriores no lograron establecer conclusiones definitivas. Aquellos antecedentes han sido retomados ahora para contextualizar las versiones que circulan sobre Venezuela.
Expertos en defensa y seguridad han señalado en diversas ocasiones que los ejércitos modernos combinan guerra electrónica, interferencia de comunicaciones, drones y operaciones de fuerzas especiales, lo que puede generar la percepción de superioridad tecnológica abrumadora frente a estructuras militares tradicionales. Sin embargo, la existencia de un arma sónica operativa utilizada en combate abierto sigue siendo un tema sin verificación pública.
El relato viral también ha sido interpretado como una muestra del impacto psicológico que generan las nuevas formas de guerra, en las que la desactivación de sistemas, la precisión quirúrgica y la superioridad tecnológica juegan un papel central. En ese sentido, analistas advierten que la rápida difusión de este tipo de testimonios, aun sin confirmación, contribuye a moldear percepciones regionales sobre el desequilibrio militar en América Latina frente a potencias como Estados sumidos, mas cuando Trump anuncia combatir la criminalidad y el narcotráfico en México, mientras a enviado mensajes directos que han puesto nervioso, inclusive, al presidente colombiano, Gustavo Petro.
Por ahora, las autoridades no han emitido pronunciamientos técnicos que confirmen o desmientan estas versiones. El episodio se mantiene en el terreno de los relatos no verificados, mientras crece el debate sobre cómo la tecnología militar avanzada está transformando los escenarios de conflicto y seguridad en la región.



