martes, diciembre 7, 2021
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Una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea

Por: Claudia Posada

En este 2021 posiblemente crecerán las cifras de contagios en los acumulados, los decesos en población que antes se creía menos vulnerable, y con ello seguirán las restricciones que pretenden frenar el aumento de incidencias por Covid-19; y ahora tal vez, como población confundida por las mutaciones globales y la especifica de Colombia, más desconcertados. (No sería raro que cuando se publique esta columna, tengamos más de una mutación propia) Tales probabilidades son el centro de cuestionamientos científicos, empíricos y gubernamentales; y en la medida en que el común de los mortales observamos contradicciones o polémicas -es obvio que las haya- entre los estudiosos consagrados que se ocupan del tema, los especialistas en distintas ramas relacionadas, y el personal del sector Salud que maneja pacientes en las distintas etapas de la pandemia, aumenta la incertidumbre.

Los riesgos que evalúan quienes deben tomar decisiones, tales los casos del gobierno en sus distintos entes territoriales y los expertos según sus disciplinas, no deben generarnos más allá del temor lógico frente a lo extraño, aunque sí llamarnos a más cordura; en cambio, parece ser que toda esa información chatarra que alimenta las redes sociales, en muchos ignorantes y en otros tantos de niveles socioeconómicos y educativos que no aplican como incultos, se posicionan rumores sin fundamento, por encima de los planteamientos de los estudios serios que aportan a la comprensión del virus, su comportamiento y estrategias para frenarlo. Increíblemente a los empíricos y en general a los usuarios de redes sociales que replican mensajes venidos de cualquiera, se les está tomando en serio.

Analizar riesgos para tomar decisiones no siempre conduce al mejor acuerdo, aunque es lo que se pretende; de ahí que los ciudadanos no siempre aceptemos de buena gana las determinaciones que nos imponen, pero si somos reflexivos las acatamos hasta el máximo posible, no así los torpes quienes con argumentos absurdos las contradicen hasta el delirio. Ahora, cuando desde las instituciones especializadas en el estudio de los virus, dieron a conocer información en lo que respecta a las categorías o líneas (Linajes) del Covid-19 y precisaron la variación descubierta en Colombia,  los insensatos van a “nutrir” las redes sociales con basura informativa.   El Instituto Nacional de Salud en Colombia, a través de voceros autorizados, indicaron: «Casi todos los países que hacen genómica han reportado una cepa que solo está en esos países. El país que no ha reportado una cepa propia, es porque no hace genómica.

Mutaciones son comunes y naturales». Para algunos esta explicación es tranquilizadora en tanto la certeza de lo expresado disminuye la incertidumbre que a mucho nos afecta; para otros, serán palabras que convierten en argumento acomodado para el desacato de medidas que buscan protegernos.

Desde luego no es nada fácil decidir poniendo en la balanza de opciones las guías de riesgos disparadores de contagio y muerte, frente a la apertura que empiece a devolver la tranquilidad económica afectada gravemente en grupos poblacionales desde los que apenas subsisten con el rebusque, la chaza, el comercio a menor escala y el menudeo, pasando por pequeños y medianos  empresarios, hasta generadores de empleo y riqueza. Sobre las más recientes determinaciones por parte de algunos mandatarios de los entes territoriales en Colombia -toque de queda en Puente de Reyes- igual a todas las veces hubo reacciones en contra de la medida tomada; esta vez muy estricto para poder frenar aglomeraciones.

Este tipo de limitación encierra a quienes padecen hacinamiento en sus viviendas, a las familias que carecen de medios de transporte particular,  a quienes sus ingresos son exiguos y por lo tanto les es imposible comprar tiquetes intermunicipales -y menos interdepartamentales- para salir a pasar el aislamiento en sitios de descanso y esparcimiento; para los afortunados con vehículo, finca y platica para gastar, acatar la medida simplemente les hizo anticiparse al horario de inicio para salir de la ciudad y luego esperar relajados el día y hora de regreso, deliciosamente renovados si lo supieron aprovechar y sin desmanes.

Centenares de  agentes del orden fueron dispuestos para contener la indisciplina social y controlar a los atravesados, posiblemente lo lograron en un buen porcentaje porque cuando se trata de afectar el bolsillo con comparendos,  las restricciones de movilidad funcionan mucho más que las alertas sanitarias. Sin embargo, las rumbas clandestinas, encerrados y amontonados, no faltaron. Tantos parques naturales en Antioquia como el Arví por ejemplo, y muchos otros en Medellín y el Departamento como los de las cajas de compensación familiar, o el Jardín Botánico de nuestra ciudad, tenían, creemos, la oportunidad de ofrecer en este puente sus agradables espacios a familias de bajos ingresos; e inclusive la posibilidad de aportar entradas gratis a los más golpeados por la pandemia; estas personas necesitan más que nadie unas horas de aire puro, sentarse sobre el césped a recibir el viento y mirar el firmamento que está ahí, dispuesto para todos porque si el virus no discrimina la Naturaleza tampoco ¡y cómo fortalece el espíritu!

Patrullar para agarrar “paticas en la calle” a los atrevidos, o lidiar con borrachos en operativos que descubren las aglomeraciones planeadas para desafiar las disposiciones, nunca será más gratificante para la policía como  observar a los abuelos con sus hijos y nietos disfrutando de un día de campo en donde el distanciamiento lo marca el mismo diseño de los parques, y no se necesitan tantos agentes pues en este caso sería suficiente su presencia para apoyar las tareas de control y vigilancia de los administradores y sus equipos logísticos.

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