La relación diplomática entre Colombia y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. Lejos de apaciguarse, y con nota diplomática de por medio, el intercambio de declaraciones entre funcionarios de ambos países se ha intensificado, esta vez con señalamientos directos del senador republicano Rick Scott contra el presidente colombiano Gustavo Petro, en medio de un clima político marcado por la reciente captura de Nicolás Maduro y las reacciones regionales que esta provocó.
En entrevistas concedidas a medios colombianos, Scott comparó a Petro con el exmandatario venezolano y afirmó que el presidente de Colombia “podría enfrentar acusaciones en Estados Unidos, como le ocurrió a Maduro”. Aunque sus palabras generaron amplio eco mediático, hasta el momento no existe ninguna investigación formal ni cargos judiciales en curso contra Petro por parte de autoridades estadounidenses, un punto que ha sido subrayado por analistas y medios internacionales.
El senador republicano fue más allá en su retórica al calificar a Petro como una “persona enferma”, expresión que se suma a otros calificativos empleados recientemente por figuras cercanas al presidente Donald Trump. Scott también insinuó que Colombia podría cambiar de rumbo político en futuras elecciones, eligiendo un liderazgo más alineado con Washington, en lo que muchos interpretan como una presión política explícita.
Estas declaraciones coinciden con la decisión del presidente Gustavo Petro de convocar movilizaciones ciudadanas en rechazo a lo que considera una injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de América Latina, especialmente tras la operación militar que derivó en la captura de Nicolás Maduro. Desde su cuenta en redes sociales, el mandatario colombiano ha rechazado de forma categórica los señalamientos que lo vinculan con el narcotráfico y ha denunciado una campaña de estigmatización en su contra.
La tensión bilateral no es nueva. Desde 2025, las relaciones entre Bogotá y Washington se han deteriorado progresivamente. En ese periodo, el gobierno estadounidense revocó el visado del presidente Petro e impuso sanciones financieras contra él, lo vinculó en la lista Clinton de la OFAC y algunos de sus allegados, bajo el argumento de una presunta vinculación con economías ilícitas. Petro ha insistido en que esas medidas carecen de sustento probatorio y obedecen a motivaciones políticas.
El contexto regional también ha influido en el endurecimiento del discurso. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo ha generado un fuerte debate sobre soberanía, derecho internacional y el alcance de las acciones de Washington en el continente. Mientras algunos gobiernos respaldan la operación, otros, como el de Colombia, han expresado su rechazo.
Por ahora, el cruce de declaraciones mantiene en vilo la relación entre ambos países. Aunque no hay procesos judiciales formales contra el presidente colombiano en Estados Unidos, el tono de las advertencias y la respuesta política desde Bogotá anticipan un escenario de alta tensión diplomática en los próximos meses.



