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miércoles, octubre 5, 2022
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(SERIE) Desenmascarando la oscuridad de la prostitución en Medellín

IFMNOTICIAS.COM inicia una serie de informes sobre las nuevas formas de prostitución en Medellín y su avance imparable en toda la ciudad.

Poco a poco, el ambiente se fue oscureciendo, ayudado por la máquina de humo que estaba justo encima de la tarima del lugar. De repente, los asistentes al concierto de Sergio Vargas comenzaron a llenar las mesas y a ordenar el licor de su predilección.

Justo en la zona VIP, frente a la tarima, estaban tres hombres maduros, con un aspecto desfavorecido por el paso del tiempo. Dos de ellos, además, exhibían sin pudor sus vientres protuberantes y las canas por doquier. Ellos ocuparon una mesa para disfrutar del mariachi que actuó como telonero del merenguero dominicano. Era lógico que personas ya entradas en años acudieran al concierto, pues Sergio Vargas comenzó su carrera hace 40 años y despertó el entusiasmo por el merengue en los jóvenes de aquella época.

Sin embargo, los tres hombres maduros no estaban solos. Los acompañaban tres lindas mujeres que no superaban los 20 años. Al principio, la charla se veía entretenida. Uno de los hombres conversaba con una de las mujeres con toda la atención. No despegaba su mirada de los ojos de aquella chica, cuyos pantalones se escurrían de vez en cuando, para sugerir el color de sus nalgas, que quedaban al descubierto cada vez que ella se ponía de pie.

Los otros dos hombres cruzaban miradas, al ver el desparpajo de aquella chica, aunque después de unos instantes, volvían a sus asuntos. Ellos también estaban acompañados por dos hermosas jóvenes vestidas decorosamente, aunque eso no impedía contemplar sus bellísimos cuerpos. Las tres jóvenes estaban perfectamente maquilladas, las pestañas postizas enmarcaban sus hermosos ojos y exhibían también sus cabellos perfectamente alisados.

Mientras el público esperaba la salida de Sergio Vargas, en el lugar rodaban videos de reguetón, mezclados con música popular.

Habían pasado varias horas y el licor comenzó a hacer de las suyas. La chica de los pantalones inquietos, comenzó a bailar reguetón sobre las piernas de su acompañante. Poco a poco se acercaba más y más con su contoneo, mientras el hombre enloquecía frente a todo lo que estaba pasando. Ella recostaba su trasero en la entrepierna del sujeto, y él la asía con fuerza para atraerla a su cuerpo: una danza más que erótica… ¡era sexo con ropa!

Después de unos cuantos reguetones, la chica se calmó, tomó asiento y bebió con intensidad. Entre tanto, el hombre frotaba sin parar la mano izquierda contra su propia pierna, en un gesto de desesperación y ansiedad.

Al mismo tiempo, los otros hombres bailaban con sus jóvenes parejas, mientras libaban de las botellas de fino licor que estaban dispuestas en la mesa. Ellos se interesaban en las chicas, las escuchaban con atención, mientras les respondían cada vez más cerca del oído.

Ya en la madrugada, cuando Sergio Vargas salió al escenario, el acompañante de la mujer con los pantalones «juguetones» le dijo algo al oído y en medio de la primera canción del dominicano, aseguró que la chica tenía sueño. Presurosa, ella agarró su cartera y su acompañante la tomó de la mano y desaparecieron en medio de la noche.

Mientras tanto, en la mesa, todavía estaban los dos hombres añosos y las dos jóvenes. Ellas bailaban al tiempo, cruzaban sonrisas con sus compañeros y, al menor descuido, ellas conversaban con la mirada, con un gesto que reflejaba obligación antes que gusto.

Justo a la mitad del concierto, los dos hombres conversaron brevemente y se dijeron que ambas mujeres tenían sueño. Uno de ellos, el más delgado y con escaso cabello, le indicó a su acompañante que era el momento de partir y ella, de inmediato, casi como un resorte, se incorporó y con un gesto que no era precisamente de agrado, se despidió de su compañera.

Después de finalizada la presentación de Sergio Vargas, la última pareja se fue del lugar, él adelante y ella, tomada de la mano, siguiendo a su compañero.

Así funciona un aspecto de la prostitución en Medellín, el de las mujeres jóvenes que son contratadas para acompañar a uno o varios sujetos ansiosos de una noche de rejuvenecimiento, en compañía de hermosas mujeres dispuestas a obtener miles de pesos ofreciendo sus cuerpos bien cuidados, con sonrisas impostadas y placeres que no son.  

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