La reunión entre el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, cerró con gestos de cordialidad pública, pero dejó abiertas varias incógnitas sobre el alcance real del encuentro y sus efectos en la relación bilateral. Entre ellas, la situación personal del mandatario colombiano frente a las autoridades estadounidenses, su estatus migratorio y sus sanciones administrativas.
De acuerdo con fuentes diplomáticas consultadas por distintos medios en Washington, tras el encuentro no se produjo ningún anuncio oficial sobre cambios en eventuales medidas restrictivas ni sobre la situación del presidente colombiano ante organismos estadounidenses. En ese contexto, Petro continuaría, según versiones extraoficiales, bajo revisión por parte de agencias norteamericanas, sin que exista confirmación pública de su exclusión o permanencia en listas administrativas como las que gestiona la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
La Casa Blanca no ha emitido un comunicado detallado sobre el contenido de la conversación entre ambos mandatarios. Sin embargo, la portavoz presidencial, Karoline Leavitt, informó que se divulgará una transcripción oficial del encuentro, lo que permitiría esclarecer los temas tratados directamente por Trump y Petro en la reunión principal, celebrada en dependencias del ala sur de la Casa Blanca.
Una visita marcada por la cautela
La visita de Petro a Washington estuvo rodeada de un fuerte hermetismo. El presidente colombiano ingresó y dalió de la Casa Blanca por una zona de acceso restringido alternativo, una puerta trasera del ala sur y no por la puerta principal; y no ofreció declaraciones extensas al término del encuentro. De acuerdo con fuentes cercanas a la delegación, la agenda formal se concentró en asuntos de interés binacional, como cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico, migración y estabilidad regional, y no tuvo espacio para solicitudes personales.
En paralelo, miembros del equipo colombiano sostuvieron reuniones técnicas con funcionarios estadounidenses. En esos espacios, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, habría presentado informes sobre los resultados del Gobierno colombiano en materia de seguridad y combate a economías ilegales. Estos documentos, según las mismas fuentes, buscarían responder a cuestionamientos que sectores del Gobierno estadounidense han formulado sobre la política de seguridad de Colombia. Sánchez habría apoyado la teoría de Petro de que las autoridades norteamericanas han estado más informadas.
Petro estuvo acompañado por la canciller Rosa Villavicencio, el embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García-Peña, y otros altos funcionarios. Trump por su parte estuvo acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio y el congresista colomboamerocano, Bernie Moreno. Los funcionarios de la comitiva colombiana, también participaron en algunos encuentros a puerta cerrada con temas que seguramente generarán compromisos y que por el momento se desconocen. Entre los encuentros se señala algunos con el secretario de Estado, Marco Rubio y otros técnicos del pido 7 de ala oeste de la Casa Blanca.
El tema de la visa y las versiones sobre sanciones
Uno de los puntos que más atención ha generado es el estatus migratorio del presidente colombiano. Fuentes diplomáticas indican que Petro pudo realizar la visita gracias a un permiso especial de carácter limitado, similar a un salvoconducto diplomático, o visa temporal que restringe tiempos y áreas de desplazamiento. No existe, hasta el momento, confirmación oficial de la restitución de una visa regular para el mandatario o para otros miembros de su círculo cercano.
Tampoco se ha confirmado de manera oficial que Petro haya sido sacado de las listas de sanciones personales tras la visita. La OFAC, entidad encargada de administrar sanciones financieras de Estados Unidos, no suele pronunciarse públicamente sobre casos individuales. Por ello, cualquier afirmación sobre el retiro de Petro en la “lista Clinton” se mantiene en el terreno de versiones políticas y filtraciones, no de comunicados oficiales.
Lo que sí es claro es que, antes de la reunión, el tono entre ambos presidentes había sido tenso. Trump había cuestionado en distintos escenarios la política de seguridad del Gobierno colombiano y su enfoque frente a grupos armados ilegales y al narcotráfico. Petro, por su parte, había respondido con críticas públicas desde sus redes sociales, lo que elevó el nivel de confrontación diplomática.
Un giro en el tono y señales de distensión
En los días previos al encuentro, se evidenció un cambio en el discurso del presidente colombiano. Petro redujo sus críticas públicas y optó por un tono más conciliador, mientras que desde Washington se enviaron señales de disposición al diálogo. Un día antes de la reunión, Trump reconoció públicamente ese giro, interpretado por analistas como un intento de desescalar tensiones y evitar una crisis mayor en la relación bilateral.
Fuentes oficiales describieron la reunión como “cordial y respetuosa”. Testigos del encuentro señalaron que Petro mantuvo una actitud prudente y enfocada en los temas de cooperación, mientras que Trump se mostró receptivo, aunque firme en sus posiciones sobre seguridad regional y control de drogas.
Lo que queda por aclarar
A pesar del encuentro, persisten interrogantes clave. No se conocen compromisos concretos asumidos por Colombia ni eventuales exigencias planteadas por Estados Unidos, aunque se sabe que sí se plantearon y se deberían conocer en los próximos días, bien con anuncios o con acciones. Tampoco se ha informado si habrá cambios en la cooperación militar, en los programas de asistencia o en la política antidrogas conjunta. Lo que sí se espera, es un tono menos agresivo en declaraciones mutuas.
La eventual publicación de la transcripción oficial permitirá determinar si en la conversación directa se abordaron asuntos sensibles más allá de la agenda bilateral. Entretanto, los contactos a puerta cerrada entre delegaciones técnicas siguen siendo objeto de seguimiento por parte de analistas y del propio Congreso estadounidense.
Por ahora, el balance inmediato es de distensión, pero no de resolución. Petro regresará a Colombia sin anuncios concretos sobre su situación personal en Estados Unidos, mientras la Casa Blanca mantiene silencio sobre cualquier decisión administrativa, aunque sí subrayará la cordialidad de la reunión como muestra de una “buena relación” binacional.
En ese escenario, la relación entre Bogotá y Washington entra en una fase de cautela, marcada por el diálogo, pero también por la persistencia de dudas que solo se despejarán con hechos y pronunciamientos oficiales en las próximas semanas.





