Aunque el calendario climático indica que entre diciembre y marzo la región andina de Colombia atraviesa su temporada seca, este inicio de año ha sido atípico para Antioquia y Medellín. Desde finales de 2025, las lluvias han sido constantes, generando inquietud entre ciudadanos y sectores productivos que esperaban un periodo más estable. La explicación, según expertos, está en la persistencia del fenómeno de La Niña.
Fredy López, profesor de la Facultad de Ingenierías de la Universidad de Medellín y especialista en temas ambientales, explicó que a comienzos de diciembre se registró un enfriamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico. “Cuando la temperatura del Pacífico desciende por debajo del promedio, se configura el fenómeno de La Niña, que en Colombia se manifiesta principalmente con un aumento de las lluvias”, señaló el académico.
De acuerdo con el análisis del experto, La Niña que actualmente incide sobre el país se ha mantenido con una intensidad débil a moderada. Esto ha provocado precipitaciones frecuentes, suelos saturados y alta humedad, sin llegar, por ahora, a los niveles extremos observados en otros episodios del fenómeno que han causado inundaciones severas y daños en infraestructura.
“Estamos viendo lluvias constantes, pero no desbordamientos generalizados ni afectaciones mayores como en otros años. Aun así, el impacto se siente en la vida diaria de las personas”, indicó López. Las condiciones actuales han generado dificultades en la movilidad, aumento de la humedad en zonas urbanas y cambios en las dinámicas rurales.
Según el experto, el fenómeno de La Niña se encuentra en una fase de debilitamiento. Las mediciones más recientes muestran que el océano Pacífico comienza a recuperar temperaturas cercanas a la normalidad, por lo que se espera que entre febrero y marzo este evento climático desaparezca. No obstante, advirtió que las lluvias podrían continuar durante lo que resta de enero y parte del primer trimestre del año.
En cuanto a los efectos sobre el sector productivo, López alertó que actividades como la agricultura, la ganadería lechera y la porcicultura podrían verse afectadas por el exceso de agua, especialmente por la saturación de suelos y las dificultades sanitarias asociadas a la humedad.
El panorama a mediano plazo también genera atención. Las proyecciones climáticas indican una probabilidad media de que el fenómeno de El Niño se forme entre marzo y abril, con mayor definición hacia junio. “Todo apunta a que podría ser un evento fuerte, lo que implicaría sequías, riesgos de incendios forestales, impactos en cultivos y un deterioro de la calidad del aire”, concluyó López.
Así, Antioquia enfrenta un año marcado por contrastes climáticos, en el que la transición entre La Niña y un posible El Niño exigirá atención permanente de autoridades, productores y ciudadanía.




