“El plan implacable de Trump que amenaza a Delcy, Padrino y Diosdado”, es un programa de YouTube en el que Casto Ocando periodista venezolano en el exilio, describió la transición de la tiranía a la libertad en Venezuela.
Según Ocando, el manejo del petróleo venezolano cambió de rumbo: dejará de enriquecer al chavismo y pasará a ser administrado por Estados Unidos (que ya pusieron en venta 50 millones de barriles que estaban inmovilizados por sanciones en depósitos y buques costeros más de 2.000 millones de dólares).
Una reunión presidida por el presidente Trump con ejecutivos de las principales compañías petroleras estadounidenses como ExxonMobil, Chevron y Conoco Phillips, confirmó lo dicho por Ocando: se anunció la inversión de 100 mil millones de dólares en la reconstrucción de la infraestructura petrolera de Venezuela. Ese capital, íntegramente privado, revitalizará la industria derruida del país y elevará la producción a niveles récord.
Las ventas del crudo se harán en subastas abiertas, a precios internacionales, eliminando las rebajas descomunales que el chavismo otorgaba a China y los obsequios a Cuba. Los fondos se consignarán en cuentas públicas en bancos estadounidenses no en criptocuentas opacas de PDVSA, de Delcy Rodríguez ni de su entorno.
Estos ingresos rápidos reconstruirán a Venezuela y revitalizarán sectores clave, sin más desvíos masivos como ocurrió con los 300 mil millones de dólares perdidos en acuerdos internacionales corruptos a través de PDVSA, o el tráfico de 113 toneladas de oro a Suiza entre 2013 y 2016 valoradas en 5.200 millones de dólares.
Las compras de alimentos, equipos para recuperar hospitales, repuestos para plantas eléctricas y reactivación de la industria minera se realizarán en Estados Unidos. Se estabilizará el dólar, aumentarán sueldos y pensiones, y se creará empleo masivo. La minería en Guayana será reconstruida bajo control legítimo. Iraníes y cubanos, están siendo expulsados y se restituirán los pasaportes a la venezolanos para que entren y salgan libremente del país.
Es la insólita revolución política desatada tras la captura de Maduro: Estados Unidos pone entre la espada y la pared a los políticos y militares derrocados del chavismo, obligándolos a ejecutar el programa que anunció el secretario de Estado Marco Rubio:
1) estabilización (control del petróleo y prevención del caos.
2) recuperación (acceso de empresas occidentales, amnistías, liberación de presos políticos y retorno de exiliados).
3) transición a la democracia (reconstrucción institucional y elecciones libres).
Según Ocando, el régimen de Delcy, cumple o perece. Se somete a las órdenes de Estados Unidos instrucciones diarias vía llamadas telefónicas y mensajeros, más reapertura de la embajada o corre la misma suerte que Maduro, a quien ya casi ni se menciona en comunicados oficiales.
La captura de Maduro no solo simbolizó el fin de una era de impunidad, sino que envió un mensaje claro: Delcy Rodríguez y sus ministros actúan con una daga al cuello. Deben cumplir con medidas en beneficio de Venezuela y la humanidad, o sufrirán el mismo destino que su predecesor. También Diosdado Cabello y Vladimir Padrino deben cooperar o enfrentarán una “extracción militar”.
No es negociación voluntaria, sino imposición. El incumplimiento desencadenaría nuevas “operaciones quirúrgicas”. La “interdicción”, según el Código Civil de Andrés Bello, priva al incapaz de la administración de sus bienes para evitar que destruya su patrimonio. Delcy Rodríguez es una interdicta: no tendrá control autónomo sobre los recursos nacionales especialmente el petróleo.
No encabeza un gobierno soberano, sino uno tutelado, donde las decisiones clave responden a directrices externas orientadas a rescatar la riqueza venezolana. Ya comenzó la liberación gradual de disidentes, torturados durante años bajo acusaciones fabricadas. El Helicoide centro de tortura de opositores está siendo desmantelado: oficinas vaciadas, traslados en marcha y cierre inminente.
No es gesto de gracia del régimen, sino exigencia de Washington: un primer paso concreto hacia la libertad de los venezolanos. Que los comunistas del mundo rabien, griten y pataleen contra el “imperialismo”. Las cosas serán así. Si no les gusta, ahí les quedan Cuba, Nicaragua y Corea del Norte como refugios para vivir su adorada “dictadura del proletariado”.
Los comunistas y su «antiimperialismo» están en bancarrota. Dos muestras:
1. Una encuesta realizada por Áltica Research entre el 3 y 4 de enero de 2026 en nueve países de América Latina, informó que la opinión pública regional respalda la detención de Maduro, con niveles particularmente elevados en Chile (78 %), Colombia (77 %) y Perú (76 %).
2. El presidente Petro, todo meloso, cambió el ‘tonito’. Ya no es: ¡Trump, venga y póngala como quiera!, sino ¡Trump, yo voy y le explico!




