viernes, marzo 28, 2025
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(OPINIÓN) “Universidad de Medellín: 75 Años de Ciencia y Libertad”. Por: senador Nicolás Albeiro Echeverry Alvarán

Personería rendición cuentas

La Universidad de Medellín, mi casa espiritual del rigor académico y la de tantos colegas y amigos que nos formamos con esfuerzo y sacrificio allí. Estudié mi pregrado, mi especialización. Aprendí a soñar con la grandeza de ser un profesional íntegro y capaz, formado en la filosofía del servicio y el deber ser a plenitud. Cómo olvidar a extraordinarios maestros, excelsos y generosos todos, de quienes me sé los nombres y llevo en mi corazón y cuya lista me veo obligado a omitir por la brevedad de estos párrafos. Todos ellos, doctos, pulcros, impecables, autocríticos y rebeldes, pero siempre docentes y juristas enamorados de su profesión, quienes nos contagiaron de principios y conocimientos inclinados al derecho penal, en lo que muy pocos egresados se han equivocado.

Las responsabilidades asumidas en el sector público y privado han sido destacadas y admiradas permanentemente, prestando un servicio admirable en altos cargos. Y quienes escogieron ir por las sendas de la rama judicial, son muchos los honores y la admiración; operadores no solo de las leyes, sino de la justicia y la verdad. A todos ellos, mi agradecimiento y admiración.

A mis compañeros, cómo olvidarlos. Esas caras de hombres y mujeres, la mayoría de estratos humildes mezclados entre sí, unos con más, otros con menos, pero todos enamorados de la vida. Hijos de padres y madres de clase media que, con esfuerzo y sacrificio, emprendimos esa búsqueda de conocimientos que nos hicieran más y mejores personas. Madrugábamos, estudiábamos, trabajábamos, trasnochábamos y entre sí nos animábamos al sabor de un buen café o una buena cerveza en el que llamábamos bloque 11, siempre buscando crecer y profesionalizarnos para dar lo mejor de nosotros.

Adquirí una cultura para acometer razonable y responsablemente  el mundo en muchas de sus dimensiones: lo social, lo económico,  lo antropológico, lo estético, lo ético, en fin, y cuando recuerdo las cosas buenas y decentes de la vida, mis pensamientos regresan a esta mi casa de estudios  y todos, profesores, egresados y autoridades administrativas, nos vemos remando en el río del progreso en la misma dirección, porque las instituciones tienen la virtud y la vocación de permanecer más allá de nuestro limitado tiempo.  A pesar de que hay errores, son más los aciertos.

En alusión a su heroica fundación, siempre aparece su destacado lema: “Ciencia y Libertad”, que condensa un espíritu de transformación de la sociedad antioqueña de mediados del siglo pasado. El impulso de que, en nombre de la razón, podemos dominar la técnica y cuidar al ser humano, y el grito liberador de ser, sin arbitrarios condicionamientos estatales o educativos.

El interés sobre esta amada universidad y de cómo somos reconocidos sus egresados, se nota en la seriedad y compromiso con que asumimos los retos en diferentes sectores de la sociedad, como en el empresarial, de servicios o en el público, que es en donde me he desempeñado, siempre jalonando la administración pública hacia la solución de los innumerables y, a veces, graves problemas sociales.

Nuevos retos deberá enfrentar la Universidad de Medellín, como, entre otros, la reconstrucción de los servicios educativos, de investigación, de adaptación a nuevas realidades tecnológicas como la inteligencia artificial, y de asesoría a empresas y al sector público. De fallarse, la Universidad de Medellín perderá la influencia que hasta el día de hoy ha logrado en la sociedad y en el mundo académico, con la directriz “Ciencia y Libertad”, y con ello, el estatus de ser una de las mejores universidades del país.

La búsqueda por cautivar jóvenes deseosos de aprender es otra tarea de la Universidad; y ello debe lograrse con una estrategia coherente para establecer un concepto de progreso a través de la educación y la investigación, sin desatender la eficiencia administrativa de la institución.

Como todos los seres, nacemos, nos reproducimos y morimos, pero en las instituciones no. Aunque nacemos y nos reproducimos, la vida institucional y el legado histórico, egresados y las buenas ejecutorias impiden que sucesos de poco agrado y mala recordación acaben con la vida institucional.

Es por eso que he llamado a romper el silencio de todos los amigos egresados, para que digamos presente y mostremos lo mejor de cada uno, gracias a nuestra formación académica y responsabilidades adquiridas. De quienes somos buen ejemplo, para que recordemos cómo la Universidad de Medellín nos ayudó a trazar el camino del progreso y la libertad, que en la ciencia se apoyó para brillar y orientar a nuestra sociedad.

Cuando un joven decida ingresar a la amada UdeM, lo haga convencido de que tomó la mejor decisión y encuentre ya un camino marcado por el que trasegamos y le sirva para abrir nuevas sendas de Ciencia y Libertad.

Claro que hay errores y sucesos desagradables que debemos corregir sin vacilación, pero ese 99 por ciento bueno no podemos ignorarlo, opacarlo y olvidarlo.

Desempolvemos nuestra actividad y conexión. La universidad hoy más que nunca nos necesita, algo que jamás debimos olvidar: decir presente. Venga, que la universidad se siente muy orgullosa del funcionario, del magistrado, del litigante, del ser humano que por sus aulas pasó y añora como ejemplo y tesón.

Que no se olviden, además, los buenos ratos literarios de El Cocuyo, los sancochos, el kiosco, el concurso de oratoria, el foro, el consultorio, los Jaramillo, los papá Vieira, los J. Guillermo Escobar, Quincy, Rubén, Choco-Chévere, Carlos Palacio, Jesús María Berdugo, Marta, Iván, y muchos otros que nos dieron su savia nutricia de saberes pertinentes  que, todos con sus actos, nos enseñaron que la UdeM era Ciencia y Libertad.

Atrás malos recuerdos, que sea la justicia la que los juzgue. Adelante la esperanza y los buenos ejemplos. Eres tú uno de ellos. Ven y cuéntanos, esboza la vanidad de ser un gran profesional UdeM.

PAUTA MEDELLIN ORGULLO INTERSITIAL

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