Uno de los mayores placeres de la vida es el trabajo. Hacer una labor, desde el mantenimiento del hogar, hasta una labor de mayor impacto social con herramientas, maquinaria, PC, desde un hospital hasta una cárcel, desde un deporte hasta el control y vigilancia de las fuerzas armadas y de policía, desde un taller hasta una empresa grande, desde el estudio hasta la investigación, desde enseñar hasta aprender cada día.
Es un privilegio que a uno le paguen por hacer una labor, desde el cemento hasta los rascacielos, las vías y puentes, desde la peluquería hasta los gimnasios.
Una persona distribuye su tiempo, el hogar, el trabajo, el descanso, la recreación y cada día superar retos físicos, mentales, intelectuales, económicos.
Los logros personales y comunitarios lo llenan a uno de alegría, las dificultades lo llenan de energía y la búsqueda de soluciones le dan una inmensa satisfacción.
A mí me encanta trabajar ¿y a ti? Y si además nos pagan por hacerlo, es excelente.
Ya está en uno mismo valorar su intelecto, su saber, su tiempo y lo más importante su crecimiento personal.