sábado, marzo 29, 2025
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(OPINIÓN) Petro perdió las calles. Por: María Clara Posada

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Así se lo debería haber recordado el martes a Gustavo, cualquiera que le manifieste algo de cariño.

Sin tener pruebas, pero tampoco dudas estoy segura de algo: no pasó. El temor a las represalias de un megalómano insaciable o el apetito de simpatía que se tranza por burocracia y contratos, debe superar el instinto de honestidad.

En un Gobierno que asumió como sello la construcción de narrativas de engaño, el 18 de marzo, Gustavo copó las calles en lo que su mesnada llama una “Marcha Histórica”.  Y sí, fue histórica. No porque miles de colombianos hayan salido, cosa que es innegable. Tampoco por los $360 millones de dólares que según el presidente de Fenalco, Jaime Cabal, el país dejó de producir por el caprichoso día cívico. Menos aún, por lo que nos costó a los contribuyentes movilizar a los marchantes con buses, tamales, subsidios a la minga y convenios con entidades públicas para la logística.

No. La marcha fue histórica porque, aunque se empeñen muy a su estilo en negarlo, el país fue testigo de que Gustavo perdió su respaldo orgánico en las calles y de que hoy su convocatoria, solo es posible invirtiendo cuantiosísimos recursos del Estado. Dicho de otra forma, las marchas pagas fueron masivas -de eso no hay duda-, pero el apoyo popular genuino se marchitó y un Gustavo desesperado, lo sabe.

Ayer, todos observamos en la Plaza de Bolívar a un caudillo descontrolado. Un delirante que es consciente de que el único cartucho que le queda frente a una popularidad en decadencia es inocular una rebelión violenta contra el Estado de Derecho, que ahora llama Consulta Popular. (Una cruzada paradójica toda vez que, aunque realmente es contra la nefasta gestión de su mismo gobierno, culpabiliza -en diatriba refrita- a la oligarquía y a los sucesos transcurridos en 200 años de Historia Republicana).  

Su retórica a favor de los menos favorecidos es una farsa y ayer se evidenció. Se aprovecha de ella para combustionar la rabia y el resentimiento que necesita para el caos que, materializado, sirve a sus deseos íntimos de perpetuarse en el poder. Ninguna solución dio Gustavo a los problemas del pueblo que él exacerbó y que insiste en engañar. Su llamado fue a incendiar las calles.

Subsumido en referencias incomprensibles a mariposas amarillas, a Jesús y a la borrachera que impide ver a Bolívar, su clamor fue por la violencia porque sabe que hoy no tiene otra forma de mantenerse. Con referencias como “Pastoras que prefieren el dinero” (minuto 7:35), “Ya ellos no son seres humanos” (9:37), “El pueblo debe rebelarse” (9:54), “Alcalduchos pisoteando la Constitución” (12:20), “Alcalde Galán, no humille al pueblo” (15:12) “Al Congreso de Colombia hay que sacarlo de ahí” (18:22), “Ya salieron los dueños del dinero, los que matan y asesinan, a gritar contra la consulta popular” (22:27), “Hijos de papi y mami que se burlan de la señora que madruga a las 4” (24:13). “Tenemos Sangre de Rebelión y aquí hay unos senadores pegándole a la negra, a la señora que les ofrece los tintos” (26:26). “Si los senadores no obedecen al pueblo, el pueblo los sacará del Congreso” (28:54) “No estoy hablando carreta, los que fuimos del M19 no aprendimos a hablar carreta” (29:20) “Las mariposas amarillas anuncian revolución” (30:27); el discurso que pronunció quien se autopercibe como el último Aureliano -por cierto pésimo referente para un líder- estuvo cargado de deshumanizaciones y señalamientos peligrosos a quienes lo enfrentaron en Derecho, así como de amenazas expresas al sistema constitucional.

En la más benevolente de las apreciaciones, su verborrea cargada de resentimiento e irresponsabilidad incita a la rebelión o a la sedición -conductas tipificadas penalmente en los Artículos 467 y 468 del Código Penal- de las que todo el país debería estar hablando. Desesperado, nos advierte que o cedemos a la consulta popular o incendiará el país.

Como dijo ayer Santiago Ángel en la FM, parece que el Presidente quisiera que algo grave pasara. Que las multitudes se desaten. Pero algo cambió: Petro perdió las calles y nosotros perdimos el miedo. Lo enfrentaremos como haya que enfrentarlo.

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