Una cosa es ser vulgar, chafarote, desagradable. Eso ya lo conocemos. Pero lo de hoy es otra categoría: MISERIA MORAL. Porque una cosa es hablar de “prevención” desde el poder. Y otra, infinitamente más baja, es insinuar culpa sobre una mamá que perdió a su hijo. Eso no es “política pública”. Eso no es “reflexión”. Eso no es “liderazgo”. ESO ESO ES RASTRERO.
Cuando un Presidente usa una tragedia para repartir culpas hacia abajo, hacia una madre, hacia una familia, hacia el ciudadano, lo que está haciendo es exactamente lo que siempre hace el cobarde: ESCONDER SU PROPIA RESPONSABILIDAD DETRÁS DEL DOLOR AJENO.
La hemofilia no se “arregla” con una frasecita sobre bicicletas. Un niño no muere por una metáfora. Un niño muere cuando el Estado falla, cuando el sistema no cuida, cuando la ruta no funciona, cuando la atención llega tarde, CUANDO EL DISCURSO REEMPLAZA LA GESTIÓN. Y ahí es donde se ve todo: LA PODREDUMBRE DEL PODER. Petro no solo no asume. Encima se atreve a juzgar.
Encima se atreve a sugerir. Encima se atreve a moralizar. Eso es lo más bajo: el que manda señalando con el dedo a los que ya están destruidos. ¿Y el ministro de Salud? No es ni siquiera un contradictor. No es ni siquiera un funcionario con peso. Es un apéndice. Un adorno.
UN ACCESORIO DE LA INHUMANIDAD. Un “Ministro” que existe para justificar lo injustificable y para sostener el cinismo del jefe. Nada más. Lo de hoy no fue un desliz. Fue una radiografía.
Porque cuando alguien llega al punto de culpar a una madre en duelo, ya no estamos ante un gobernante equivocado: ESTAMOS ANTE UN HOMBRE MISERABLE. Y sí: Petro es una basura moral cuando se comporta así.
No por lo que opine. POR LO QUE SE ATREVE A HACER CON EL DOLOR DE OTROS. Hay dolores que obligan al silencio. Y hay dolores que obligan a la decencia. Petro eligió lo contrario. COLOMBIA NO MERECE ESTE NIVEL DE BAJEZA EN LA CASA DE NARIÑO.






