Existe una gran incertidumbre a nivel nacional sobre la suerte inmediata de nuestro país. Desde las regiones más apartadas y necesitadas hasta las ciudades más pobladas, pasando por las poblaciones intermedias y pequeñas donde ronda una gran inquietud sobre la estabilidad económica, la seguridad, el trabajo y el progreso.
Colombia ha sido una nación con enormes problemas desde su fundación como República: la violencia, el antagonismo social a causa de la injusticia, aun los esfuerzos hechos por gobiernos anteriores, el surgimiento del narcotráfico impulsor de grupos criminales tanto de mafias custodias de su negocio, hasta la transición de ejércitos guerrilleros otrora bastiones revolucionarios adalides de causas sociales con motivaciones ideológicas, hoy convertidos en bandidos narcotraficantes al servicio de los grandes carteles internacionales de la droga.
Todo lo anterior mientras el pueblo sufre la carestía de la vida, la falta de ingresos, el desempleo y los empresarios el incremento desmesurado de los costos laborales, así como la amenaza de la delincuencia y falta de protección. Todo este cuadro, al que se le pueden agregar muchas cosas más, como la corrupción política y del gobierno especialmente, el abandono a las zonas marginadas y el gran desprestigio internacional, hace de Colombia un país en crisis que no se sabe para dónde va.
Ante todo este cuadro, nos aproximamos a las elecciones parlamentarias, consultas presidenciales en pocos días, y en tan solo tres meses a la elección del nuevo presidente o presidenta, no existe certeza alguna de cuál será la suerte a correr a tan solo 120 días del nuevo camino. De estas próximas elecciones depende mucho la suerte presente y futura de la nación, puesto que existen dos tendencias radicalmente opuestas por acceder al poder. Indudablemente en Colombia hay una polarización: derecha e izquierda.
La derecha propende por un país democrático, con orden, seguridad, libertad económica, progreso, valores de familia y sociedad; mientras la izquierda propone dependencia del Estado, engrandecimiento del gasto público en contrataciones, un sistema de gobierno pesado y burocrático, míseros subsidios, connivencia con los grupos ilegales y permanencia indefinida en el poder. También se habla de un centro, que a decir verdad no es nada, son gobiernos tibios, débiles y pusilánimes, pero de verdad no hay candidato con posibilidades reales de acceder al poder bajo esta figura.
Ahora entrando en materia y candidatos, la verdad que se percibe es que la izquierda con el continuador del petrismo Iván Cepeda, goza de una alta favorabilidad con bases sólidas, dinero y apoyo de gobierno entre otros aspectos más como las presiones de los grupos ilegales en muchos sectores del país para favorecer a su candidato. Hay algunos otros candidatos de izquierda inscritos, pero que electoralmente no representan nada.
Por el lado de la derecha se presentaron un abanico de aspirantes, algunos ya han declinado al observar la realidad de las encuestas, otros se agruparon para participar en la consulta, pero la realidad política muestra solo dos posibilidades que son: de una parte la senadora Paloma Valencia candidata del partido Centro Democrático y discípula del expresidente Álvaro Uribe, quien seguramente ganará la consulta y posteriormente participará en la primera vuelta electoral, con amplias posibilidades de pasar a la segunda ronda.
En ese orden de ideas, el candidato outsider Abelardo de La Espriella, quien encabeza gran parte de las encuestas y ha alcanzado un gran apoyo político y popular, tiene a su vez la posibilidad de pasar a la segunda vuelta representando a la derecha. Ahora, es indudable que Iván Cepeda candidato de la izquierda va a pasar a la segunda ronda y ahí es donde se juega la suerte de los colombianos, o bien se continua con este nefasto gobierno dejando ganar a Cepeda que puede ser peor que el actual o damos un salto positivo hacia la derecha que ofrece garantías de progreso y bienestar, que puede ser Paloma o Abelardo nuestro nuevo mandatario, pero también debemos saber elegir bien el Congreso que lo acompañe. ¡Hagamos todo para que nuestro país salga adelante!






