Reactivar el Ferrocarril de Antioquia es unir la historia con el futuro. Y a quienes somos principiantes en estos temas nos gusta recrear episodios que han marcado hitos fundacionales de esta tierra montañera, durante siglos encerrada entre arrugas de cordilleras que la aislaron de Colombia y del mundo.
Hay pueblos cuya historia no se escribe con tinta, sino con piedra, acero y voluntad. Antioquia es uno de ellos. En su larga marcha por salir del encierro de las montañas, su historia ha sido forjada por hombres excepcionales que, como héroes de una epopeya, desafiaron la geografía, el abandono y la resignación.
Recordemos al oidor Mon y Velarde, a finales del siglo XVIII, cuando afirmó ante la Corona: “…esta provincia, la más atrasada del reino, algún día será la más próspera…”. Claro! No faltaba sino comunicarse con el río Magdalena para llegar al Caribe y al mundo; proyectarse hacia el mar de Urabá, por el centro-oriente unos y por el occidente otros. Y, por supuesto, alcanzar la autonomía fiscal, política y administrativa.
Antioquia tiene el deber histórico, frente a un centralismo voraz, de estudiar el período de su vida institucional como Estado soberano entre 1856 y 1886, etapa clave para consolidar la premonición del oidor colonial sobre la prosperidad de esta tierra. Fue en ese tiempo de autonomía integral cuando Antioquia comenzó a perfilarse con claridad en el horizonte nacional.
Desde esa visión autonómica nacen las grandes gestas del siglo XIX. Pedro Justo Berrío impulsa el proyecto del Puente de Occidente concebido durante su gobierno y construido décadas después, entre 1887 y 1895 como el primer acto de rebeldía contra la geografía, sin interferencia del centralismo.
No era solo un puente: era un desafío lanzado al abismo en busca del Darién. Luego, en 1874, promueve la llegada del ingeniero Francisco Javier Cisneros, iniciando la construcción del Ferrocarril de Antioquia, una obra titánica que comenzó a tender rieles desde el Magdalena hacia el corazón montañoso del departamento, con el propósito de propiciar el intercambio de mercancías con el mundo y alcanzar el Caribe, nuevamente sin tutela centralista. Pasaron más de cien años.
Los rieles se oxidaron, los sueños se archivaron y un centralismo asfixiante volvió a cerrar las puertas que tanto costó abrir. Pero la historia, como los viejos cantares épicos, regresa cuando encuentra nuevos héroes.
En 2024, Andrés Julián Rendón asume la Gobernación de Antioquia (2024–2027) y recoge una antorcha que muchos creían extinguida. Enfrenta enemigos distintos, pero igualmente duros: la indiferencia del poder central, la burocracia inmóvil, el abandono de las regiones, el odio a Antioquia por parte de su propio Presidente y la ideología por encima de la gerencia pública.
Aun así, decide avanzar. Entre 2024 y 2025, Antioquia, bajo su liderazgo, asume con recursos propios el ramo faltante del Túnel del Toyo Guillermo Gaviria Echeverri, una obra iniciada en 2018 que atraviesa la montaña como los héroes atraviesan la noche.
La vía al mar por el Toyo no es solo cemento y asfalto: es la continuidad del mismo grito que lanzó Berrío en el siglo XIX con el Puente de Occidente, el del sabio ingeniero José María Villa. Antioquia no se resigna al encierro. Y, en un gesto que convierte la historia en un círculo perfecto, en 2025 la Asamblea Departamental aprueba los recursos para reactivar el Ferrocarril de Antioquia. No como una reliquia, sino como un proyecto estratégico de futuro.
Rendón no revive el pasado: lo convoca para que camine de nuevo. Prioriza el ferrocarril metropolitano entre Bello y Barbosa, interpretando las nuevas realidades urbanas, con el fin de mejorar la movilidad y descongestionar el valle encerrado entre montañas. Avanza así una inversión superior a los 1,7 billones de pesos, con un horizonte de ejecución que se extiende hasta mediados del siglo, orientada a reducir tiempos de desplazamiento, optimizar costos logísticos y consolidar a Antioquia como un nodo estratégico de conectividad en Colombia, rescatando el Ferrocarril de Antioquia que iniciara Berrio y terminara en el puerto del Magdalena hacia el Atlantico y Amagá hacia el Pacífico.
Pedro Justo Berrío fue el héroe que abrió la montaña con martillo y visión entre 1864 y 1873. Andrés Julián Rendón es el líder que se negó a dejar que esa herida cicatrizara en el olvido entre 2024 y 2027. Uno inició la marcha cuando no había caminos; el otro la retoma cuando muchos habían renunciado a seguir.
Separados por un siglo y medio, pero unidos por la misma audacia, ambos pertenecen a una estirpe rara: la de los hombres que no gobiernan para su mandato, sino para la historia. Antioquia avanza hacia el mar porque ellos entendieron que los pueblos no cumplen su destino esperando, sino caminando, perforando, tendiendo puentes y rieles contra toda dificultad.
Ellos comprendieron que las vías no dividen los territorios, sino que los conectan. Hoy, 31 de enero de 2026, Puerto Antioquia irrumpe plenamente en los océanos para comunicarnos con el mundo. Así, Antioquia sigue marchando hacia el mar y hacia el mundo, llevando consigo al país entero, no como quien huye, sino como quien cumple su destino. Esta no es solo una comparación. Es una epopeya en dos actos. Y aún no ha terminado.






