jueves, enero 1, 2026
InicioOpiniónCésar Bedoya(OPINIÓN) La trampa del borrón y cuenta nueva. Por: César Bedoya

(OPINIÓN) La trampa del borrón y cuenta nueva. Por: César Bedoya

A medida que las luces de diciembre comienzan a parpadear anunciando el final de este 2025, nos invaden una narrativa casi obligatoria: la urgencia de «cerrar ciclos». Nos han vendido la idea de que cerrar una etapa es un acto de limpieza quirúrgica, una especie de purga digital donde bloquear contactos, quemar fotografías o vaciar chats equivale a sanar. Sin embargo, la existencia humana no posee una papelera de reciclaje. Por más que intentemos vaciar el historial, la vida no se elimina; la vida se integra, se queda pegada a la piel y se convierte en el relieve de nuestra propia identidad.

Esa prisa por el «reset» emocional es, en el fondo, una forma sutil de violencia contra nosotros mismos. En el afán de estrenar metas, hábitos y versiones impecables de nuestra personalidad, solemos cometer el error de querer asesinar a la versión anterior de nosotros. Pero no se puede construir un futuro sólido sobre el desprecio del pasado. No puedes negar a quien fuiste mientras simplemente intentabas sobrevivir con las pocas herramientas que tenías a mano. Aquel que fuiste no era un error, era un proceso en plena construcción.

Es fácil mirar hacia atrás desde la comodidad de nuestra conciencia actual, hoy que quizás tenemos más fe, más información o más madurez. Sin embargo, es profundamente injusto juzgar a nuestro «yo» de ayer con la sabiduría de hoy. En aquel momento hiciste lo que sabías, lo que podías, lo que tu capacidad de amar y de dolerte te permitía. Cerrar un ciclo no es un decreto de amnesia selectiva ni un cínico «aquí no pasó nada». Al contrario, requiere el valor heroico de decir: «aquí pasó mucho, aquí me rompí, aquí me equivoqué, pero aquí también amé con lo que tenía».

Si vivimos despreciando nuestras versiones pasadas, nos condenamos a una guerra civil interna perpetua. No hay paz posible en una casa donde se odia a los cimientos que la sostienen. El cambio de año no debería ser una invitación al olvido, sino una convocatoria a la misericordia propia. Al mirarnos al espejo, es probable que no todo lo que veamos nos resulte estético o agradable; Habrá cicatrices de decisiones mal tomadas y ojeras de noches perdidas en batallas estériles. Pero es precisamente esa imagen, con todas sus luces y sombras, la que merece ser abrazada.

Cerrar un ciclo, entonces, es dejar de pelear con la evidencia. Es comprender que cada error fue un maestro riguroso y que cada dolor fue el molde de nuestra resiliencia actual. El verdadero cierre ocurre cuando puedes mirar hacia atrás sin que el pasado te atrape, cuando el recuerdo deja de ser una celda para convertirse en un mapa. No se trata de borrar la versión de ti que sufrió, sino de reconciliarte con ella para que deje de doler en el presente.

Mi invitación para este cierre de 2025 no es a que busques «otra vida» ni a que te conviertas en un extraño para ti mismo bajo el disfraz de los propósitos de enero. Te invito a reordenarte, no a borrarte. La verdadera dignidad humana consiste en habitar la vida que ya tienes, con sus fallas, sus grietas y sus errores, reconociendo que cada uno de esos fragmentos es parte de un tejido único. No necesitas una página en blanco si todavía no has aprendido a leer lo que escribiste en la anterior.

Que este final de año nos encuentre más conscientes y menos apresurados. No permitas que tu recuerdo te gobierne ni que te diga quién debes ser mañana, pero tampoco le cierres la puerta en la cara. Deja, sencillamente, que el recuerdo te eduque. Porque al final del día, la meta no es llegar intactos al futuro, sino llegar completos, habiendo integrado cada una de nuestras versiones en el corazón.

ÚLTIMAS NOTICIAS